Las recientes subas verificadas en algunos insumos encuentran bien parados a los agricultores argentinos que lograron financiar sus compras con tasas convenientes
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La campaña 2021/2022 ya comenzó en Sudamérica y, en líneas generales, la gran mayoría de los productores tomaron recaudos a la hora de proyectar sus compras en materia de insumos. En la Argentina, por caso, ello sucedió con mayor celeridad por los consabidos problemas en la posible disponibilidad de algunos productos de origen importado.
En este sentido, las recientes subas verificadas en algunos insumos encuentran bien parados a los agricultores argentinos que durante fines del pasado año y principios del presente lograron financiar buena parte de los bienes necesarios para la producción con tasas que hoy se encuentran por debajo de la inflación proyectada.
No obstante ello, los requerimientos para la implantación de granos de cara a la temporada agrícola 2022/2023 en el hemisferio norte podrían plantear algunos cambios. En este sentido, comienzan tímidamente a escucharse algunos comentarios en el midwest de los Estados Unidos sobre la mejor elección del área a sembrarse con maíz y soja durante la próxima primavera boreal. Y no son pocos los que rápidamente comienzan a sacar números a la hora de observar los costos que conlleva implantar maíz con el actual valor de los fertilizantes.
Es sabido, al respecto, que los farmers estadounidenses van decidiendo las alternativas productivas una vez levantada la cosecha gruesa, debido a que muchos de los insumos deben incorporarse en el campo con antelación a las nevadas. Así las cosas, la incertidumbre se incrementa porque el tiempo para decidir no resulta necesariamente holgado.
Los recientes datos en relación con el maíz en nuestro país y para el ciclo 2021/2022 muestran un incremento en el área maicera hasta llegar a los 7,1 millones de hectáreas, con la posibilidad de llegar a los 55 millones de toneladas si el clima acompaña. Actualmente ya se encuentra comercializado cerca de 15% de esa producción esperada con precios que claramente resultan atractivos. Sin embargo, la expectativa surge sobre la duración que pueda tener la actual crisis energética que mantiene en vilo al mundo entero.
Para los que ven la situación como un problema coyuntural y de corto alcance se esgrimen cuestiones vinculadas a la falta de oferta que viene desde el inicio de la pandemia, en 2020.
Cambio climático
Pero existen otras hipótesis que podrían ser algo más estructurales. En este sentido, el compromiso de algunas grandes potencias mundiales (léase China, Europa y ahora Estados Unidos con la Administración Biden) sobre el cambio climático está instando a muchos de sus líderes a tratar de bajar rápidamente la emisión de gases de efecto invernadero.
El caso de China es paradigmático por cuanto ese compromiso implica, por ejemplo, dejar de quemar carbón, generando menos energía. Como consecuencia, el gigante asiático viene disminuyendo fuertemente la producción de fertilizantes desde el año 2015 y se estima que hasta bien entrado 2022 no exportara ningún tipo de fertilizante nitrogenado.
Así las cosas, las perspectivas para los valores del forrajero quedarán supeditadas a lo que haga Estados Unidos en materia de implantación 2022/2023. Para seguir con atención.
El autor es socio de Nóvitas SA
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