De la China a Zaira. La historia del cuidaperros que eligen las famosas

Marcelo Bossart fue remisero, modelo, entrenador y hasta trabajó en una empresa constructora; fundó su emprendimiento de cuidado de mascotas en Leloir hace 12 años; cobra entre $1000 y $1500 diarios, y tiene entre sus clientes a varias actrices y modelos
Marcelo Bossart fue remisero, modelo, entrenador y hasta trabajó en una empresa constructora; fundó su emprendimiento de cuidado de mascotas en Leloir hace 12 años; cobra entre $1000 y $1500 diarios, y tiene entre sus clientes a varias actrices y modelos Crédito: Gentileza Marcelo Bossart
Josefina Marcuzzi
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14 de enero de 2020  • 13:28

Cuando tenía 16 años, Marcelo Bossart aprendió el valor de tener su propio dinero. Gracias a su belleza y a su altura comenzó a hacer trabajos como modelo publicitario en Argentina, México, España y Chile. Desde entonces y durante su juventud, en la década del 90, encaró proyectos diversos: estudió para ser guardavidas, fue paseador de perros en Devoto, remisero en la agencia de un amigo en Chacarita, trabajó en una empresa constructora y hasta probó de entrenador, dando clases de "funcional".

En 2008, Marcelo era empleado de comercio en una marca de ropa. Tenía 33 años, había vivido dos años en México, se había casado y divorciado. Su pequeña hija Martina vivía con su mamá. Se sentía un poco perdido. "Atendía gente en un local en pleno Palermo, estaba cansado y aburrido, cuando me dije: 'Pará. Tengo una casa, estoy separado, no dependo de nadie. Voy a concretar esta idea: tener un servicio de guardería de perros'", cuenta.

Hoy, 12 años después de aquella idea, Guardería Leloir es el espacio que eligen las famosas para dejar a sus perros cuando se van de vacaciones: María Eugenia 'China' Suárez, María del Cerro y Zaira Nara son algunas de las fieles clientas de Marcelo.

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El servicio funciona en Ituzaingó, a 20 minutos de Capital Federal, en un terreno enorme con casa, parque, árboles y pileta. "Con el dinero ahorrado en todos los trabajos hice una inversión mínima, porque ya tenía el lugar. Lo acondicioné, pensé los espacios para los perros y cómo iban a convivir conmigo. Hoy tengo siempre entre 20 y 25 que me acompañan", explica.

A cada posible cliente Marcelo le hace un formulario en el que debe informar algunos datos de su perro: la edad, la raza, el alimento que consume y si tiene alguna enfermedad. Luego le envía un presupuesto, que oscila entre los $1000 y $1500 por día según el tamaño del animal, la cantidad de días que se quedará bajo su cuidado y si se trata de un cliente asiduo.

Marcelo Bossart es el dueño de Guardería Leloir; tiene lugar para albergar hasta 25 perros
Marcelo Bossart es el dueño de Guardería Leloir; tiene lugar para albergar hasta 25 perros Crédito: Gentileza Marcelo Bossart

Durante la estadía les envía fotos y videos a las familias, y un reporte diario a través de Instagram Stories. El servicio no incluye el alimento (cada dueño debe proveer el que corresponde) y requiere de una primera visita de adaptación para que la mascota conozca el lugar. Además, son opcionales los servicios de traslado, baño y peluquería.

"Creo que es un gran negocio porque la inversión inicial es muy baja comparada con la rentabilidad que tuve, sobre todo en los últimos cuatro años. Los costos de mantenimiento no son más que la casa, los impuestos y una persona para las tareas de limpieza", explica Marcelo. Una marca de alimento balanceado de origen francés es uno de los principales sponsors que tiene Guardería Leloir.

Marcelo Bossart y María Eugenia "China" Suárez, una de sus clientas más conocidas
Marcelo Bossart y María Eugenia "China" Suárez, una de sus clientas más conocidas Crédito: Gentileza Marcelo Bossart

Todos los días se levanta entre las 5.30 y las 6 de la mañana, hace una limpieza profunda del lugar y comienza una ronda de paseos en tandas. Los perros están organizados en grupos según su tamaño (grandes, medianos y pequeños) para preservar el bienestar de todos los animales.

El concepto, insiste una y otra vez, es "como en casa": que el perro esté igual o mejor que cuando está con sus dueños. "De hecho, muchas veces me pasa que los clientes me dicen que los ven 'deprimidos' cuando regresan. Y eso es porque se acostumbran, durante siete, 10 o 15 días a vivir en manada y estar felices, rodeados de sus pares", sostiene.

Marcelo tuvo una adolescencia difícil. Su padre no apoyaba sus proyectos, le cuestionaba las ideas. A los 18 años tuvo que hacerse cargo de su grupo familiar. A pesar de todo, él siempre supo que no quería ser empleado, ni cumplir horarios, ni trabajar en una oficina; cada emprendimiento le sumó experiencia para alcanzar el proyecto que hoy considera exitoso. "Yo no estaba educado financieramente, tuve que aprender a hacer presupuestos, a ordenar cuentas, a completar planillas. Pero después de 12 años y mucho esfuerzo, creo que alcancé un gran objetivo", se entusiasma.

Para Marcelo, su abuelo paterno es un ejemplo de vida y de éxito: de origen suizo-alemán, fue quien trajo a la Argentina la marca de chocolates Suchard, y se hizo multimillonario con ese negocio. "No sé qué pasará dentro de 10 años, y eso es lo que más disfruto: quizás esté encarando un nuevo emprendimiento. Esta es mi vida. Mis ganas de progresar, de nunca vivir en una rutina y de ser completamente independiente", concluye.

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