La soja se sube al podio cuando la fertilización es balanceada

Fuente: Archivo
Es clave la planificación en el manejo de los nutrientes
Juan Urrutia
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21 de mayo de 2016  • 00:00

A pesar de los excelentes rendimientos de la última campaña, los experimentos de campo demuestran que hay importantes limitantes nutricionales en el cultivo de soja. Fertilizaciones balanceadas con altas dosis de fósforo anticipado, azufre y micronutrientes son herramientas probadas para lograr los rendimientos potenciales.

En el cultivo de soja, el área fertilizada alcanza el 62% de la superficie, con dosis bajas a medias, que responden al concepto de "arrancador". Esta práctica tiene dos consecuencias directas sobre el sistema productivo sojero: la primera es el empobrecimiento de los niveles de fósforo del suelo y la segunda, es que se limita el rendimiento del cultivo, perdiendo margen.

Nutrientes a tener en cuenta

Solucionada la nutrición de nitrógeno con una buena nodulación, el fósforo y el azufre son los nutrientes que en mayor medida limitan la productividad de este cultivo. Es importante recalcar la interacción positiva entre el inoculante y la provisión de estos nutrientes, la cual genera un aumento en el número y peso de los nódulos y en consecuencia, una mayor fijación de nitrógeno. Esto se ve reflejado en rendimiento y también en los niveles de proteína que aumentaron en un 0,6% en sojas fertilizadas correctamente con fósforo y azufre.

Fósforo (P)

Es interesante comparar las redes que realizó Fertilizar durante los años 2000 y 2001 con las realizadas en los últimos cinco años, para visualizar cómo se ha incrementado en forma significativa el impacto la fertilización en este cultivo. En la primera red, la fertilización fosfatada nunca lograba respuestas mayores a los 350 kg/ha, mientras que en la red actual hemos logrado respuestas de más de 1.000 kg/ha. Los resultados acumulados luego de cinco años de experiencia confirman que la práctica del productor agropecuario promedio (dosis de arrancador a la siembra de entre 40 a 80 kg/ha de superfosfato triple) es eficiente, ya que logra un incremento de rendimiento de 186 kg/ha con dosis bajas de P. Sin embargo estas dosis no alcanzan para lograr los rindes potenciales del cultivo ya que se lograron aumentos en el rendimiento de 675 kg/ha respecto del testigo, cuando se fertilizó con dosis adecuadas de fósforo (100 a 150 kg/ha de superfosfato triple). En este sentido para elevar la dosis de fertilización es muy importante cambiar la forma de aplicación. Los mejores resultados se lograron con aplicaciones divididas, 70% aplicado al voleo anticipado durante el invierno y 30% como arrancador a la siembra. De esta forma, además de la mejor eficiencia agronómica, evitamos sobrecargar la sembradora y tener problemas de germinación.

Azufre (S)

La deficiencia de azufre está muy extendida en la Región Pampeana. Una recopilación realizada por Steinbach y Álvarez de la FAUBA, concluye que las respuestas son generalizadas en soja con un promedio de 348 kg de soja/ha. Las dosis habituales incluidas en la mezcla "arrancadora" generalmente no superan los 7 kg de S/ha y no resuelven completamente los casos de deficiencia, para lo que se precisan dosis mínimas de 12 a 15 kg de S/ha. Como en el caso del fósforo, las aplicaciones anticipadas son altamente eficientes.

Otros nutrientes

El boro (B) ha sido reportado como un nutriente con respuesta frecuente en aplicaciones foliares entre R1 y R3. Martín Díaz Zorita menciona para la zona núcleo pampeana una frecuencia de respuesta económica positiva mayor al 75% en cultivos bien manejados (con inoculación, fósforo y azufre). Gustavo Ferraris de INTA Pergamino, por su parte, reportó respuestas a este nutriente del 8% en campañas "secas" y 5,8% en campañas húmedas, con una frecuencia de respuesta del 52%. La red de Fertilizar ha incluido tratamientos con Zinc a la siembra logrando respuestas interesantes en suelos con contenidos de Zn por debajo del umbral de 1 ppm.

La propuesta

Para capturar la brecha productiva entre lo alcanzable y lo efectivamente logrado, debemos planificar la fertilización de soja de la misma manera que lo hacemos para otros cultivos como trigo o maíz; contemplando un paquete completo que incluya P, S y B. Es importante contemplar la fertilización balanceada y no aislada por nutriente, de manera de poder captar los beneficios de la interacción entre los mismos.

Aplicando estas tecnologías en forma conjunta, se realizó una red de ensayos de campo, comparando la práctica del productor con un paquete de fertilización adecuado con P-S-B. Los resultados fueron contundentes; logrando una respuesta positiva a nivel país de 450 kg/ha. Por otro lado fueron identificadas regiones donde la diferencia lograda alcanzaba casi un 20%, destacándose la zona Centro y Centro Oeste de la provincia de Buenos Aires. Estos resultados confirman que un correcto paquete de fertilización permite aumentar de manera significativa la producción de soja en la Argentina.

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