Dejó su carrera de diplomático y ahora factura $2 millones produciendo gin y alimentos artesanales
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Hace 18 años Simón Venghi trabajaba en ceremonial y protocolo de Cancillería cuando llegó a a una encrucijada en la que tenía que decidir si iba a seguir la carrera de diplomático o se iba a dedicar a su pasión: hacer licores con la receta de su abuela. Al principio trabajaba hasta las 16 en el Palacio San Martín y de allí salía a vender sus productos en licorerías hasta las 22. Lo mismo hacía los fines de semana. Pero cuando llegó a ganar lo mismo trabajando en dependencia que en su emprendimiento decidió dedicarse full time a Bonsembiante Licores Premium.
Con licores de limón, naranja, mandarina y pomelo que ganaron premios internacionales, luego hizo otra apuesta en 2013 por un desafío que le planteó su abuelo y en un contexto de restricción de las importaciones. "Mi abuelo, James Deakin, me propuso hacer un gin como el de las grandes marcas internacionales, pero destilado acá y, como ya tenía a mis proveedores, me decidí a seguir en la misma línea de las bebidas espirituosas. Además, en esa época, hace unos cinco años, entraba poco gin", explicó a LA NACION sobre el origen de James Deakin Gin.

Pero con las bebidas no alcanzó y, fanático del buen comer, buscó incluir sus productos en la comida. "Como yo pesco con mosca en el sur, me gustaba mucho la trucha y el salmón. Vi en Escocia que había pencas de salmón noruego con whisky, entonces me dije: vamos a probarlo con gin y empecé a hacer unas pruebas en un ahumadero de la provincia de Buenos Aires con salmón de Chile", contó.

La idea era que un sabor no matara al otro: que se sintiera el salmón, el ahumado y un dejo de gin, algo que logró tras seis meses y luego también volcó a otros productos, como el ciervo y el jabalí. El concepto es el mismo, pero los procesos distintos: en el caso del salmón y la trucha estas son maceradas con gin, mientras que el ciervo y el jabalí son curados con la bebida alcohólica en un ahumadero de Villa La Angostura.
En cuanto a sus clientes, Venghi dijo que vende sus productos a vinotecas, casas gourmet, bares, restaurantes, pescaderías y supermercados y que está en tratativas para exportar las botellas de gin a Estados Unidos, Uruguay y Lituania. Con la exportación, la idea es multiplicar por cinco su facturación y llegar a cerca de $10 millones de pesos al año.
Pero antes de exportar, sumaría un producto más: dos vinos Malbec y Cabernet, con base de roble francés, que está produciendo en Mendoza. Y no piensa en parar: quiere fabricar su agua tónica y está organizando distintos tipos de eventos para atraer a más distribuidores que los 14 con los que ya trabaja en la Argentina.
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