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POTRERO DE LOS FUNES, San Luis.- De pronto, la ráfaga de felicidad se volvió brisa amable en la vida de Veselin Topalov, el gran maestro búlgaro de 30 años, el nuevo rey del ajedrez; desde anteayer, proclamado en el 18° campeón mundial de la FIDE, tras la conquista del certamen realizado en San Luis.
Con asombrosa tranquilidad, Topy, como lo bautizaron sus colegas y los aficionados, que eligió el ajedrez como salvoconducto para gambetear el modo de vida de su tierra natal - donde vivía junto a sus abuelos, padres y un hermano-, ensayó un breve balance sobre la elección de su vida como ajedrecista profesional.
"Trabajé siempre para estar entre los mejores sin lamentar lo que he perdido; he tenido una vida interesante, con viajes, el conocimiento de otros idiomas y culturas. Si me hubiera quedado en mi país viviría como cualquier otro trabajador que por ocho horas diarias percibe 200 dólares mensuales. Comparado con ello, creo que el ajedrez me cambió la vida", dice sonriente Topalov, que desde hace diez años vive en España, tras una estada breve en Canarias, fijó residencia en Salamanca desde 1998.
Con algunas muestras de cansancio mientras se pasea por los salones del hotel Potrero de los Funes, el búlgaro, campeón mundial invicto -el tercero en la historia, detrás de Steinitz y Lasker-, se detiene frente a la mesa de la partida disputada entre Capablanca y Alekhine en Buenos Aires, en 1927.
Luego dice sentirse sorprendido del afecto recibido de la gente, es que desde la medianoche de jueves que está dando reportajes; su manager, el búlgaro Silvio Danailov, lo acompaña y le marca el orden de la atención a la prensa. Y el campeón ejecuta los movimientos.
"No fui educado para triunfar, me enseñaron a ganar y a saber perder porque en mis comienzos Kasparov y Karpov parecían de otro planeta; afortunadamente conformé un buen equipo de trabajo, tengo sponsor, manager, analista y en algún momento trabajé con un psicólogo. No todos tienen un grupo de gente como el mío a su lado", reflexiona con orgullo y sin abandonar el bajo perfil, una constante en la personalidad del N° 3 del mundo, ex campeón mundial Sub 14, en Puerto Rico, en 1990 y ex subcampeón Sub 16, en Singapur, 1991.
Enseguida agrega: "La semana próxima viajaré a Salamanca y desde allí iré a Bulgaria; me encontraré con mi hermano Alejandro, que trabaja en la Aduana, y después estaré con el presidente de mi país, Georgi Parvanov. La empresa telefónica Mtel, que auspicia mi carrera, se encargará de los actos; ojalá que sean cautelosos con los festejos, porque ya sé que querrán designarme deportista del año y esas cosas".
Topalov, como un gran maestro, un título que obtuvo a los 17 años, se adelanta a la jugada y prevé que los políticos se acercarán y serán solidarios en la risa."El ajedrez es algo limpio; da prestigio tener un campeón mundial. Yo tengo un buen apoyo de mi país, sería interesante que no sólo las figuras de elite lo tuvieran", señala con el habitual candor de sus reflexiones.
Sobre el final, Topalov anuncia que no hará como otros campeones, que se ocuparon de hacer política. "Sólo me dedicaré a jugar ajedrez y, aunque no me gusta escribir, quiero publicar una autobiografía de mi vida con el ajedrez. Creo que será interesante", dijo el nuevo rey.
Tal vez allí refloten las historias de sus comienzos con el juego a orillas del Danubio, de su llegada a España, de sus primeras victorias ante Kasparov, Karpov, Kramnik y Anand; de su vida en Canarias y Salamanca y de cómo una vez en la Argentina vivió el día más feliz de su vida. La noche que, a su paso, oyó por primera vez, un seco "Felicitaciones, campeón". Acaso, un recuerdo imborrable.

