El nuevo cálculo de la Bolsa de Comercio de Rosario ubica la producción de soja de la zona núcleo en 17,2 millones de toneladas, un 5% menos de los valores estimados inicialmente
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La estimación de cosecha de soja de la región núcleo se recortó en 600.000 toneladas respecto del inicio de la campaña y ahora se proyectan 17,2 millones de toneladas, un 5% menos que el potencial calculado a fines de diciembre. El ajuste responde al déficit hídrico y el golpe térmico de enero que redujeron el rinde esperado de 40 a 38 quintales por hectárea sobre una superficie sembrada de 4,58 millones de hectáreas. El análisis parte de un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) donde destacaron que las lluvias de febrero frenaron el deterioro en buena parte del área agrícola.
“No es el número que se pensaba a fines de diciembre, cuando las expectativas eran tener una campaña superadora, de todas formas las lluvias alejaron el temido escenario de derrumbe en buena parte de la región. De hecho, se mantiene muy cerca del promedio productivo de los últimos 15 años, que es de 17,4 millones de toneladas. Claro que queda lejos del récord de la campaña 2014/15, cuando se alcanzaron 24 millones. Sin embargo, aquel resultado respondió no solo a un muy buen ciclo climático, sino también a una superficie sembrada 30% superior a la actual", indicó la entidad.
Además, mencionaron que en el corredor que no recibió el auxilio del agua (15% de la región) el panorama es crítico: la soja de primera está secándose y hay fuertes recortes productivos. “Se trata de la zona de influencia de Rosario que se extiende hacia el oeste y el sur. Por ejemplo, en el departamento Constitución (sur de Santa Fe) se estiman daños del 30% al 40%. De no llover, muchos lotes podrían perderse“, mencionaron.

Indicaron que luego de las lluvias disminuyeron los lotes de soja de primera de la región que estaban entre regulares y malas condiciones: pasaron de 20% a 12%. Los buenos son el 38% y los muy buenos y excelentes subieron al 45 y 5%, respectivamente. En el noreste de Buenos Aires, particularmente en Pergamino, hacia fines de enero se advertía por pérdidas de hasta un 50% del potencial de rinde por déficit hídrico, aunque las lluvias de febrero lograron frenar el deterioro del cultivo y la caída del rinde.
También señalaron que podrían persistir recortes puntuales, estimándose pérdidas cercanas al 10% del potencial. En Marcos Juárez, si bien hay pérdidas irreversibles, las lluvias lograron detener los recortes.
Sobre las posibilidades de mejora de las condiciones para la soja mencionaron que si se toma como referencia la campaña pasada, la comparación abre una ventana de expectativa. En la 2024/25, las lluvias comenzaron a fallar desde comienzos de diciembre y continuó con un enero marcadamente deficitario. Recién en la primera semana de febrero se produjo un cambio de patrón que se generalizó en la segunda quincena del mes con precipitaciones más frecuentes y abundantes que terminaron sosteniendo el potencial de los cultivos.

“Este año el recorte pluvial arrancó más tarde, cerca de Navidad. Enero también cerró en rojo, pero febrero abrió con algunos eventos que, aunque muy desparejos, dejaron señales mixtas. La franja central y el este de la región siguen, hoy, muy comprometidos —sobre todo en el área de Rosario y hacia San Pedro —donde prácticamente no llovió (triángulo amarillo en el mapa de precipitaciones)“, puntualizaron.
En contraste, según mencionaron, donde sí hubo agua en esta primera década del mes, los acumulados oscilaron entre 30 y 90 mm. Si se tiene en cuenta que la media histórica de febrero ronda los 105 mm, en buena parte de la región ya cayó lo que suele llover en este periodo del mes e incluso hay sectores donde las lluvias ya casi alcanzan la media mensual.
También dijeron que hay otros factores que juegan a favor respecto del año pasado: los cultivos de verano comenzaron su ciclo con napas recuperadas tras las lluvias acumuladas a lo largo de 2025 y, a esta misma fecha, la evapotranspiración se muestra más moderada que un año atrás.
Recordaron que a esta altura del año pasado la estimación de producción también había sido ajustada a la baja. Sin embargo, un mes después, con la recomposición de las lluvias en febrero y comienzos de marzo, el rinde promedio rebotó y la producción terminó acercándose al horizonte productivo de inicios de campaña con un rinde de 39,4 quintales por hectárea. Por eso, el escenario actual aún no está definido. Si las lluvias logran afirmarse en las próximas semanas —sobre todo en los sectores que quedaron al margen—el rinde podría recomponerse y acercarse, e incluso superar, el promedio de la campaña pasada. Todo dependerá de cómo juegue el clima en el tramo final.
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