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Está entonado en una cruzada. Su opinión es siempre discutible, lo sabe y le encanta. Pero el polemista que el 5 del próximo mes cumplirá 60 años se sustenta en el cariño por ese juego que le devuelve la mirada de chico, la charla se vuelve íntima y deja atrás el laberinto profesional. Entonces, César Luis Menotti se permite más emociones puras que las generadas por acaloradas discusiones de café. Porque frente a un hombre que ve la oscuridad de su ambiente se necesita saber qué lo mantiene en ese lugar. Por eso, la pregunta básica: ¿qué lo entusiasma?
"La pelota. Entre la pelota y yo existe una relación tan fuerte que la considero parte de mi cuerpo. Entro en una cancha y veo la pelota parada ahí..., me dan ganas de patearla, de llevármela. Sí, me siento bien cuando estoy en una cancha, es un lugar de creación, donde siempre hay algo por inventar. Soñé al fútbol como un taller donde artesanos y artistas se juntan para armar una obra que se verá un domingo, siempre me conmoví con esa figura. Yo laburo como lo hago porque veo al fútbol de esa manera", comenta y afloja el discurso y la mirada.
"Piso la cancha y me olvido del entorno del fútbol. Veo a los jugadores y ni de mi familia me acuerdo. Sólo pienso en la pelota, en el partido. Si es bueno, disfruto como loco; si es malo, sufro; si defienden una idea soy feliz aunque pierda, me voy triste, sí, pero soy feliz porque puedo decir que algo de eso era mío." La voz ya no es altisonante, habla desde el alma en confesión: "Me gusta que alguien en la platea diga, sin saberlo, parece que a este equipo lo dirige Menotti . Esa es mi mayor satisfacción".
¿Técnico o futbolista? El tiempo no le da opción, pero él elige desde el corazón: "Yo me siento un jugador de fútbol. Juego en mi casa con el perro, soy un enfermo del fútbol.Me parece el juego más apasionante, lleno de misterios, que no termina de aprenderse porque no es algo lineal, es como una partida de póquer, otra cosa que me atrae muchísimo. Jugué a casi todos los deportes, menos al rugby. Me divertía con el basquetbol o con el tenis, pero nada me atrapó como el fútbol. Yo nací en una cancha y no es una metáfora, porque con hacer un hueco en el fondo de mi casa en Rosario me metía en el campito. Me gusta demasiado el fútbol, porque mientras la pelota sea redonda el fútbol no podrá controlarse, aunque algunos quieran hacerlo..."
Por un momento arremete de nuevo con la anécdota: "Pensar que no me invitaron a la inauguración del predio de la AFA. Pero si es mío y eso sí lo afirmo, porque con los jugadores del 78 recaudamos la plata para hacerlo. Le dimos más de un millón de dólares y todas las ideas. ¡Ah!, cómo extraño a dirigentes con h... como Paulino Niembro y David Bracutto, con tipos así se podían hacer cambios...".
Regresa con cuestionamientos lanzados como perdigonadas sin blanco asignado: "Estamos mal, estamos mal en todos lados. Dicen que hay que esperar por el modelo... Yo puedo esperar, pero que vayan a decirle de frente a los inundados que esperen. Desvirtúan todo. Hoy aparece esa grosería metida en los medios y me da vergüenza. Ya no me interesa el nivel de vida, me importa más que destrozaron la calidad de vida, le roban a la gente la música, el teatro, todo es una agresión a la cultura, a la inteligencia, al crecimiento de los jóvenes. Con el vocabulario de hoy se piensan que son graciosos, vivos. Pero gracioso era Biondi, no estos malos payasos que tienen acceso a la TV. Pensar que lo mataban a Olmedo por hacer algunos gestos con la mano..."
Toma el encendedor prestado y enciende la despedida: "Yo hablo porque quiero a este juego. Yo tengo mucho que aprender todavía sobre fútbol. Yo no tengo un presidente para poner en la AFA, no tengo candidatos para la selección. Soy yo, el fútbol, mi vida, mi gente, es lo que quiero y digo lo que siento. Esto no significa que tenga razón, pero es lo que pienso".

