Tras la maratón de Rosario, un nuevo horizonte en la vida de Lucas Bagaloni

Lucas Bagaloni y un triunfo soñado en la Maratón de Rosario 2015
Lucas Bagaloni y un triunfo soñado en la Maratón de Rosario 2015 Crédito: rosario3.com
Luego de su triunfo en la ciudad rosarina, el atleta marplatense está enfocado en su nuevo objetivo: correr los emblemáticos 42,195 km de Nueva York, donde aspira a bajar su mejor marca personal
Jorge Blanco
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19 de julio de 2015  • 01:20

El calendario marca 12 de octubre de 2014. Mariano Mastromarino acaba de ganar el maratón de Buenos Aires , una prueba que les era esquiva a los argentinos desde que Oscar Cortínez se coronara en 2004. Después de cruzar la meta y saludar a su mujer y su hija, el Colo se funde en un abrazo de puños con un joven que, del otro lado del cerco perimetral puesto por la organización, le sonríe con los dientes apretados y un gesto que, en las cámaras, puede leerse: "¡Vos podías!". Ese joven marplatense, que cumplirá 25 años el próximo 14 de diciembre, es Lucas Bagaloni, compañero de Mastromarino y un corredor de fondo que se abre paso a fuerza de su contracción al trabajo. Esa imagen resume el cruce de dos generaciones, que casualmente tienen un mismo mentor: Leonardo Malgor. Pero además, habla del espíritu de equipo y la amistad de dos de los más rápidos atletas del fondo argentino. Uno, ya consagrado y en pleno proceso olímpico (el 25 de julio, Mastromarino correrá los 42km de Toronto, en los Juegos Panamericanos). El otro, con todo por hacer y el cuidado necesario para repetir la sana historia del Colorado de Mar del Plata. Lucas Bagaloni, que viene de ganar el prestigioso maratón de Rosario en junio de éste año , y que cuenta con un palmarés de cronos y puestos clasificatorios dignos de un corredor laureado, es símbolo de una serie de sucesos, pero sobre todo es la garantía de que, sin importar la edad en que comience, un atleta dedicado y tenaz puede llegar a donde se lo proponga. Sus premonitorios 24 años, inmediatamente lo ponen en un comienzo privilegiado, ya que la edad promedio de madurez en un maratonista, suele estar cerca de los 30.

La escuela de Lucas, menor de cuatro hermanos, tiene un maestro principal y es Malgor, aunque la influencia de sus hermanos lo llevó a hacer escuela rápidamente. Si Leo le imprimió la mística de sus entrenamientos, la sapiencia en sus metodologías y la mentalidad ganadora, el ejemplo de Luis Bagaloni le enseñó que sí se podía. Los resultados no tardaron en llegar, aunque Lucas se obstina en creer que lo que hizo aún no cumplió sus expectativas. ¿Mente de campeón? Tal vez.

Debutó con 3h14m en 2011, a los pocos meses de empezar a entrenar, mientras que a los tres meses, en el maratón de Buenos Aires, corrió en 2h55m. En 2014, también en Rosario, rebajó su personal best a 2h34m, una marca por la que cualquier corredor con aspiraciones de grandeza daría lo que fuere y más por conseguirla. El 28 de junio de 2015, Bagaloni no sólo ganó la prueba del maratón de Rosario, además mejoró seis minutos (2h28m42s), un registro que lo pone entre los mejores maratonistas del país, y que ilusiona a futuro. El presente de Bagaloni acompaña la lógica de un proceso que tuvo su capítulo de gloria anticipada el 12 de abril de éste año, cuando ganó la Media de B’aires con 1h11m. En junio, durante la We Run Bue 2015, pasados tres cuartos de la Lucas sintió un tirón y decidió aflojar para no romperse. Veinte días después tenía su gran cita con la gloria, en Rosario. La inteligente elección, mezcla de escuchar a su cuerpo y establecer prioridades, lo pinta como atleta. Templanza y perseverancia, cualidades imprescindibles para un maratonista.

Para el maratón de Rosario, afirma que se preparó durante aproximadamente cuatro meses, con carreras a corto plazo para estar motivado y ver la evolución que tenía durante en ese tiempo. Más cerca estaba del objetivo principal, el entrenamiento era cada vez más serio, al igual que el descanso y la alimentación.

Lucas Bagaloni, en plena maratón
Lucas Bagaloni, en plena maratón Crédito: triamax.com

Corredor empedernido desde hace cuatro años, Lucas cuenta que "salía a correr periódicamente, sólo trotaba, hacía casi siempre el mismo recorrido, todo muy monótono". Su incursión en el grupo de Malgor ocurrió al mismo tiempo. "Luis siempre -explica- me decía que lo acompañara al grupo, que me iba a gustar. Me gustaba jugar al fútbol con amigos, aunque también había practicado deportes como rugby. Pero nada en serio. Nunca le hice caso, hasta que un día accedí. A las pocas semanas estaba debutando en maratón. Hasta hoy, no he parado de correr ni pienso hacerlo." En total, corrió seis maratones (4 en Rosario, 1 en Mar del Plata y 1 en Buenos Aires). Reconoce que si ve una foto de esa carrera se da cuenta que su cuerpo ha cambiado mucho desde entonces. Además de corredor, dice orgulloso que está en el último año de Ingeniería Industrial en la Universidad de Mar del Plata. "Por suerte pude hacer los cinco años de corrido. Sólo me resta el trabajo final", señala.

