
Hay sectores del agro perjudicados por la suba de costos y la elevada presión impositiva
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A menudo se escucha a economistas decir que el agro es una de las estrellas del modelo. Dan por hecho que en todos los sectores de la actividad agroindustrial hay una suerte de boom. Y se lo compara con el aporte de divisas que hará en los próximos años la minería y la energía (petróleo y gas). Algunos se atreven a celebrar que el Gobierno, en rigor la estabilidad de la macroeconomía, no dependerá del campo.
Estas visiones presentan algunos sesgos respecto de lo sucedido en las últimas décadas y también de lo que ocurre en el presente. Aunque el gobierno de Javier Milei redujo algunos puntos porcentuales el mayor impuesto distorsivo que pesa sobre la actividad, los Derechos de Exportación (DEX) erróneamente llamados retenciones, lo cierto es que los sigue cobrando. Y en el caso del cultivo que aporta mayor cantidad de divisas, la soja, la imagen es simple: prácticamente de cada cuatro camiones con soja que salen de un campo, uno se lo queda el Estado. Esto es porque la oleaginosa, como poroto, tiene una alícuota de 24% de DEX. Aunque el presidente Milei haya dicho que considera que las retenciones no deben existir más, lo cierto es que todavía están. Esto, claramente, representa una inequidad respecto de otras actividades económicas que no tienen un descuento directo sobre el precio de lo que producen. En otras palabras: corren con ventaja. Además, el actual Gobierno diseñó un programa de incentivo de inversiones, conocido como RIGI, para estas actividades por las cuales las exceptúa de tributos en el largo plazo. De los sectores del agro, sólo el foresto-industrial podría participar del RIGI.
Por supuesto, esta presión impositiva distorsiva no fue creada por la administración Milei: hace 23 años que el Estado argentino le viene quitando ingresos al campo que, según diversos estudios, llega a un monto de US$200.000 millones. En otras palabras, el agro arranca en -10.
Por fuera de la discusión económica, los datos recientes reflejan que la mejora de la actividad no es transversal a todos los rubros del agro. Al respecto, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) dio a conocer un informe sobre la evolución de las exportaciones en 2025 según los diferentes complejos. A nivel global, las exportaciones del agro alcanzaron los US$50.549 millones, un 9,3% más que en 2024. Pero al desglosar por cadenas se observan caídas en actividades que se contradicen con la idea de que el agro vive un boom.

Así, las mayores subas relativas fueron para el girasol (49,6%), las legumbres (48%) y el trigo (33,7%). En montos, “los complejos soja (12%), carne y cuero vacuno (28%) y trigo (112%) fueron los de mayor contribución a la suba”, dice el informe. Y los que mitigaron la suba fueron maíz (-12%), cebada (-11,7%) y olivícola (-37%). Pero hay otros sectores que tuvieron bajas sustanciales como la vitivinicultura (-4,6%) o la avicultura (-4,7%), entre otros.
El escenario de inflación a la baja y estabilidad económica representa una mejora para todas las actividades, pero muchas enfrentan suba de costos y una presión impositiva en diferentes niveles (nacional, provincial y municipal) que las coloca en una posición difícil.
A eso se suman las dificultades de la infraestructura que no tendrán una resolución en el corto plazo.

Además, en algunas cadenas, el crecimiento de las cifras de exportación no necesariamente significa que en toda la actividad el escenario es favorable. Lo dijo en los últimos días Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) respecto de la lechería. En un comunicado, la entidad expresó que “la producción primaria lechera respondió en 2025 a una coyuntura favorable con una recuperación concreta de los niveles de producción, tal como se preveía”. Sin embargo, añadió, “lejos de verse reflejado ese esfuerzo en una mejora para el productor, la respuesta fue una baja en el precio de la leche, trasladando nuevamente el ajuste al eslabón más débil de la cadena”. En otras palabras: los tamberos. “A pesar de que en diciembre de 2025 la producción fue un 18,6% superior a la de enero del mismo año, los recursos efectivamente volcados a la producción primaria fueron menores”, recordó CRA.
El agro puede ser uno de los puntales del crecimiento de la economía: ya demostró que cuando las señales son correctas responde rápidamente con mayor inversión y producción, pero está lejos de ser el “beneficiado” o “agraciado” por el nuevo modelo económico. Todavía hay mucho que hacer y corregir.




