

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Si había en la ciudad de Buenos Aires sitios que se comportaran como férreos reductos pro Nalbandian en la hora cumbre del cordobés de Unquillo, ésos eran el Club Sirio Libanés y la Asociación de Deportes Racionales. En el búnker de Villa Urquiza, donde da clases de tenis su hermano Javier, este y varios alumnos tenían previsto seguir, caja boba mediante, lo que David intentaba en Londres frente a Goliat Hewitt; en Palermo, unos cuantos consocios del rubio veinteañero se congregaron temprano con la esperanza de poder cantar las mañanitas del rey David según los dictados de los rayos catódicos.
"¡No sabés lo que es! Un pibe bárbaro, un chico muy humilde", era la respuesta promedio cuando se pedía una referencia del finalista. Es que así como un padre ama a su criatura, la Asociación quiere a David como a un hijo adoptivo. Cosa que, de hecho, es Nalbandian, porque Deportes Racionales es su domicilio tenístico en Buenos Aires.
Apremiada en sus fronteras por las vías del Mitre, el Vilas Racquet Club y la calle Valentín Alsina, la Asociación se ubica frente a otra icónica entidad, el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Y Nalbandian conoce más que bien su hectárea y pico, sus 12 canchas de polvo de ladrillo -en las que se formó Enrique Caviglia-, su piscina, su gimnasio, su cancha de fútbol 4, su frontón. Los frecuenta cada vez que se entrena en esta capital, con compañeros que también portan apellidos-mojones en el tenis nacional: Franco y Pier Squillari, Gabriel Markus (hoy, su entrenador) y Luis Lobo.
Y en otro de sus ambientes habituales, el comedor, se juntaron las caras de todas los días para ver al dueño de una de esas mismas caras de siempre, pero luchando por algo grande a miles de kilómetros, en el lugar más célebre del tenis mundial. Más modesto que el All England, pero no menos pasional, Deportes Racionales fue concentrando gente, cafés e ilusiones ante los televisores. Las imágenes, contundentes en el primer set, empezaron a ser desengaño de sueños, pero no retacearon apoyo. Lo contrario: cada vez venían más socios, aunque el turno de cancha un domingo fuera un bien escaso por la gran demanda.
Uno de los aparatos sumaba más de 30 adeptos cuando el bueno de la pantalla más fuerza le hacía al inquebrantable malo australiano. El 2-2 en el segundo parcial, con quiebre de saque, despertó con ritmo sostenido gritos, golpes a las mesas, palmas. "¡Vamos ahora!", se desató la pasión mezclada con una fe creciente. "¿Y vos creés que voy a estar en la cancha a las 12? Nooo; me quedo viendo esto", dijo una señora con entusiasmo juvenil, burlándose de su turno reservado para la pista 1.
La lluvia londinense, tan esencial en Wimbledon como su césped, envió a la mujer al court apenas un rato después, como a muchos otros. Era el momento ideal para conocer algo más del campeón junior del US Open ´98 y el club que lo cobija fuera de Unquillo. "No viene a practicar y nada más. Es un socio integrado al resto. También juega a las cartas, al ajedrez...", relataba Oscar Escribano, un vitalicio de 63 años.
El cortado con el que invitó venía con una reseña de los orígenes de la Asociación, por el lejano 1922. Y mientras uno se enteraba de que con "deportes racionales" se referían a las disciplinas que no conllevaban contacto físico (o sea, no agresivas), volvían los actores de blanco. Y con ellos, los socios, ninguno de la edad de Nalbandian -de hecho, casi todos bien podrían haber sido padres del cordobés-, pero con tanto aprecio por él que parecían amigos suyos de adolescencia.
El 1-6, 3-6 y 2-6 era un triste hecho cuando un sostenido aplauso reconoció el gran Wimbledon del que de todos modos era el rey David. "Como era previsible, ganó el mejor. Pero la actuación de David nos sorprendió a todos, porque cuando lo conocimos y lo tomó Gabriel Markus, David estaba debajo del puesto N° 300. Desde entonces fue in crescendo hasta este resultado, que es histórico para el tenis argentino y un orgullo para nuestra institución", resumió Mario Alvarez, otro vitalicio, de 59 años.
Franco Squillari había sido semifinalista en Roland Garros 2000. Y ahora, por primera vez, un debutante en Wimbledon era subcampeón. Con una buena parte de Deportes Racionales en el mérito y en el corazón del héroe. El hijo adoptivo fue motivo de orgullo, y, al fin y al cabo hijo pródigo por unas semanas, tendrá su gran bienvenida en su casa porteña. La merece.

