
Con la balanza comercial desfavorable
La Argentina logró durante los años 90 ganancias de su comercio con Brasil, pero la devaluación y la fuerte reactivación de la economía revirtieron esa tendencia y transformaron al principal socio del Mercosur en el principal proveedor de nuestro país
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Brasil está más caro. Cualquier argentino que cruce la frontera tiene la posibilidad de percibir, en carne propia, cómo el bolsillo sufre el camino opuesto que han recorrido, en los últimos años, la cotización del peso y el real con relación al dólar. La mayoría podría llegar a suponer, incluso, que debido a eso es más difícil para una empresa brasileña vender sus productos en nuestro país y que, por el contrario, las compañías argentinas tienen más chances de concretar negocios en Brasil.
Pero las cifras que arroja el comercio entre ambos países no responden a esta lógica. Más aún, indican exactamente lo contrario.
Basta, para confirmar este postulado, con apelar a un dato del pasado: durante gran parte de la convertibilidad, la Argentina casi siempre le vendió a Brasil más de lo que le compró. En términos técnicos, logró superávit en su balanza comercial. Y fue sólo recién después de la devaluación del peso, a principios de 2002, cuando, paradójicamente, esta tendencia se revirtió y Brasil comenzó a sacar ventajas. El excedente se transformó así en un déficit que se amplió hasta alcanzar, en los primeros once meses de este año, la cifra récord de US$ 3494 millones, casi un seis por ciento más que en el mismo período del año anterior. El fenómeno llama aún más la atención si se tiene en cuenta que sólo ocurre con Brasil.
No existe una razón única que explique por qué la Argentina, ahora, importa desde Brasil más de lo que exporta. Economistas, tanto argentinos como brasileños, así como empresarios locales, brindan un amplio abanico de razones que van desde las diferencias en las estructuras productivas y la agresividad exportadora, hasta situaciones un tanto más circunstanciales, como la brecha que existe entre las tasas de crecimiento de una y otra economía. “La expansión argentina demanda más que la brasileña”, es el argumento más escuchado. “La Argentina presenta un crecimiento mayor de sus importaciones como resultado del crecimiento de la demanda interna. Y también, en menor medida, ha habido un aumento en los términos de intercambio en favor de Brasil. Es decir, hubo subas de precios que favorecieron las exportaciones de Brasil para la Argentina, pero estas fuerzas ahora pierden intensidad y deberían estabilizarse o revertirse el año próximo”, explicó, desde San Pablo, el economista jefe del Banco Itaú, Tomás Málaga.
Con él coincidieron, a grandes rasgos, sus colegas argentinos. Desde la óptica de los empresarios, el presidente de la Cámara Importadora de la República Argentina (CIRA), Diego Pérez Santisteban, recordó cómo Brasil comenzó a sacar ventajas durante la crisis: “El default provocó una reticencia de crédito para la Argentina y, por ende, para las empresas, y eso afectó mucho las importaciones, independientemente de que cayeron también por la devaluación. Esta pérdida de crédito hizo que los brasileños, por estar más cerca y conocer más a las empresas y a los argentinos, aprovecharan el contexto y fueran los primeros en reaccionar y comenzar a venderle más al país”.
El director de abeceb.com y ex secretario de Industria, Dante Sica, completó esta visión: “La devaluación encareció las importaciones de bienes de capital, que por lo general provenían de afuera del Mercosur. Hoy, uno de los principales mercados de origen es Brasil. Lo que antes traíamos de afuera, ahora lo traemos de Brasil".
Un dato aportado por Pérez Santisteban sostiene este argumento: antes de las crisis, el 25% de las importaciones que concretaba la Argentina nacían en Brasil; ahora, esa cifra se elevó hasta superar el 34 por ciento.
Que Brasil haya desplazado al resto de los países para consolidarse como el principal proveedor de la Argentina, sumado al apetito de una economía en franco crecimiento explica, parcialmente, por qué el superávit se convirtió en déficit.
De hecho, los dos principales productos que nuestro país trae desde Brasil son automóviles (13,1% de las importaciones totales) y teléfonos celulares (6,1%), dos bienes cuyo consumo está en pleno auge. Los otros rubros que se destacan incluyen insumos y bienes de capital para el agro y la industria, dos de los sectores que más invirtieron desde la reactivación. Se trata de autopartes y accesorios para la el sector automotor; insumos para la industria química y plástica, como polímeros y productos intermedios de hierro; tractores y cosechadoras para el agro, y otros bienes intermedios, como acero, y papel y cartón estucados, según señala un informe de abeceb.com.
