El aceite de soja alcanzó su valor más alto en cinco meses y el de girasol tocó precios que no se veían desde 2022, impulsados por la mayor demanda para biodiésel, stocks ajustados y las tensiones geopolíticas; el escenario tiene impacto directo en las exportaciones argentinas.
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En el último mes, los precios de los aceites vegetales mostraron una clara tendencia alcista en los mercados internacionales. En el caso del aceite de soja, ayer alcanzó su valor más alto en cinco meses, mientras que el aceite de girasol tocó la semana pasada su nivel máximo desde mediados de 2022.
Según explicaron especialistas, este movimiento se explica principalmente por la expectativa de un aumento en la demanda de aceites vegetales para la producción de biodiésel en Estados Unidos, a partir de posibles cambios regulatorios. A ese factor se suman los problemas de oferta de girasol por la menor producción en Ucrania y el agravamiento del conflicto con Rusia. También influyeron la suba del petróleo y un mayor interés de los fondos de inversión, que volvieron a tomar posiciones ante el nuevo escenario del mercado. Por exportación de aceite de soja ingresaron divisas al país por más de US$63000 millones, con 6,2 millones de toneladas. En tanto, el aceite de girasol generó más de US$1500 millones con un volumen exportado de 1,3 millones de toneladas.
En ese marco, Eugenio Irazuegui, de Zeni explicó que la suba de los aceites vegetales se consolidó a lo largo del último mes y que ayer alcanzó uno de los valores más altos del período, con las primeras posiciones que cerraron por encima de los US$1190 por tonelada. Si se toma como referencia el 22 de diciembre, cuando la cotización rondaba los US$1070, el mercado acumuló desde entonces una ganancia superior al 11%.
El aceite de girasol también tuvo tendencia alcista. El analista explica que una referencia central para este mercado es el aceite que cotiza en Rotterdam, que actualmente se ubica en torno a los US$1530 por tonelada FOB, frente a valores cercanos a los US$1330 de un mes atrás. Esto implica un salto mensual del orden del 15%. No obstante, detalló que el miércoles pasado (14/01) el precio llegó a tocar los US$1600 por tonelada, un nivel que no se registraba desde mediados de 2022, en plena crisis bélica en la región del Mar Negro.
En el caso del aceite de soja, Carlos Pouiller, director de AZ Group, señaló que el principal impulso proviene de una propuesta de la Environmental Protection Agency (EPA) para mantener y consolidar mayores porcentajes obligatorios de biodiésel mezclado con gasoil a partir de 2026. En la práctica, esto implica que Estados Unidos deberá producir volúmenes significativamente mayores de diésel renovable, elaborado principalmente a partir de aceites vegetales.
Según las proyecciones, este esquema generaría un fuerte aumento de la demanda de aceite de soja —el principal insumo—, además de un mayor uso de aceite de canola y de maíz. Además, explicó Pouiller, es que esa mayor demanda se enfrenta en Estados Unidos a una oferta limitada, en un escenario de cosecha ajustada y stocks bajos. “La cosecha estadounidense no es mala, pero tampoco es muy abundante, y las proyecciones de stocks son bajas; esa mayor demanda prevista le dio un impulso fuerte al aceite”, detalló.

De acuerdo con estimaciones de AZ Group, la producción de diésel renovable en Estados Unidos alcanzaría 5,61 mil millones de galones en 2026, un 67% más que en 2025, y subiría a 5,86 mil millones en 2027. Para abastecer ese crecimiento, el consumo de aceite de soja pasaría de 6,36 millones de toneladas en 2025 a 10,65 millones de toneladas en 2026, un volumen que equivale a una molienda de 50,3 millones de toneladas de poroto, frente a 31,8 millones el año previo.
Un punto clave, remarcó Pouiller, es que esta decisión no debe pasar por el Congreso estadounidense, ya que existe una ley —el Renewable Fuel Standard— que le otorga a la EPA la autoridad para fijar los volúmenes obligatorios de mezcla. De confirmarse la propuesta, el nuevo régimen entraría en vigencia a partir de marzo de 2026, reduciendo la incertidumbre regulatoria.
Este escenario explica una parte de la suba reciente del aceite de soja y ayuda a sostener los precios internacionales. El mayor empuje del aceite evitó que el mercado cayera con más fuerza en un contexto de abundante oferta global. “No es un factor que dispare los precios, pero sí ayuda a darle un piso al mercado internacional”, señaló Pouiller.
En paralelo, como se mencionó, el aceite de girasol también registró subas del 15% en el último mes. Según detalló, el agravamiento del conflicto entre Ucrania y Rusia volvió a generar tensión en el mercado, en un contexto en el que Ucrania enfrenta una producción menor por problemas climáticos. Dado que es uno de los principales exportadores mundiales, la menor oferta dejó al mercado global más ajustado.
No obstante, aclaró que esta mejora, eleva la capacidad de pago teórica de la industria aceitera local, pero que por ahora no se traslada al precio interno del girasol, debido a la cercanía de una cosecha que podría ser récord, con fuerte oferta —especialmente del norte— y fábricas bien abastecidas.
Gustavo Idígoras, presidente de Ciara-CEC, coincidió en el diagnostico de que la situación se ve agravada por los malos resultados de la cosecha en el hemisferio norte, especialmente en Europa, donde quedó una demanda insatisfecha en un mercado de alto consumo. Además, coincidió con que los bombardeos sobre Ucrania afectaron parte de su capacidad de molienda, reduciendo aún más la oferta mundial.

Para Idígoras, este escenario abre una oportunidad para la Argentina. “La presencia de la guerra en Ucrania y los problemas productivos en Europa generan una oportunidad de crecimiento y desarrollo para la Argentina. Por eso, el país atraviesa una cosecha récord y un proceso de exportaciones en aumento: el año 2025 terminó con exportaciones récord de aceite de girasol, y la idea es seguir creciendo en ese mercado”, apunto.
En línea con ese análisis, Nicolás Udaquiola, director de AZ Group, además de coincidir con el impacto de la menor campaña en Ucrania y del conflicto bélico, agregó que también influyeron otros factores. “Además de esto, en el mercado de los aceites se observaron subas del petróleo, que volvió a ubicarse en torno a los US$60 por barril, y un acercamiento que reactivó la actividad comercial entre Canadá y China —comprador y vendedor naturales— de colza y aceite de colza, un comercio que venía restringido por incrementos de aranceles derivados de la guerra comercial entre ambas partes”, explicó.
Por último, sumó que “la creciente expectativa en torno a las definiciones que tomará la EPA (agencia de protección medioambiental de Estados Unidos) respecto de los cortes obligatorios de biocombustibles y la asignación de beneficios fiscales también tuvo impacto en el mercado internacional de aceites, y fue uno de los factores que llevó a que los fondos de inversión volvieran a comprar, reduciendo la posición neta vendida que mantenían hacia fines de diciembre”.
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