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RUSTENBURGO (Especial).- Uruguay es un himno a la emoción. Es un canto genuino, surgido desde sus propias raíces. Dos veces campeón del mundo, con una historia magnífica, surgida desde el esfuerzo, desde el coraje. Nacida desde la humildad. Uruguay es, por sobre todas las cosas, sinónimo de fútbol. Lleva el mate y la pelota en su piel. Su seleccionado refleja con fidelidad mayúscula su forma de ser: humilde, guerrero, corajudo. Así, con esas premisas que alguna vez lo convirtieron en grande desde su humildad, como en aquella polémica definición de 1930, como en aquel histórico Maracanazo de 1950, Uruguay tiene el pecho celeste, como el cielo.
Así se muestra hoy, horas después del triunfo por 1 a 0 contra México: líder del Grupo A, primero luego de un empate sin goles contra Francia y un triunfo magnífico frente a Sudáfrica por 3 a 0. No sufre goles y sabe cómo hacerlos. Es que conoce la historia de memoria: cada gota de sudor debe ser volcada en el campo de juego. Prohibido regular. Así se muestra Diego Lugano, ese gran capitán. Así se expone Diego Forlán, ese fantástico delantero. Así son, cuna de ganadores, aunque en tiempos recientes parecían haberse olvidado de aquellas imágenes, sus viejas imágenes, inmersas en gloria. El tiempo es otro: ahora, el viejo y querido Uruguay jugará los octavos de final; chocará contra Corea del Sur, el segundo clasificado del Grupo B, el de la Argentina, el sábado venidero, desde las 11 de nuestro país, en Puerto Elizabeth.
Luis Suárez, el artillero de Ajax, al fin, selló su apellido en la red. Y el Maestro Tabárez es el conductor que reconforta. Un auspicioso regreso al máximo certamen luego de ocho años de ausencia. Es que Uruguay, la Celeste, no participó en la cita de 2006. Desde 1990 que no pasaba la fortaleza de la primera rueda y por primera vez, desde 1954, logró el boleto invicto, sin goles en contra, al tope del grupo. Premio a su historia, ya que en esa cita de Suiza alcanzó el cuarto lugar, como ocurrió en México 1970. "Sabemos lo que significa ser de Uruguay", lanza Forlán, que emociona, acaso, como ningún otro valor nacido en la otra orilla.
Clásico adversario o enemigo cercano, Uruguay es para la Argentina algo así como un hermano. Por eso, acaso, se tomó con un suspiro evitar el cruce de los octavos de final. Sólo por aquel enfrentamiento en México ´86, para los cabuleros , se esperaba este cruce. Sólo ellos habrán querido encontrarse. El resto, lo que se dice el resto, aplaude el camino que se bifurca de un elenco que tiene fundamentos de sobra para permitirse un espacio para el sueño genuino. México apenas resultó un escollo durante ciertos pasajes del primer tiempo. Como en aquel zurdazo lejano al travesaño de Guardado. El resto, aunque con ciertas intermitencias, resultó una superioridad evidente del conjunto del Río de la Plata. Que tiene una defensa compacta, que tiene un medio campo con rigor físico y táctico y que tiene, sobre todo, un ataque con tres delanteros de primer nivel internacional. Uno de ellos, Cavani, el hombre de Palermo, de Italia, envió el centro perfecto para el cabezazo goleador de Luis Suárez, el protagonista de Ajax que marcó por primera vez en un Mundial. Días después de la gran tarea de Diego Forlán, contra Sudáfrica...
El arquero Fernando Muslera, de Lazio, hace recordar a los mejores momentos de Carini. Los centrales, Lugano y Victorino, se parecen a dos patovicas que prohíben pasar a la zona prohibida. En el medio campo, corren y meten, liderados por Diego Pérez, suerte de guerrero con acento charrúa. No suele tener demasiado la pelota Uruguay. No se adueña del balón. Pero cuando lo tiene en sus pies -más hábiles que rústicos, con mayor capacidad que entusiasmo- el balón avanza con precisión, a tal punto que definirlo como un típico conjunto contragolpeador sería un despropósito. Uruguay es mucho más que eso. Es un conjunto que crece en la misma medida que avanza el torneo. Guiado por una historia que pide ser revivida...
"Las vuvuzelas son insoportables. Ahora, si Uruguay sale campeón del mundo, hago una canción sólo con su sonido", admitió, con una broma, el reconocido músico uruguayo Jaime Roos, de visita en Sudáfrica. "Si traemos la copa, voy a escribir una nueva canción llena de vuvuzelas. Necesitás una orquesta de ellas, pero tenés que dejarlas de fondo para no volverte loco", explicó el autor de la canción "Vamo’ Arriba La Celeste".
Un hincha mexicano irrumpió en el campo de juego. Con la camiseta del seleccionado azteca y una bandera de México colgada en sus hombros, cruzó toda la cancha después del gol anotado por Luis Suárez, cuando se jugaban 43 minutos del primer tiempo. El fanático se introdujo en el arco defendido por el uruguayo Fernando Muslera y luego corrió a una esquina del campo, donde fue detenido.


