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PARIS.- El deporte, como la vida, tiene sus paradojas. En el mejor momento de su carrera y en el torneo soñado, Mariano Puerta empezó a perder el día que, según propia definición, jugó el gran partido de su vida. Fue el miércoles, cuando vapuleó al español Francisco Clavet, por la segunda rueda. En un movimiento, sintió un dolor en el aductor izquierdo, en los isquiotibiales. Ganó rápido y, tras ser revisado, recibió un diagnóstico falaz: "Es una pequeña contractura". Pasó el jueves en reposo, aplicándose hielo con intervalos de 30 minutos y sesiones de ultrasonido. El dolor persistía. Acaso el único error fue no haberse sometido a estudios certeros en esas 24 horas libres.
Ayer por la mañana seguía con dolor. En la entrada en calor, ensayó un saque y al caer con todo el peso de sus 75 kilos, notó que no era una contractura. Lo revisó el fisioterapeuta de la ATP para los Grand Slams, Bill Norris, que también desempeña esas funciones en el equipo de Copa Davis de los Estados Unidos. "Mariano, esto es más que una contractura. Advierto un desgarro fibrilar. No juegues. Puede ser peor", le dijo. Puerta respondió: "Quiero jugar", a lo que Norris remató: "Es tu decisión".
Antes de salir para la cancha, y desoyendo los consejos de su padre, Rubén, y de su coach, Pablo Martín, de no presentarse, Mariano se aflojó y lloró de impotencia. Sabía que no tenía ninguna posibilidad de vencer. Y también sabía que, visto el cuadro, ganar uno o dos partidos más, en el nivel que estaba, era probable. Idea que suscribimos. Salió al fin y dio lo que pudo. Se lamentó, pegó raquetazos al aire, pero también tiró algunos buenos golpes para dejar desairada a la nueva estrella del tenis español, Juan Carlos Ferrero (16º). "Así no voy a ningún lado. Si tengo la cabeza...", decía. La cabeza en la lesión, claro, mientras se retorcía de dolor en cada saque.
Pasaron 53 minutos inútiles hasta que le tendió la mano a Ferrero. Perdía por 6-2 y 3-2 cuando se despidió de Roland Garros en la tercera rueda. Una pena, sin duda, en un torneo que ya se devoró a muchos jugadores por lesiones y otros tantos que actuaron para cumplir (algunos ejemplos: Puerta, Gumy, Agassi, Ilie, Davenport, Ríos, Mantilla, Cañas, Dementieva, Browne, Zuluaga).
"Quise jugar, pese a que arriesgaba mucho. Podía quedar un largo tiempo parado si la lesión se agravaba. Y después no quería largar. No me gusta abandonar y menos perder. Podía llegar más lejos y había tenido una temporada bárbara, aunque tal vez muy larga y desgastante (37 partidos; 27 victorias y 10 derrotas). Pero sé que esta mufa que tengo ahora, y toda la amargura, aunque me golpeó mucho saber que no iba a ganar en semejante estado, se me va a pasar mañana. Soy realista: en febrero, en México, estaba 130º y dentro de diez días quedaré 23º o 24º. Y me queda medio año para lograr cosas más lindas todavía. Insisto: estoy con rabia, pero entiendo que a los 21 años todavía me quedan muchos Roland Garros para intentar superar mis marcas", reflexionó Mariano.
Y aclaró un tema: "¿La Copa Davis? No, contra Canadá es difícil que juegue. Me encanta la Davis, pero será imposible. Sí me comprometí, en caso de perder, a estar contra Colombia o Bahamas. Lo hablé con Davin (el capitán), explicándole que en julio necesito jugar dos o tres torneos".
La historia argentina continuará hoy, con los dos últimos representantes en competencia, en busca de una plaza en los octavos de final. Franco Squillari (45º) se medirá con el eslovaco Karol Kucera (40º), que viene de vencer a un disminuido Agassi, a las 16 (11 de la Argentina). Previamente, a las 11, en la cancha Suzanne Lenglen, Agustín Calleri (102º), la revelación del certamen tras sus éxitos sobre Mantilla (62º) y Hrbaty (14º), se topará con el ucranio Andrei Medvedev (20º), conocido como El Camello y finalista en 1999.
Dos choques con muchas dificultades, por cierto. Pero no puede esperarse otra cosa en la tercera rueda de un Grand Slam. Al menos -eso se espera-, podrán esgrimir sus armas sin condicionamientos. Los que sí tuvo Puerta en el momento menos indicado. El destino, muchas veces, decide por uno.



