El jockey que ganó la carrera más importante una semana después del asesinato de un hermano

La emoción del jinete vencedor, en una tarde con muchos sentimientos encontrados
La emoción del jinete vencedor, en una tarde con muchos sentimientos encontrados Crédito: Gentileza El Observador
Carlos Delfino
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7 de enero de 2019  • 19:48

MONTEVIDEO.– Hace dos meses, Pablo Rodríguez había vencido con First Thing en el Nacional, su primer Grupo 1, y esa noche casi no pudo dormir. Lo confesó entonces y proyectó: "Te invita a soñar con el Ramírez". En la noche del 6 de enero, aquello se le hizo realidad al jockey uruguayo. Sobre el mismo potrillo brasileño y en otro final ajustado, atrapó la carrera más importante de su tierra, la que todos se desviven por ganar y él, de 23 años, nunca había corrido. Ahora lo hizo en un contexto de duelo por la muerte de Patricio, el mayor de sus cuatro hermanos, incluyendo tres mujeres, baleado tras una discusión callejera.

Un momento deportivo único, tras una fatalidad. Por eso el dedo índice de la mano derecha apuntando al cielo, la dedicatoria especial, y el llanto prolongado mientras aun cabalgaba en la arena y desde las tribunas bajaban los aplausos que Pablo Falero, el ídolo descompensado previo a la prueba, había dejado sin llevarse durante la tarde. "Apenas crucé el disco me acordé de mi hermano, lo más sano que había. No era fanático de las carreras. Trabajaba en una empresa de telefonía, pero me había dicho que iba a venir a verme", confiesa Rodríguez, con mucha entereza. Así estaba también en la vigilia. Entonces, Pablo González, entrenador de First Thing y su amigo, le dio la confianza de mantenerlo en la montura del caballo.

Que la victoria le de fuerzas y unos minutos de alegría
Pablo González, entrenador

Tras la conquista en el Ramírez, Rodríguez no tuvo tiempo de expresar en palabras lo que sentía. Unos minutos después de ganar estaba en la pista otra vez para competir en un handicap, una categoría más terrenal. Y volvió a festejar, en las riendas de Versátil, del mismo cuidador, ya con un desenlace más desahogado y bajo la lluvia. Las celebraciones se extendieron. Y otra vez durmió poco. "Estuvimos con la familia hasta las 3 en casa y a las 6.30 ya estaba yo en Las Piedras, con más ganas de trabajar que nunca", asegura el jinete a LA NACION, tras permitirse "unos pedazos de carne" en el almuerzo en el stud. "Aprovecho los días que quedan lejos del fin de semana y hay tiempo de perder peso si uno se va arriba, aunque estoy en 53 kilos. No me cuesta tanto en una actividad en la que el jockey pasa hambre y tiene que hacen grandes sacrificios", explica.

Rodríguez se crió en La Floresta, un barrio en Canelones. Hijo, nieto y sobrino de quienes despuntaron el gusto por competir, como ellos hizo base en las pencas, las que llaman carreras cortas por estos lados, pero superó esa barrera. Empezó a los 12 y pronto se lo tomó en serio. "Terminé la escuela primaria y me dediqué a los caballos. Era de lo que quería vivir, lo que me gustaba para mi futuro", asegura. Y ahí está hoy, viviendo "el sueño del pibe", como le llama al haber logrado el Ramírez.

El video de la carrera y los festejos

El video de la carrera y los festejos - Fuente: YouTube

13:57
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"A los 14 comencé a ir al sur de Brasil algunos fines de semana, además de seguir corriendo en el interior de Uruguay, y a los 18 tuve permiso para hacerlo en Las Piedras. La escuela de aprendices todavía no existía. Tuve que ganar 35 veces ahí para que me habiliten en Maroñas y me gradué a los dos años", repasa. En los principales hipódromos del país tuvo que reinventarse. "Estaba acostumbrado a las carreras cortas, sin desarrollo. Iba a lugares donde la pista era de tierra y estaba llena de hormigueros. Conocí lo que es el peligro y los cuidados que hay que tener."

Ya con 5 años compitiendo profesionalmente y 204 primeros puestos, su vida se asemeja a la que imaginó. Justo el día que los flashes apuntaban más que nunca a Falero –recibió el alta y, de vacaciones, lo esperan en Chile– porque iba a ser su último Ramírez, otro Pablo cruzó primero el disco. "En el escenario estaba a mi lado, se sintió algo mal y se pasó a un extremo. De golpe, se fue de cabeza por la escalera. Fue impactante, sobro todo porque era él. Después montamos y ya había que poner la cabeza en blanco", sostiene.

Una tarea doble en su caso. "Ganar el Ramírez no compensa el dolor de una muerte absurda, pero hay que seguir adelante. Mi hermano, que había nacido un 26 de junio como yo y me llevaba dos años, iba en moto y un chico del barrio con el que había discutido lo paró y lo baleó", relata. "Seguramente él empujo en el final desde el cielo para que yo ganara".

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