A pedir de boca del "círculo rojo"

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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12 de junio de 2019  

Hubo que esperar cuatro años: por primera vez desde 2015, la propuesta electoral de Mauricio Macri es la misma que la de aquellos a quienes llama con sorna "círculo rojo". El riesgo país dice más que mil palabras: el mercado celebró ayer con alzas de hasta el 13% en acciones la unción de Miguel Pichetto como compañero de fórmula del Presidente para octubre. Gabriel Caamaño, analista de Estudio Ledesma, lo definió así en Twitter: "Según la serie que llevamos, esta es la mayor caída porcentual diaria (-9,1%) del EMBI argentino desde que se arregló con los holdouts. Y se corta ahí por considerar que no hay comparabilidad más atrás. Un shock electoral con todas las letras".

El Gobierno terminó de tomar la decisión al mediodía, luego de procesar desde la noche del lunes algo que sus jefes de campaña ya intuían irreversible: con su negociación con Alberto Fernández y Máximo Kirchner, Sergio Massa había roto Alternativa Federal y, entonces, el oficialismo estaba obligado a diseñar una estrategia para atraer a ese público. "Pescar en el centro", lo definió uno de los macristas que trabajan en el conurbano. "Una jugada brillante", lo definió anoche a LA NACION un empresario que pedía para estas elecciones exactamente lo mismo que en 2015: que Macri abandonara el purismo aconsejado por Marcos Peña y Durán Barba para vencer a Daniel Scioli. La diferencia con el escenario de entonces son justamente los movimientos del líder del Frente Renovador. Peña, que no se aferra a dogmas de ningún tipo, empezó a vislumbrar las nuevas condiciones hace dos meses, cuando entendió que sin una apertura a Cambiemos se le haría esta vez muy difícil ganar. El momento coincidió con el inicio de sus invitaciones a empresarios a la Casa Rosada.

Es cierto que, tal como intuían él y Macri ya en los tiempos de la gestión porteña, el establishment económico siempre subestimó la capacidad de hacer política del líder de Pro, que devolvió la gentileza con un persistente y silencioso desdén hacia el entorno del que proviene, que es también el de su padre. Pero no se trata más que de una desconfianza superficial que en nada afecta una cosmovisión común. Macri y los empresarios creen que los desencuentros argentinos exceden a Cristina Kirchner, porque residen más bien en una dicotomía estructural: capitalismo vs. populismo.

La coincidencia tiene esta vez una doble dimensión. Pichetto no solo podría recabar votos de peronistas no kirchneristas mediante conversaciones con los gobernadores, sino, en el caso de concretarse la reelección, convertirse en articulador de fuerzas parlamentarias para conseguir la aprobación de reformas impopulares sin las cuales la Argentina no será viable: la previsional, la tributaria y la laboral. Es parte del trabajo que, por ejemplo, Michel Temer, un presidente con escasa popularidad, le hizo antes de irse a Bolsonaro en Brasil.

La aceptación de Pichetto para integrar la fórmula es hija de una certeza análoga a la situación brasileña: Macri tiene disponible una sola reelección. Anteayer, en una entrevista con Carlos Pagni en Odisea Argentina, el senador insistió en que el ciclo del Presidente terminaba en 2023. Es también lo que celebra el PJ al que pertenece, y exactamente lo que Nicolás Caputo, hermano de la vida del Presidente, le venía recordando en la intimidad a su amigo con una advertencia adicional: si gana, a partir de octubre los urgidos por medidas antipáticas que lo desgasten serán los peronistas, y los partidarios del gradualismo, quienes pretenden sucederlo desde su propio espacio, como María Eugenia Vidal u Horacio Rodríguez Larreta.

"Podemos entrar en un círculo virtuoso", se envalentonó anoche un banquero. El entusiasmo no pasa por alto los protagonistas de esta contienda. El Gobierno estaba obligado a contrarrestar las ambigüedades de Massa, un interlocutor a quien los empresarios le asignan una cosmovisión más cercana al capitalismo que al populismo, pero al que ven con frecuencia tentado por las circunstancias electorales. Que el elegido para concretar la faena oficialista haya sido Pichetto, otro al que ubican del lado amigable con el mundo de los negocios pero al que juzgan menos impredecible, los empuja a creer otra vez en Macri.

Como si un choque de planetas hubiera vuelto las cosas al lugar de siempre.

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