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RAFAELA.- Todo fue lamentable. Descuido, infortunio, inconsciencia, irresponsabilidad, ineptitud. Adjetivos que se repetirán o alternarán mientras se mencione el penoso accidente ocurrido anteayer, en el que, tras ser embestido por el Ford Falcon de Diego Ponte, el reportero gráfico Roberto Abarza falleció en el autódromo de esta ciudad, mientras se desarrollaba la sexta fecha del campeonato de Turismo Carretera.
Todo fue lamentable. En principio, la muerte de un trabajador que no hacía otra cosa que ganarse la vida en un acontecimiento que despierta pasiones, que reúne multitudes, que distrae a la gente como cualquier espectáculo deportivo.
La posición de Abarza no era la mejor. Muy cerca de la pista, el fotógrafo se arriesgó en una zona demasiado comprometida, buscando quizás una óptima toma. Pero por alguno de los adjetivos anteriormente mencionados, el Ford de Ponte se despistó a 200 km/h y lo embistió.
Sólo se cumplía la primera de las 21 vueltas de la carrera cuando se desencadenó la tragedia en el autódromo. Los responsables del cuerpo médico de la Unidad de Soporte y Atención Inicial del Trauma trabajaron en el lugar, hasta que Abarza fue trasladado al Hospital Regional Jaime Ferré, donde arribó ya fallecido.
Abarza, de 32 años, realizaba coberturas para la revista Cronometrando, una publicación gratuita que se distribuye en los autódromos donde compite el TurismoCarretera.
Todo fue lamentable. Nadie se conmovió por el hecho. Acababa de morir una persona en el autódromo y el auto de seguridad dio rienda suelta al vértigo otra vez a los protagonistas que disputaban una simple carrera. Pan y circo. Como si nada hubiese ocurrido. El accidente apenas privó de cuatro vueltas de velocidad pura. La multitud volvió a rugir. Los motores volvieron a acelerar.
Más allá de la absoluta responsabilidad del reportero gráfico. ¿Dónde estaban los controles del Turismo Carretera para impedir la posición equívoca de la víctima? ¿Dónde estaba la previsión de los organizadores de la carrera y de los máximos responsables de la Asociación Corredores de Turismo Carretera (ACTC) para impedir la delirante invasión del público durante todo el fin de semana? Todo fue lamentable. Más de 20.000 personas presenciaron una seguidilla de milagros. Ante la caótica situación de la invasión de los espectadores, por milagro no se sucedieron más accidentes. Una constante que no es patrimonio exclusivo de los dirigentes rafaelinos, que mucho trabajaron para mejorar las medidas de seguridad desde la muerte de Raúl Petrich, el piloto de Venado Tuerto, ocurrida hace dos años tras un golpe contra un guardrail.
El sistema que se utiliza en el automovilismo argentino no ayuda a controlar los circuitos. Todas las credenciales otorgadas por la mayoría de las categorías son luego cambiadas por pulseritas, que no hacen otra cosa que anular las acreditaciones pertinentes e iguala a todos, sin importar las funciones. No es lo mismo un fotógrafo que un dirigente. O un invitado que un piloto. Cada uno debe ocupar su lugar. Aunque pedir esto en medio del caos es casi una utopía.
Todo fue lamentable. ¿A nadie se le ocurrió detener la actividad tras el accidente? ¿Cuál es el verdadero valor de la vida? ¿Por qué no sorprende la muerte? ¿Por qué ya no conmueve? Para los familiares y amigos de Abarza, el dolor es irreparable. Para el resto, la cruel posición indiferente ante la pérdida de un ser humano. No es otra cosa que sensibilidad, algo tan poco valorado y que tan bien haría en épocas de salvajismo y desconsideración.


