En el seminario de la Fundación Producir Conservando, Marcelo Regúnaga y Martín Piñeiro destacaron el potencial del país para crecer en ventas al exterior y con la bioeconomía
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En un escenario internacional atravesado por tensiones geopolíticas, barreras comerciales y crecientes exigencias ambientales, especialistas del sector agroindustrial coincidieron en que la Argentina tiene una oportunidad estratégica para transformarse en un proveedor clave de alimentos, bioenergía y productos con mayor valor agregado por US$120.000 millones. Sin embargo, advirtieron que para aprovechar ese contexto será necesario resolver problemas estructurales internos, mejorar la competitividad y construir una estrategia público-privada de largo plazo.
Ese fue uno de los ejes centrales del seminario 2026 de la Fundación Producir Conservando, donde participaron Marcelo Regúnaga, coordinador general de GPS (Grupo de Países Productores del Sur) y Martín Piñeiro, director del Comité de Asuntos Agrarios del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) y miembro fundador de la Red GPS.
Durante su exposición, Regúnaga señaló que el contexto internacional “se está volviendo cada vez más complicado”, aunque remarcó que la demanda mundial seguirá creciendo. “Todo el sector de Asia y de África no tiene capacidad para autoabastecerse, por lo tanto los países que tengamos esa capacidad y trabajemos para crear esa capacidad vamos a aprovechar. Las oportunidades están”, sostuvo.

El especialista afirmó que el mundo continuará necesitando “alimentos y bioenergías” y consideró que la Argentina tiene condiciones para incrementar significativamente sus exportaciones. No obstante, alertó sobre un escenario global marcado por “mucha incertidumbre” y por “arbitrariedades de carácter unilateral por los países grandes”.
En ese contexto, planteó que uno de los desafíos será generar previsibilidad. “El desafío que tenemos es ver cómo tratamos con las políticas y con las actividades de alianza público-privadas de minimizar esos riesgos y ver la posibilidad de generar un tema clave para el futuro que es cómo generamos previsibilidad en lo que nosotros vamos a hacer”, indicó.
Otro de los puntos que destacó fue el cambio en las demandas internacionales. Según explicó, los consumidores son cada vez más exigentes en temas de calidad, sanidad y sustentabilidad ambiental. “Ahí tenemos el desafío de cumplir o la oportunidad de aprovecharlas como la aprovechan otros países, como Malasia, Australia y otros países que aprovechan mucho más estas demandas crecientes”, afirmó.
Para Regúnaga, la Argentina posee fortalezas diferenciales para posicionarse globalmente. Entre ellas mencionó la disponibilidad de recursos naturales, agua y capacidad tecnológica. “Tenemos dotación de recursos naturales, el agua, que es una de las cosas que más falta, como ningún país en el mundo”, expresó.

Además, destacó que el país cuenta con “capacidades empresarias” y una fuerte incorporación de jóvenes al sector agropecuario. También subrayó el potencial de los sistemas productivos locales para capturar carbono y generar ingresos adicionales a través de servicios ambientales. “Es el único sector económico del mundo que puede secuestrar carbono y por eso puede generar ingresos adicionales a la venta de productos con la venta de servicios”, afirmó.
El coordinador de GPS también puso el foco en la posibilidad de profundizar la integración regional. Señaló que, más allá de las diferencias políticas entre países, existe margen para avanzar en estrategias conjuntas entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. “Venimos trabajando con la posibilidad de una cooperación y un desarrollo de estrategias conjuntas entre estos cuatro países”, señaló.
Sin embargo, advirtió que la Argentina arrastra debilidades estructurales desde hace décadas. Entre ellas mencionó “la alta presión impositiva”, la falta de infraestructura, el elevado costo del capital y la débil inserción internacional del país. “El gravísimo déficit de infraestructura física, de electricidad y comunicaciones sigue siendo un problema central si se pretende desarrollar todo el territorio nacional”, sostuvo.
Regúnaga también cuestionó la escasa estrategia de promoción comercial y diplomacia económica del país. Según dijo, la estructura estatal continúa demasiado enfocada en el mercado interno y poco preparada para competir globalmente.
“Cuando miramos los agregados agrícolas que tenemos y los comparamos con nuestros competidores, en general eso es mucho más chico y tenemos un desafío en cómo resolvemos eso”, remarcó. En ese sentido, mencionó el caso de Australia como ejemplo de articulación entre el sector público y privado para posicionar sus productos en el mundo. “Australia invierte enormes recursos para financiar parte del posicionamiento y la promoción comercial”, indicó.
Otro aspecto que marcó como pendiente es el bajo valor agregado de las exportaciones argentinas. Según explicó, el precio promedio de exportación del país es considerablemente menor al de competidores como Australia, Brasil o Malasia. “Calculamos que el precio promedio de todo lo que exporta la Argentina es menos de la mitad del precio promedio que exporta Australia”, afirmó.
Para el especialista, si la Argentina lograra mejorar la diferenciación de productos y aumentar el valor agregado, las exportaciones podrían dar un salto significativo. “En lugar de US$80.000 millones, el sector generaría exportaciones por US$120.000 millones”, proyectó.
En esa línea, insistió en la necesidad de construir “una nueva narrativa” sobre la agricultura argentina, tanto hacia la sociedad local como frente a los mercados internacionales. “Somos la solución pero la gente nos ve como el problema, entonces debemos trabajar en el posicionamiento para tratar de mejorar la imagen internacional”, sostuvo.
Regúnaga también destacó la relevancia estratégica de la Hidrovía y del corredor bioceánico, así como la importancia de avanzar en acuerdos internacionales. Consideró que el acuerdo Mercosur-Unión Europea puede representar una oportunidad para agregar valor y mejorar el posicionamiento externo: “Tenemos que aprovechar este acuerdo con la Unión Europea para perfeccionar o hacer que el Mercosur funcione bien y, si no, redefinirlo”.
Por su parte, Piñeiro analizó el escenario geopolítico global y afirmó que el contexto internacional es “muy incierto y complejo”. Según explicó, uno de los principales factores que marcarán el futuro será el rol de Estados Unidos en la economía y la política mundial: “El contexto global es muy incierto y complejo. Es muy difícil hacer predicciones sobre su posible evolución y sus consecuencias sobre el comercio”.
El especialista sostuvo que la política internacional estadounidense se basa en tres grandes objetivos: mantener la hegemonía económica, controlar los océanos y consolidar la doctrina de “Las Américas para los americanos”.
Según detalló, Washington está utilizando instrumentos comerciales y políticos de manera cada vez más agresiva: “Su accionar es transaccional y utiliza el poder económico y militar para lograr objetivos comerciales y económicos”.

Por último Piñeiro alertó sobre el impacto que pueden tener los conflictos marítimos internacionales en sectores estratégicos como el agro, especialmente por el efecto sobre combustibles y fertilizantes. En cuanto al acuerdo Mercosur-Unión Europea, consideró que representa “una gran oportunidad política” y una posibilidad concreta para profundizar la integración regional. Señaló que el acuerdo puede ayudar a vincular más estrechamente a la región con países que buscan mantenerse al margen de la disputa entre Estados Unidos y China.
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