Treinta años de amor: Leandro Romagnoli se retiró del fútbol y seguirá como manager en San Lorenzo

Leandro Romagnoli, en el bronce histórico del Ciclón
Leandro Romagnoli, en el bronce histórico del Ciclón
Fernando Vergara
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7 de junio de 2018  • 11:06

Pasaron 30 años desde que ese chiquilín de físico desgarbado, con piernas flacas y demasiada habilidad, deslumbró a todos en una prueba en San Lorenzo. Leandro Atilio Romagnoli llegó al club de la mano de su mamá, Rita. Sería el comienzo de un amor eterno que incluyó mil historias y que desde ayer tuvo un punto final adentro de la cancha, pero que tendrá continuidad con el ídolo azulgrana como manager de la institución.

El retiro de Romagnoli, el único jugador que estuvo presente en los tres títulos internacionales del Ciclón, era una chance concreta desde hace varias semanas, una vez que finalizaron su participación en la Superliga. El ex jugador había deslizado la posibilidad el 4 de mayo, cuando le tocó ingresar en la victoria sobre Belgrano por el torneo local. Anoche, el Pipi comunicó su decisión a través de una carta que publicó en su cuenta de Twitter. "Fueron más de 30 años, 20 como profesional, dedicados a jugar al deporte más lindo del mundo. Son muchos los recuerdos que me quedarán para siempre de esta hermosa carrera que tuve y la cual intenté hacer de la mejor manera". Su tarea, ahora, será ocupar el cargo de manager que dejó vacante Bernardo Romeo en el cierre de 2017. "Acepté el ofrecimiento de Matías Lammens. Asumo este nuevo desafío con la convicción de poder conseguir nuevos logros para el club que tanto amo", dijo el Pipi.

Leandro Romagnoli jugando contra Boca en 1999
Leandro Romagnoli jugando contra Boca en 1999 Fuente: Archivo - Crédito: Mariana Araujo

"Para mí ya era un ídolo desde antes de asumir la presidencia en San Lorenzo. Después, cuando vi cómo se manejaba, corroboré todo lo que él manifestaba públicamente. No era un detalle menor, sus actos se condecían con lo que él le expresaba a la gente. Con el correr de los años lamentablemente comprobé que eso no es común en el fútbol. Pipi siempre tiró para adelante y cuando no le tocaba jugar era el primero en ir a entrenar. Siempre primero en la fila para correr, siempre defendiendo a San Lorenzo. Un ídolo de verdad", explica Lammens a LA NACION.

Un enganche de los de antes, al que las rodillas lo desafiaron muchas veces y volvió otras tantas. De la camada talentosa de Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Andrés D’Alessandro, Daniel Montenegro y Federico Insúa. Formados en sus clubes, pero también desarrollados en las divisiones juveniles de la Argentina con José Pekerman y Hugo Tocalli. Un sello distintivo.

Romagnoli (17 de marzo de 1981) creció en Villa Soldati y respira barrio. "Jugaba de once, bien de wing, como mi papá, que también fue jugador", contó alguna vez el Pipi en relación a su infancia. En aquellos días, Juan Carlos Padra -uno de sus mejores amigos, que luego jugó en el Globo-, manejaba los hilos de Franja de Oro, en Nueva Pompeya. Su padre, Atilio Romagnoli, se calzó los colores de Huracán, el mismo equipo con el cual simpatizaban su tío, los amigos del barrio, sus primos. Todos los del entorno familiar, o casi. Pero el Pipi resultó inquebrantable. Por insistencia de su madre Rita, esa que lleva tatuada en el pecho desde hace años, su técnico lo llevó a probar a San Lorenzo.

Su camino en las inferiores fue más que exitoso y a los 17 años, el 13 de diciembre de 1998, hizo su presentación en la primera frente a Racing, bajo las órdenes de Oscar Ruggeri, el mismo que muchos años después lo acusó de simpatizar por el Globo, rival acérrimo del Ciclón.

-¡Romagnoli es hincha de Huracán!

Las infundadas palabras de Ruggeri golpearon en lo más profundo del corazón del mediocampista. Sin obligación ni necesidad, salió a aclarar por Twitter lo que todos ya sabían, ya sentían. "Para la gilada que habla, sepa que yo soy CUERVO", escribió en julio de 2013.

En días mundialistas y con el comienzo inminente de Rusia 2018, vale un ejemplo para graficar lo extensa de una trayectoria que los hinchas de San Lorenzo recordarán por siempre: cuando Romagnoli debutó en primera, el pequeño Lionel Messi venía de ganar un año antes la Copa de la Amistad de Perú con la "Máquina del 87" de Newell’s y todavía no se había probado en River.