Sobre su plan de entrenamiento junto a Malgor, Lucas afirma que "en una semana específica cerca de un objetivo lo normal es hacer 200 km. Cuando la carrera se encuentra a largo plazo sigo haciendo doble turno todos los días menos fines de semana, pero por supuesto con menor volumen". La frecuencia de entrenamiento lo pone a un nivel de exigencias de elite en el maratón, aunque la responsabilidad también es otra. Admite que descargar antes de una carrera o descansar, le parece raro pero es lo lógico. "Sigo al dedillo lo que me dice Leo. Trato de ser muy prolijo. Con esa receta, la de Leo, mejoré muchísimo", comenta.

La consulta sobre cómo logra transpolar tantos kilómetros a su mente, se vuelve inevitable. La referencia a Malgor, nuevamente, también. Leonardo dice que "está todo inventado", y que gran parte de la responsabilidad es del atleta y las metas fijadas en su mente. "Uno entrena su cabeza para poder cumplir sus entrenamientos, que en muchos casos son duros o con condiciones igualmente duras. En cada entrenamiento, uno va ganando cierta fortaleza mental que lo va a ayudar el día de la carrera a sobrellevar el esfuerzo y poder cumplir con su objetivo. A quien no le pasa de poder hacer una pasada a cierto ritmo del cual dudaba si era capaz, o realizar un fondo largo a un ritmo constante, y al terminar darse cuenta que el esfuerzo del día a día no es en vano y que si uno entrena a consciencia los objetivos son posibles", dice sobre el espíritu mental.

- ¿Qué pensás cuando corrés? ¿Se piensa o se deja la mente en blanco?

- Pienso en cualquier cosa, con tal de que me ayude a hacer más llevadero el entrenamiento. Generalmente uno piensa en las carreras que se vienen, se imagina corriendo, o se pone a pensar en tiempos, ritmos, su planificación de entrenamiento... Desde eso hasta cosas del estudio, de la vida diaria, o incluso se me pega la última canción que escuché antes de entrenar y me pongo a cantarla en mi cabeza. La repito una y otra vez.

"Soy una persona muy metódica y me gusta tener todo organizado y planificado, que tiene muy buena conducta y se autoexige", dice. Semejante planificación, acaso, lo llevó a convertirse en uno de los jóvenes atletas que ameritan prestarles atención. No se siente un referente. "Para eso está Mariano [Mastromarino]", indica. De su camada, cree que los elegidos son Federico Bruno y Joaquín Arbe. Verdaderos talentos del atletismo argentino. Sangre nueva para un deporte que necesita cada vez más apoyo, pero que de igual modo se reinventa a través de corredores que tienen hambre para seguir adelante. Lucas sabe que está por detrás y no le molesta. No se siente menos. Al contrario, cree que sus rivales lo respetan y da toda la sensación de tener muy en claro su horizonte. En Rosario, Buenos Aires o Nueva York, donde correrá el próximo 1 de noviembre la mítica maratón de la Gran Manzana. Eso sí, no habrá un mejor lugar como el que ofrecen Sierras de los Padres y su querida Mar del Plata. Porque para él, todo empieza y se inicia allí.

Malgor, maestro de atletismo, maestro de la vida

"Con Leo tengo una relación doble ya que aparte de ser mi entrenador es mi cuñado (mi hermana, Lucia, acaba de ser madre de la hermosa Joan). Pero no mezclo las cosas, en mi casa y reuniones familiares es uno más y hay confianza", dice. Y agrega: "En la pista y lugares de entrenamiento lo respeto de igual forma que los demás. Él es una persona que tiene la palabra justa en el momento justo. Si tenés una duda, inquietud o incluso estas desmotivado por algo, en cuestión de palabras es capaz de hacerte cambiar. Eso influye mucho en el entrenamiento". No duda en definirlo como a un enorme motivador. "Creo que la motivación es la clave para seguir entrenando y llegar preparado a una carrera. Leo es un entrenador que te da la confianza que necesitas y está atento a todos los detalles, no deja pasar nada que esté a nuestro alcance. Sabe tratar con cada uno particularmente, nos conoce bien a todos, y creo que esta los resultados están a la vista. Tanto él como nosotros hacemos las cosas como se deben", cuenta.

Mi lugar en el mundo para correr

"La Laguna y Sierra de los Padres, a 12km de Mar del Plata", son los lugares donde Lucas Bagaloni desanda sus kilómetros. "El por qué, la superficie (tierra), los largos terrenos ondulados (desde 15 hasta 30 km) que desarrollan una fuerza y estado físico que no se consigue entrenando en llano, además de la geografía, uno se encuentra corriendo solo en medio de la naturaleza y lejos del ritmo y la contaminación de la ciudad. El fondo largo del domingo no lo hago en otro lugar que no sea acá, y durante la semana trato de ir unas 2 o 3 veces más", indica.

Objetivo en Nueva York

"A principio de año me dije a mí mismo que si lograba el objetivo en Rosario (bajar las 2h30m), iba a ir a Nueva York a pasear y disfrutar la carrera. Ahora cambié de opinión y voy a ir a buscar mejorar mi marca en maratón, a pesar de saber que no es un circuito rápido por sus subidas y clima, pero creo que para eso uno entrena y si se lo propone es capaz de lograrlo", explica.

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