Pero mientras la Argentina encontró en Brasil un proveedor cercano y conocido que, además, le ofrece muchos de los bienes que necesita para alimentar el crecimiento a un precio más favorable que el resto, el país más desigual del mundo transitó el camino opuesto, sustituyendo importaciones argentinas por producción local. "Siempre hubo déficit en el sector de bienes industriales. Pero se compensaba con un superávit por la venta de combustibles y productos primarios, como trigo, más algunas manufacturas agroindustriales. Ahora, en el sector industrial el déficit aumentó por el crecimiento argentino y adonde teníamos superávit ahora es menor porque Brasil está autoabastecido", destacó Sica.
Se refería, concretamente, al petróleo, que este año se dejó de exportar porque la política energética brasileña logró ampliar la producción local hasta cubrir toda la demanda. "Brasil importa menos combustibles y menos alimentos que antes por el desarrollo del agro y el sector energético, más que en algunos sectores brasileños, han estado invirtiendo cuando la Argentina no lo hacía. No sólo aumentaron su capacidad productiva, sino que, además mejoraron su inserción internacional, porque más que duplicaron en los últimos cuatro años sus exportaciones. Ahora son los reyes de la carne en el mundo", agrega el presidente de la Cámara de Exportadores (CERA), Enrique Mantilla.
Agresividad exportadora
"Cuando se plantea el tema con Brasil se termina planteando un tema mayor, que es el de los incentivos a la producción de bienes exportables, y que en nuestro país están alterados a través de, por ejemplo, las retenciones", indicó el economista jefe del Ieral, Jorge Vasconcelos. Sica ahondó sobre este punto. Sostuvo que el principal socio comercial del Mercosur brinda más apoyo a su industria -financia a tasas bajas sus ventas al exterior a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), por citar un ejemplo- y que está más acostumbrado a generar negocios fronteras afuera. "Vamos en ese camino", relativizó.
Esta explicación encierra dos temas que también ayudan a entender las asimetrías en el comercio: la antigüedad de la cultura exportadora brasileña -tanto del Estado como del sector privado- y el rol de las inversiones. El director de la consultora Exante, Aldo Abram, apuntó que, a largo plazo, es la inversión y no el tipo de cambio lo que define la capacidad exportadora de una economía. "Cuando se crean condiciones que favorecen la inversión productiva, como condiciones de seguridad jurídica que hoy no existen en la Argentina, se genera una mayor eficiencia que permite ser más competitivo y exportar más y aumentar más las exportaciones en el sector industrial", dijo. Esta es, indicó, una de las razones por las cuales hubo superávit comercial con Brasil durante la década pasada y de por qué ahora crecen las ventas al exterior de la industria.
No es ninguna novedad que Brasil tiene, además, una mayor agresividad comercial. Consciente de esto, la Cancillería busca reducir la brecha con una estrategia más incisiva. Intenta desterrar la influencia de San Pablo, adonde llega el grueso de las exportaciones argentinas para luego ser distribuidas al resto del país, intensificando las acciones de promoción con el objetivo de llegar directamente al resto de las ciudades brasileñas y explotar nuevas oportunidades, especialmente para las manufacturas de origen industrial.
Una brecha que se cierra
De hecho, el aumento en las ventas del sector fabril a Brasil -que todos destacan- ha impedido que el déficit, que cuando finalice el año rozará los US$ 4000 millones, sea aún mayor. Salvo el trigo, entre los quince productos más exportados catorce surgen de la industria, según datos de abeceb.com. En grado de importancia, se destacan los combustibles, los automóviles y vehículos para el transporte de cargas, las autopartes, químicos como el sulfato de minerales de cobre, plásticos como el polímero y el polietileno, y los agroquímicos.
Otro dato que tanto empresarios como economistas citan a la hora de desdramatizar las pérdidas comerciales con Brasil es la tendencia del fenómeno: el déficit tocó este año su techo, coinciden, ya que la segunda economía latinoamericana acelerará su crecimiento en 2007, a diferencia de la Argentina. Los números avalan la opinión general. "Las exportaciones argentinas ya crecen a una tasa mayor que las importaciones de Brasil a nuestro país. En el acumulado de los últimos doce meses aumentaron un 23,5 por ciento, contra un 18,5 por ciento de las compras", indicó Rodrigo Benítez, economista de Alpha Estudio de Economía.
Los consultados también argumentaron que la Argentina mantiene un sólido excedente comercial con el resto del mundo -apoyado, en gran parte, en el alto precio internacional de los commodities-, que nutre de divisas a la economía local. "Lo que más nos debería importar es vender en aquellos lugares donde podemos vender más caro, e importar desde donde podamos comprar más barato a una calidad razonable", explica Aldo Abram. Y Brasil puede haberse encarecido, pero no tanto como otros países.






