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PARIS (De un enviado especial).- El 12 del actual, el día que el mundo conocerá al nuevo campeón, Christian Vieri festejará su cumpleaños número 25. No deja de pensar en el mejor regalo que podría recibir: la Copa del Mundo y el Botín de Oro al máximo goleador de la competencia. Son sueños imposibles de evitar.
Le dicen El Mudo, pero al repetir en cinco oportunidades la palabra gol se convirtió, junto con Gabriel Omar Batistuta, en el delantero más verborrágico del Mundial.
Hijo del ex futbolista de Juventus y del seleccionado italiano Bob Vieri y de una francesa llamada Nathalie, Christian es la gran esperanza italiana para reconquistar el título del mundo obtenido en 1982. Por ese entonces, comenzaba a dar sus primeros pasos en el fútbol en Prato, un pequeño poblado cerca de Florencia, que a diferencia del resto de las ciudades festejaba de una manera especial los goles de un tal Paolo Rossi.
Es que Amelia, la madre del ídolo italiano, vivía allí, donde Enzo Vieri, el abuelo de Christian, le enseñaba a su nieto los secretos del deporte que poco después se transformaría en una grata profesión.
Las vueltas de la vida llevaron a la familia Vieri a Australia, donde Christian se destacó jugando al cricket hasta que regresó a Italia, a los 15 años. A partir de allí, el fútbol pasaría a ocupar gran parte de su vida.
Comenzó su carrera futbolística en Torino, de la mano del entrenador Emiliano Mondonico, y luego pasó a Juventus, donde conoció a Zinedine Zidane, su amigo y compañero. Con él mantuvo un contacto telefónico permanente durante esta Copa del Mundo -se hablaban, como mínimo, dos veces por semana-, pero ahora, en la antesala del partido, se cortó. Dicen que Vieri establecerá nuevamente diálogo con el volante francés luego del partido, pero sólo para consolarlo.
Luego de ganar el campeonato italiano con Juventus en 1997, Vieri fue vendido a Atlético de Madrid, de España, por 24 millones de dólares. La decisión la había tomado Luciano Moggi, el director deportivo de Juventus, pero el presidente Giovanni Agnelli jamás se lo perdonaría. Al poco tiempo Vieri se convirtió en el Pichichi del campeonato español, con 22 goles, y hoy es uno de los goleadores del Mundial junto con Batistuta. "El es el verdadero rey de la Copa del Mundo", declaró su ex patrón, que todavía lamenta haberlo dejado partir de Turín.
"Espero ganar el Botín de Oro, pero más me interesa salir campeón del mundo con Italia... Con o sin mis goles. Sé que no será sencillo superar a Batistuta, quien a diferencia mía marcó dos goles de penal. Yo creo que es más importante lo mío, que hice cinco goles sin patear ninguno", amenazó Vieri, con esa cara en la que cuesta encontrarle dibujada una sonrisa.
Considerado un diamante en bruto, el goleador italiano sabe que un triunfo ante Francia colocará a Italia entre los cuatro primeros equipos del mundo y que su madre, con quien mantiene una relación muy particular, estará orgullosa de ello: "Soy francesa, pero hace 30 años que me siento italiana y una derrota de Francia no me provocará tristeza. Esto no tiene nada que ver con mi hijo; aunque él no jugara en la Nazionale, yo alentaría a Italia, que es la tierra que me adoptó y me permitió crecer", comentó Nathalie, que de esta manera, y como buena madre, le quitó presión a su querido Christian.
Gracias a sus goles, Italia sueña con la vuelta olímpica y espera que la historia de Paolo Rossi se repita. Al menos ya tienen algo en común: aquel potrero de Prato, donde los dos aprendieron a jugar. En tiempos diferentes, pero con una obsesión igual: gritar gol. Los italianos lo saben y esperan, más allá de cualquier comparación.


