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Con el avance de febrero se van produciendo lluvias en la zona agrícola argentina, pero con registros acotados, que no recargan completamente los perfiles porque en diciembre y en enero no se superaron los 60-70 milímetros en muchos campos. Con ese marco, según un técnico regional, hay dos posibilidades para la evolución de las sojas de segunda, que en la zona núcleo están con 40 centímetros, pasan del estado vegetativo al reproductivo y empiezan a correr la carrera final.
La primera, si cayeran 200 milímetros en febrero y se desarrollara un marzo con temperaturas cálidas, estos cultivos podrían acercarse a los rindes de tendencia.
La segunda, si alguna de las dos condiciones anteriormente comentadas no se da, sobre todo la primera, "los rindes se desplomarán y asistiremos a uno de los peores ciclos de la oleaginosa", adelanta.
En tanto, los cultivos de primera han sufrido varios ataques de isoca bolillera, a los que se sumó en los últimos días la aparición de chinches que pican las vainas y comen el grano, con un efecto letal sobre el rinde. Esta realidad obligó a utilizar insecticidas fuertes y con residualidad.
Por otro lado, muchos cultivos llegaron al estado R3-R4, cuando habría que aplicar preventivamente un fungicida para evitar las enfermedades de fin de ciclo. En ese escenario, algunos productores que tienen cultivos sufridos por la sequía y expectativas de rendimientos bajos dudan en realizar esta inversión.
No obstante, el asesor la recomienda, sobre todo si se pueden aprovechar los vuelos para aplicación de insecticidas, porque su costo, que oscila de 13 a 20 dólares por hectárea, se pagará ampliamente si sobreviene un febrero más llovedor.
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