Triple Corona. En el festival de emociones, el coraje lo puso Village King

Village King (de rojo) contuvo a The Great Day en un gran final; por dentro quedaron Amiguito Ciro y San Onofre
Village King (de rojo) contuvo a The Great Day en un gran final; por dentro quedaron Amiguito Ciro y San Onofre Fuente: LA NACION - Crédito: Carlos Lares
En San Isidro, el potrillo ganó el Jockey Club por media cabeza sobre The Great Day, en una fecha con sensaciones de todo tipo
Carlos Delfino
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14 de octubre de 2017  • 23:59

Si existiera una estadística de los días que más gente se ha visto llorar de emoción en un hipódromo, el de ayer en San Isidro tendría un lugar de privilegio. Las sensaciones que entregó la corajuda victoria de Village King en el Gran Premio Jockey Club (G 1) fueron las más significativas en una tarde en la que los principales protagonistas exteriorizaron sentimientos muy profundos. El turf se alistó para otra fiesta, con la expectativa que cada año provoca la presencia del ganador de la Polla en la segunda instancia de la Triple Corona, y aunque The Great Day haya quedado a sólo media cabeza del triunfo y la posibilidad de seguir su camino a la gloria, no hubo margen para la desazón.

Apenas unos instantes habían pasado del fantástico final de la carrera y en la espera de la confirmación del ganador, los entrenadores del primero y el segundo se dieron un gran abrazo. Rivales por casi dos minutos por intermedio de sus caballos, no importó que Carlos Daniel Etchechoury, preparador de Village King, haya sido justamente el verdugo de su hermano Carly, que se ilusionó cuando su potrillo atropelló desde el fondo y parecía que pasaría de largo, pero se encontró con un adversario que no estaba dispuesto a dejarse vencer. “Resistió bien, puso el corazón”, graficó Dany, que este año sumó a su equipo de trabajo a otro de sus hermanos, Juan Javier. Con él también repitió la afectuosa imagen familiar.

Para el jockey Gonzalo Bellocq, el festejo con la garganta anudada, mordiéndose el labio inferior, representaba haber llevado a la realidad lo que soñó cada una de las 12 noches previas, desde que supo que correría al caballo. “Salí de la escuela hace cuatro años y son pocas las oportunidades que tuve de montar en grandes premios; creo que esta vez fue la tercera. Cuando se hizo el lugar en la recta y quedamos adelante de golpe, me preocupé, pero el caballo es muy guapo. Estos triunfos son los que te dan un empujón para tener más trabajo”, confesó a La Nacion. A los 25 años, ayer para él tuvo premio lo que no es visible al público: su sacrificio cada mañana, esperando la ocasión. Le llegó cuando se confirmó que iban a tener otra prioridad en el clásico dos colegas, entre ellos Pablo Falero, el mismo que se largó a llorar media hora antes, rodeado de su familia, cuando le entregaron una plaqueta por sus 9000 éxitos.

No fue el único jinete en romper en llanto ayer, delante de todos. Ya lo había hecho Gustavo Calvente, tras imponerse con el caballo Don Chullo en el Suipacha, el gran premio de los Usain Bolt de las carreras. “Quería ganar un Grupo 1 con él”, alcanzó a decir, señalando a Héctor, su padre, el cuidador, que logró en ese rol lo que no había podido en décadas como jockey. Pablo Sahagian, otro que cambió la fusta por la preparación (con grandes resultados seguido), festejó en el restante cotejo destacado, el San Isidro-Copa Melchor Posse, con Víctor Security, al que Pablo Carrizo le dibujó una arremetida demoledora.

Ahora, Bellocq tiene dos meses para soñar con el Pellegrini, que sería el próximo paso para Village King. “Le vamos a respetar la monta”, anticipó Carlos Felice, el dueño, cuando todos dudaban. Él también estaba viviendo una tarde inolvidable, a tres semanas de haber fallecido su hija Venecia, de 20 años. “Este Jockey Club fue la carrera más emotiva de todas las que corrieron mis caballos. En ese final tan ajustado, tuvimos a favor una lucecita en el cielo. Este triunfo está dedicado a la memoria de Venecia”, dijo. El turf entrega también señales divinas.

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