
Abrirían el corralón creando otro corralito
La iniciativa que ganó la simpatía del Presidente es vista con preocupación por Economía y los bancos
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Una propuesta, plasmada en un borrador de un proyecto de ley que circula con discreción por algunos despachos oficiales, postula un modelo de resolución del corralón en que se mantienen encerrados e inmóviles los depósitos de unos 400.000 ahorristas mediante la creación de un nuevo corralito. La iniciativa entusiasmó tanto al presidente Eduardo Duhalde que hace unos días la bendijo públicamente al anunciar que se estaba cerca de "una solución satisfactoria para todos" los que continúan atrapados en el corralón.
Pero su puesta en práctica está en duda y crispa por igual los nervios de los funcionarios del Ministerio de Economía y del Banco Central (BCRA), así como de los banqueros que la consideran "impracticable".
El proyecto, de apenas nueve artículos, está inspirado en una idea que desarrolló Rodolfo Frigeri, titular de la Comisión de Finanzas de Diputados, ex titular del Banco Provincia y ex ministro interino de Economía durante el brevísimo, pero intenso mandado presidencial de Adolfo Rodríguez Saá.
Su principal rasgo es que crea con los fondos atrapados en el corralón, y sólo a pedido de los depositantes, un circuito de dinero electrónico que aseguraría su circulación "en beneficio de un incremento del nivel de transacciones de bienes y servicios de la economía". Además facilita la redolarización de esas colocaciones, ya que da marcha atrás con la indexación por aplicación del coeficiente de estabilización de referencia (CER), para reconocer el equivalente en pesos de la colocación original en dólares al tipo del cambio del día en que el depositante pida su acreditación en una cuenta especial creada para eso.
Esta particular característica fue la que llevó a Duhalde el 31 de diciembre pasado a decir nuevamente que los que tenían depositados dólares "podrían volver a recibir dólares en seis, siete u ocho meses". Y también la que lo llevó a rectificarse a medias una semana después cuando reiteró que los atrapados en el corralón podían tener la seguridad de que "van a cobrar sin afrontar pérdidas", aunque evitó referirse a la moneda en que lo harán. Al respecto, vale recordar que los que ayer comenzaron a recobrar parte de sus depósitos (antes en dólares y ahora pesificados) reciben $ 2,01 por dólar original, lo que ayer les alcanzaba sólo para comprar 61 centavos de dólar, con lo que asumen una pérdida del 39 por ciento.
Cómo funcionaría
La iniciativa en cuestión propone crear un "sistema especial electrónico de medios de pago" de uso acotado, en principio, a los que tienen depósitos acorralados y, luego, a quienes se los acepten como moneda de pago.
A imagen del corralito instaurado por el ex ministro Domingo Cavallo, sus inspiradores dicen querer asegurar "el derecho de usar y gozar de la propiedad de sus depósitos" hoy congelados. Se trataría de un sistema de carácter cerrado que sólo podrá ser usado como "medio de pago electrónico de bienes y servicios", y que funcionaría sobre la base de cuentas bancarias abiertas especialmente y que serán operadas exclusivamente mediante tarjetas de débito emitidas sólo a esos fines.
El mecanismo se pondría en marcha cuando el depositante acorralado decida canjear su actual depósito reprogramado (Cedro) por Certificados de Pagos Bancarios (CPB), que podrán ser transferidos a la cuenta especial "al cambio vigente el día de la transferencia". Esto quiere decir que si alguien que en origen tenía un depósito de US$ 10.000 que le quedó reprogramado, mediante este sistema lo convertiría en un saldo en su favor en una nueva cuenta bancaria por $ 32.700, teniendo en cuenta el valor al que cerró el dólar ayer.
Los CPB se emitirían en dólares, pagarían 5 cuotas iguales semestrales y consecutivas equivalentes al 16,60% del capital a partir del 30 de junio próximo, más una última cuota del 17%. Pero mientras tanto el dinero podría circular electrónicamente y facilitaría transacciones (no pide que sean escriturales), aunque sólo se irían liberando ante cada amortización. Mientras tanto, la circulación de este dinero "virtual" queda acotada al circuito cerrado que se crea mediante cuentas y tarjetas de débito especiales.
La mayor objeción de los bancos es que el sistema implica una redolarización que, en principio, les genera una nueva diferencia contable de cambio. "Es como pagarles de golpe a todos como si tuvieran amparos, porque el CPB queda asentado en nuestros libros", dicen preocupados.






