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La idea de Folco Doro, utópica para muchos, puede apoyarse, sin embargo, en un caso bien concreto que existe desde los años 30: el gigantesco bosque de álamos y pinos de la estancia La Julia, en el medio de la provincia de Santa Cruz.
Para quienes viajan por la dura ruta de ripio entre Comandante Luis Piedrabuena y Tres Lagos, los kilómetros de estepa árida y monocolor se interrumpen de golpe con lo que parece un espejismo verde, que se distingue a muchos kilómetros de distancia.
Es el bosque que rodea a esa enorme estancia sureña y cuyas dimensiones desafían la imaginación.
En el interior de ese inmenso círculo de árboles que frenan el viento, unas 350 hectáreas que parecen de otro mundo muestran que allí crecen alfalfa para alimentar un ganado vacuno digno de la pampa húmeda, árboles frutales (manzanas, peras y hasta duraznos y uvas) y flores propias de un jardín de otras latitudes.
Todo eso es la obra de un capataz italiano de los años 30, don Menotti Bianchi, encargado de esa estancia que pertenecía entonces a la familia Braun Menéndez y que se propuso cambiar el clima y la producción del lugar.
Con pico y pala, al frente de un equipo de cuatro compatriotas (Angelo Francia, Juan Ferrando y los hermanos Luis y Silvio Gasparini), Bianchi construyó una canalización de riego con agua extraída del cercano río Chico, para plantar luego una gran cantidad de álamos y sauces que sirvieran para modificar el entorno. Cuando los álamos, que crecen rápido, ganaron altura, con agua y sin viento, comenzaron a florecer pastos y árboles frutales.
En pocos años, Bianchi disfrutaba ya de un paraíso verde en medio del casi desierto. Así lo consigna el célebre padre salesiano Alberto De Agostini, en su libro "Andes patagónicos", cuando relata el prodigio de la obra humana en ese rincón perdido de la Patagonia.
Hoy, La Julia pertenece a Jorge Knoop, hijo de un inmigrante danés, que admite que el bosque ha perdido una parte de sus árboles "porque es difícil mantenerlo si no hay agua y las canalizaciones de aquellos años se han deteriorado considerablemente". No obstante, gracias a que el gobierno de Santa Cruz ha declarado recientemente al bosque de La Julia como zona de interés provincial, se prevé recuperar el funcionamiento de los canales originales para mantener la enorme plantación.
"Con un poco de agua y mucho esfuerzo, todo es posible", señala Knoop. No es distinto de lo que propone Folco Doro en una escala aún mayor.





