Default o no default: qué pasaría con la economía argentina en cada uno de esos escenarios

Si la renegociación encarada por el Gobierno con los acreedores termina en acuerdo, habrá cierto alivio, pero no una reactivación inmediata, según advierten los economistas; si el resultado es negativo, se profundizará la crisis, con más inflación, nulo financiamiento externo y derrumbe de inversion
Si la renegociación encarada por el Gobierno con los acreedores termina en acuerdo, habrá cierto alivio, pero no una reactivación inmediata, según advierten los economistas; si el resultado es negativo, se profundizará la crisis, con más inflación, nulo financiamiento externo y derrumbe de inversion
Carlos Manzoni
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15 de marzo de 2020  

Se acercan días de definiciones sobre la reestructuración de la deuda pública argentina y, como en la primera escena de la película Match Point, de Woody Allen, el futuro para el país puede ser muy diferente según el lado en que caiga esa "pelota" de la negociación que hoy corre por la banda superior de la red: si pica de un lado, será default y agudizará la crisis actual, si pica del otro, será alivio y promesa de una lenta recuperación.

Sucede que, siguiendo con la alegoría del partido de tenis, un default dejaría al país "fuera del torneo" del crédito y las inversiones externas, entre otros males, pero sortear airoso esa instancia no significaría levantar el trofeo del éxito económico, sino que apenas daría el pase hacia la siguiente "ronda" de una lenta y pesada recuperación económica.

En este contexto, surge la pregunta de cuáles serían las consecuencias concretas de una u otra opción en la economía argentina, más allá de que la mayoría de los analistas consultados por LA NACION ven como muy lejana la posibilidad de un default y afirman que el Gobierno tiene margen para esquivarlo.

Matías Rajnerman, economista jefe de la consultora Ecolatina, dice que lo más probable es que se logre reestructurar bien la deuda y bajar los compromisos en dólares. "De ser así, no se va a reabrir el acceso al financiamiento, pero sí se van a necesitar menos divisas para pagar la deuda reestructurada. Entonces, en este escenario de cepo, el Banco Central va a poder planchar un poco más el tipo de cambio", explica.

Además, analiza Rajnerman, no va a haber tantas presiones por el lado de la brecha cambiaria, por lo que la inflación se desaceleraría, dando así un impulso al salario real, que podría empezar a recuperarse en la segunda parte del año. "En ese contexto también estimo que las tarifas se descongelarán de manera paulatina y que 2020 cerraría con una caída de la actividad de 2%. No es un escenario optimista, pero es el menos malo", afirma el economista.

Más allá de que salvarse del default sería una buena noticia, eso no hará magia por sí solo. "Las inversiones tampoco van a llegar, porque esta posible estabilización va a ser muy tibia y no alcanzará para alentar el desarrollo del capital físico o productivo. En este escenario, proyecto una inflación levemente por debajo del 40% y el dólar oficial en 80 pesos", afirma Rajnerman.

En tanto, si no se logra esquivar el default, lo primero que va a pasar es que se va a disparar la brecha cambiaria, porque la gente no va a querer los pesos y se va a ir a los distintos dólares a los que pueda acceder (blue, bolsa, etcétera). Además, es probable que las reservas comiencen a caer, y, por lo tanto, algunas importaciones se empezarán a hacer al tipo de cambio paralelo. "En resumen, aumentaría la inflación, no mejoraría el crédito, empeoraría la capacidad productiva y se agudizaría la caída del consumo. En números: la inflación estaría arriba del 60% y la caída del PBI sería mayor al 2,5%", concluye el economista.

Por su parte, Roque Fernández, miembro del Consejo Superior del CEMA, exministro de Economía y expresidente del Banco Central, comenta que en un escenario de reestructuración exitosa de la deuda se lograría estabilizar la economía, pero no cabría esperar una rápida recuperación.

Aun así, Fernández dice que el acuerdo va a tener una debilidad, porque lo que se ve acá es que el nivel de gasto público no es sustentable. "Si se reprograma la deuda, se podrá decir que se salió de una zona conflictiva, pero todavía se estará lejos de resolver el problema de fondo, que es el tema fiscal. Sería solo arreglar la contabilidad", acota el economista y exfuncionario.

Para el que piensa que un arreglo con los acreedores le quitaría fondos al actual gobierno para seguir adelante, Fernández señala que eso no es así, porque una reprogramación de la deuda a tres años exigiría pagos recién en 2023. Igualmente, advierte: "Eso saca el problema de la deuda por tres años, pero aun así no cierran las cuentas. Porque tenemos un déficit global de 6% respecto del PBI. La deuda representa la mitad, pero queda la otra mitad, que habrá que financiar sin acceso al mercado de capitales y sin más margen inflacionario", analiza.

