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Tardó en dormirse la isla de Puerto Rico. Costó encontrar descanso por unas horas y darle respiro a la imagen del héroe. No fue fácil ofrecerle una tregua a la celebración en las calles luego de la enorme victoria de su compatriota Félix Tito Trinidad. Allá en Las Vegas, nada menos. No importaron la controversia ni las discusiones por los números finales. Era tiempo de caravanas, banderas y gritos patriotas por las calles que horas antes estaban vacías. Una alegría que el país no tenía desde los tiempos de Héctor Macho Camacho.
Y todo gracias a Tito, repetían en la isla. A ese joven nacido en Cupey Alto, el 10 de febrero de 1976 y que ingresó en el mundo del boxeo a los 12 años. El responsable de esta elección fue su padre, Félix, campeón puertorriqueño de peso pluma, en 1979. Rápidamente, Félix hijo comenzó a demostrar sus virtudes en los certámenes amateurs: consiguió cinco medallas en los campeonatos nacionales de su país en diversas categorías y acumuló un récord de 51 victorias y 6 derrotas en el terreno no rentado.
Félix Juan Trinidad Soria -como reza en su documento- comenzó a ganarse la vida con los guantes el 10 de marzo de 1990, cuando noqueó en dos rounds a su compatriota Angel Romero, y cosechó una serie de cinco knock-outs consecutivos. Tres años más tarde, terminó con Maurice Blocker en dos asaltos y se quedó con el título welter de la Federación Internacional, siempre con su padre como entrenador y manager.
Antes de toparse con Oscar De La Hoya había realizado 14 defensas de su corona, noqueando a 12 de sus desafiantes. Sólo su compatriota Héctor Camacho y Pernell Whitaker llegaron a los 12 asaltos.
El padrinazgo del controvertido Don King también fue una constante en la carrera de Trinidad. Entre 1997 y 1998, sin embargo, el puertorriqueño no tuvo actividad por un problema con el extravertido empresario: Trinidad quiso cambiar y firmó un contrato con la empresa Main Events, pero un juez de Nueva York falló en favor de King. ¿El resultado? En noviembre del ´98 Tito acordó con el hombre del extraño peinado un convenio para realizar tres peleas cada doce meses durante cuatro años, a cambio de 42.900.000 dólares.
A partir de la polémica noche en el Mandalay Bay, Trinidad también se aseguró la corona del Consejo Mundial, que poseía De La Hoya, y más allá de un eventual desquite, se habla de ofertas para enfrentarse con Fernando Vargas y David Reid, las nuevas estrellas del peso superwelter.
Llegará hoy Trinidad con sus dos cinturones en las manos. Bajará del avión en San Juan de Puerto Rico y la caravana lo trasladará por toda la capital de la isla. Para ello, Gila María Calderón, alcaldesa de San Juan, les dio el día libre a los empleados municipales. Síntomas patrióticos de una victoria especial por tratarse de un vencido norteamericano. Es que el simbólico mensaje Paz para Vieques, que Trinidad exhibió en el sombrero de paja que usó camino al ring, representó un unánime pedido del gobierno puertorriqueño a los Estados Unidos: que retiren a sus fuerzas navales de la isla de Vieques, donde realizan actividades bélicas desde hace 50 años.
Después lo espera Cupey Alto. La ciudad donde vive con Sharon, su esposa -que dará a luz el año próximo- y su pequeña hija Ashley Nicole. El abrazo con Irma, su madre, llegará salpicado por algunas lágrimas; las del nuevo héroe de Puerto Rico.
