
A mayor libertad económica, mayor riqueza
El Estado no puede ser pasivo si se busca mejorar el estándar de vida
1 minuto de lectura'
En 1900, si alguien le hubiera descripto a un economista los progresos tecnológicos que tendrían lugar durante el siglo, primero se habría desmayado de la impresión. Luego, una vez recuperado, este entendido podría pronosticar que en un mundo empequeñecido por los avances en transporte y telecomunicaciones la brecha entre los ingresos de los países ricos y de los pobres también se achicaría.
Pero no lo ha hecho; por el contrario, se ha ensanchado sustancialmente. De acuerdo con un estudio de Lant Pritchett del Banco Mundial, aparecido en el Journal of Economic Perspectives, en 1870 las más ricas naciones industrializadas del mundo, Gran Bretaña y los Estados Unidos, tenían un ingreso per cápita de unas nueve veces mayor al de las más pobres. En 1990, el ingreso per cápita de los Estados Unidos era más de 45 veces superior al de Chad o Etiopía.
Pritchett calculó que en 1870 el ingreso promedio per cápita de los 17 países más ricos era 2,4 veces más alto que el de todos los otros países; en 1990, el mismo grupo era 4,5 veces más acaudalado que el resto. La brecha se sigue ensanchando. Sin embargo, a comienzos de este siglo muchas personas creían que las cosas marcharían en sentido contrario. La derrota de Rusia por Japón en 1905 fue tomada como un signo de que el equilibrio del poder mundial podría estar alejándose de los europeos; o para decirlo en forma más neutra, que la revolución industrial prendería en culturas no europeas.
Dados cargados Japón venía importando tecnología desde 1860, y aunque ya tenía un estándar de vida bastante alto se mostraba ansioso por alcanzar a Occidente. Y lo hizo, primero en la década del 30 y luego a comienzos de la década del 60. No mucho más atrás había un pequeño grupo de países, principalmente del este asiático.
Tal vez sólo a los economistas les parece sorprendente este hecho. Mucha gente cree que los dados están cargados, y siempre lo estarán, para ayudar a los ganadores a multiplicar su fortuna. Pero también hubo tiempos, en los años 20, por ejemplo, y a mediados de la presente década, cuando la gente más rica temió que su suerte estuviera a punto de cambiar; que la movilidad del capital y los bajos costos del transporte provocarían el desplazamiento de su industria a sitios donde los salarios estuvieran más bajos.
Un crecimiento más rápido en los países pobres sería bueno para todo el mundo, ya que todos compraríamos una mayor cantidad de nuestros respectivos bienes y servicios. Los más optimistas han pronosticado que la tecnología de punta iba a lograr por fin esa recuperación.
¿Entonces, por qué no se pusieron al día más países pobres? La mayoría de las respuestas a esta pregunta es esencialmente tautológica: "No tienen las habilidades, la historia les cierra el camino, cuentan con poco capital, su cultura no es empresarial". Son tan sólo formas de decir que los países pobres son pobres.
Libertades económicas Un estudio más útil, Economic Freedom of the World ("Libertad económica del mundo") fue publicado por primera vez en 1996 por once economistas destacados y ha sido actualizado anualmente desde entonces. Sugiere que la mayoría de las explicaciones se basa en la forma en que son gobernados los países pobres, en vez de hacerlo en sus desventajas naturales o en un tratamiento injusto por parte de los ricos.
El objetivo era comprobar si las naciones donde la gente tenía más libertad económica eran también más ricas y crecían con mayor rapidez. De un modo general, libertad económica significa capacidad para hacer lo que uno quiere con cualquier posesión legalmente adquirida, siempre que tales acciones no violen los derechos de otras personas a hacer lo mismo. Pero los bienes y servicios, lamentablemente, no caen como el maná del cielo; su presencia depende de los derechos de propiedad y de los incentivos para crearlos y usarlos. De modo que el tipo de pregunta que debemos hacernos es: ¿están legalmente protegidos los derechos de propiedad? ¿Se encuentran las personas limitadas por reglamentaciones gubernamentales o barreras comerciales, o temen confiscaciones? ¿Son sus ahorros atacados por la inflación y pueden colocar su efectivo donde quieren?
Los autores del estudio fijaron 17 medidas de esta índole, y en la actualización de este año (por publicarse en octubre) las llevarían a 23, cada una evaluada en 100 países, y remontándose, en lo posible, a 1970. Se recurrió después a un panel de economistas para que clasificara las medidas de acuerdo con su importancia. La conclusión resultó clara: cuanto más libre la economía, más alto el crecimiento y más rica la gente. Los países que mantuvieron una economía bastante libre durante muchos años mostraron un desempeño especialmente bueno.
Este no es un argumento en favor del laisser-faire absoluto. Más bien, el estudio indica que la libertad económica es un concepto amplio, que requiere mucho del gobierno para operar su magia de mejorar el estándar de vida. El gobierno debe crear un claro y previsible clima reglamentario y macroeconómico, protegiendo los derechos de propiedad, haciendo cumplir la ley, evitando la inflación e, igualmente importante, no apoderándose de toda la plata. Las cosas deben arreglarse de manera que la gente tenga un incentivo para invertir. Inversión no sólo significa construir fábricas o limpiar la tierra para cultivos, sino también, por ejemplo, educar a los hijos u ofrecer capacitación a los trabajadores.