Leandro Romagnoli deja la cancha en un partido contra Estudiantes en 2013
Leandro Romagnoli deja la cancha en un partido contra Estudiantes en 2013 Fuente: Reuters

Todavía hoy lo recuerdan los hinchas de San Lorenzo en sus primeros partidos en el Bajo Flores. A ese Romagnoli escurridizo, la camiseta holgada, el pantalón también grande, claritos en el pelo. En sus primeros años en Boedo, entre su debut y 2004, Pipi disputó más de 150 encuentros, conquistando el Clausura 2001, la Copa Mercosur 2001 y la Sudamericana 2002. Fue parte de un elenco inolvidable en ese título local de 2001: comandados por Manuel Pellegrini, deslumbraron y acumularon 47 puntos. En la primera Sudamericana recibió un elogio particular, ya concretado el 4-0 contra Atlético Nacional, en Medellín. "Hizo una jugada maradoniana", remarcó Rubén Darío Insua, el DT. El tercer tanto, uno de los mejores de la trayectoria de Romagnoli, formó parte del gran repertorio que exhibió a lo largo de sus 20 años como profesional. Inclusive, el propio protagonista lo eligió como el más bonito de su carrera. "Significaba mucho por el peso del partido, era una final. Tomé la pelota en el costado izquierdo, un compañero me la devolvió y corrí por la línea. Después me saqué a dos jugadores de encima, enganché para adentro y le pegué al arco. No fue un buen tiro pero terminó redondeando un lindo gol", explicó.

Con el Ciclón lo une una relación de 30 años. Inferiores, primera, después Europa, México, la vuelta a casa. También atesora entre sus mejores recuerdos el título en el Mundial Sub-20 de 2001 con una gran camada que incluyó a Maxi Rodríguez, Javier Saviola y D'Alessandro, entre otros.

Antes del gran sueño de la Copa Libertadores 2014, los azulgranas se salvaron de perder la categoría en 2012 al superar a Instituto, de Córdoba, en la tan temida promoción. Romagnoli fue clave en ambos partidos. Inclusive, los simpatizantes del Ciclón recuerdan una gran actuación suya en un cruce heroico que San Lorenzo le ganó a Newell’s 3-2 después de estar 0-2 en el marcador. Tiempos difíciles en los que el club peleaba permanentemente por salir de la zona de descenso directo.

En 2013 vivió otra situación particular cuando firmó un precontrato con Bahía Recife, que le adelantó un pago de 50 mil dólares. Sin embargo, tras la enorme consagración en territorio sudamericano al año siguiente, y con el Mundial de Clubes por delante, se arrepintió de su decisión y empezó las negociaciones para poder seguir en Boedo. La multa que pedía el club brasileño, pautada en el contrato, era de 500 mil dólares. Pero las negociaciones dieron sus frutos y la cifra se redujo a la mitad. San Lorenzo se hizo cargo de un porcentaje, mientras que el jugador afrontó el resto de la deuda. En ese mismo año, también, lloró cuando creyó que el Torneo Inicial resultaría su última conquista azulgrana a raíz de las malditas lesiones. Pero hubo tiempo para más.

En 2014, entonces, encontró el momento para ingresar en la historia grande. Sufrió y se desahogó como nunca con la ansiada Libertadores. El Ciclón se hizo fuerte en casa y logró levantar una copa internacional, la más importante en su historia. "Quería cumplir el sueño del hincha, el que tuve toda mi vida", expresó aquella vez con la copa en brazos.

Sus lágrimas en Marrakech, Marruecos, tras perder la final del Mundial de Clubes ante Real Madrid, fueron las de muchos hinchas del Ciclón. Ese día les escribió una carta: "Ya ganaremos este torneo".

Leandro Romagnoli sostiene la copa celebrando el campeonato en 2013
Leandro Romagnoli sostiene la copa celebrando el campeonato en 2013 Fuente: Reuters

En agosto de 2015, a los 34 años, el calvario de Romagnoli con las lesiones parecía interminable y pasó por el quirófano por quinta vez. Un dolor en la rodilla derecha lo tenía a maltraer. Tanto que el símbolo de San Lorenzo decidió operarse en una zona donde ya contaba con antecedentes quirúrgicos. Hasta ahí, en su carrera, el hábil volante ya había sido intervenido en cuatro ocasiones, dos de ligamentos y otras dos de meniscos. También superó una hernia y una fractura en el codo izquierdo. Las pasó todas, claro. Cuentan en las entrañas del club que cuando sufría sinovitis se sacaba jeringas con líquido de una rodilla con un solo fin: recuperarse lo antes posible para jugar al fútbol. Porque, agregan, como si hiciera falta: "Romagnoli amaba al fútbol". Ante las consultas permanentes acerca de su estado físico, Pipi nunca dejaba espacio para la duda: "Tengo ganas de jugar, la cancha sigue siendo mi lugar en el mundo".

Durante sus dos extensos períodos en la institución (el primero, entre 1998 y 2004 y el segundo, desde 2009 hasta hoy), Pipi disputó 396 partidos y convirtió 36 goles. Con los seis títulos logrados es junto a José Hipólito Fossa (la misma cantidad entre 1923 y 1933) el más ganador de la historia de Boedo. "Ahora esperamos que nos dé un gran manejo en el día a día con el plantel. Romagnoli ve muy bien el fútbol y podrá evaluar a los posibles refuerzos. Nos va a dar una mano muy grande y tiene un buen perfil para desarrollarse como manager", agrega Lammens.

Se fue Romagnoli. El jugador que con sus diabluras protegía la pelota como pocos. Rápido, hábil, encarador. El enganche con un enorme sentido de pertenencia. El que emocionó a todo Boedo cuando levantó la Libertadores, pero también cuando fue vital para escaparle al descenso en 2012. Como dicen en el club: "Adiós a los botines. Por siempre en San Lorenzo".

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