En caso de caer en default, el panorama que describe Fernández es sombrío: crecerá la mala reputación, nos volverán a embargar la Fragata Libertad y otros bienes, tendremos más inflación (por encima del 50%), podría dispararse el dólar, el empleo seguirá en caída y disminuirá el poder adquisitivo de los salarios.

En lo que respecta a inversiones, Soledad Pérez Duhalde, economista de la consultora Abeceb, dice que la diferencia entre un escenario con default y otro sin default será solo la intensidad de la caída, porque, según opina, en ningún caso se van a recomponer. "No habrá que esperar llegada de capitales hasta que no haya reglas de juego claras", indica.

Para esta economista, lo único que hará la renegociación exitosa será permitir que se empiece a clarificar el panorama para adelante, pero para que vengan inversores se deben dar señales claras sobre lo que va a pasar con la inflación, con el mercado de importaciones, con el giro de divisas, etcétera. "Por eso, mi estimación de inversión en el caso de no default es de una caída de 3,5%, desde un nivel que ya es muy bajo", agrega Pérez Duhalde.

Su visión para un hipotético default es que, en ese caso, se va a producir una profundización de la caída de la inversión, que se derrumbaría un 5,5%. Como consecuencia de esto habrá mayores distorsiones de precios relativos, se prolongará el congelamiento de tarifas, el Gobierno profundizará su política expansiva en gasto público (financiado con emisión, lo que aumentará la inflación), suba del desempleo y pérdida de poder adquisitivo de los salarios", detalla Pérez Duhalde.

Iván Cachanosky, economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso, remarca que lo primero que debe tenerse en cuenta es que una reestructuración de la deuda es condición necesaria pero no suficiente para que la economía argentina comience a funcionar. "Entendido esto, se pueden empezar a analizar los dos resultados posibles de la renegociación: default o acuerdo", dice.

En caso de que se logre evitar la cesación de pagos, observa Cachanosky, seguramente se ganará algo de confianza y se generará algún optimismo. No obstante, enmarcado en el episodio del coronavirus, la magnitud del optimismo se puede ver reducido, dependiendo de cómo evolucione la pandemia. "Un punto importante es que, más allá del escenario mencionado, evitar el default ni por asomo generará que vengan inversiones. Solo habrá chances de que vengan si se hacen las reformas estructurales y muestra un sendero hacia el superávit fiscal", razona el economista.

Hasta ahora, lo que se sabe es que habrá déficit primario cero recién en 2023 y, como el Frente de Todos no quiere realizar un acuerdo de facilidades extendidas con el FMI, lo más probable es que las reformas estructurales estén ausentes. "En otras palabras, el plan del Gobierno es un plan de emergencia, pero no de crecimiento sostenido solucionando los desequilibrios macroeconómicos estructurales", dice Cachanosky.

En un escenario de cesación de pagos, el riesgo país sería más alto. Además, producto de que la Argentina es una economía bimonetaria -es decir, realiza pagos en pesos pero ahorra en dólares-, la presión para comprar divisa extranjera continuará aunque siga existiendo el cepo. Pero este incremento de demanda no se verá acompañado por un aumento de oferta de dólares. Esto ocurrirá porque, en default y con cepo, los dólares no se animarán a ingresar. Lo cual es lógico, hasta instintivo.

Una historia con manchas

Por otro lado, no hay que perder de vista que, de no llegarse a un acuerdo, entrará en juego el track record que tiene el país en términos de default. La Argentina es un defaulteador serial y, de entrar en cesación de pagos, sumaría el noveno episodio de este tipo a su ya manchada historia. Esto implicaría incrementar aún más la crisis de confianza.

Por último, añade Cachanosky, si el Gobierno lograra evitar un default, inyectar pesos en la economía no garantiza que ésta se reactive. Si bien es cierto que el nivel de capacidad ociosa es elevado, poner pesos en la economía no equivale a que las pymes saquen el polvo a las máquinas y se pongan a producir más.

Nuevamente, el problema sigue siendo la confianza, porque nadie producirá si no cree que le van a comprar. "El problema es que la lógica de poner plata en el bolsillo de la gente está mal pensada de raíz, porque el consumo es una consecuencia de la producción y no a la inversa. Nadie puede comprar bienes si estos no se producen. Por esta razón, lo que se debería pensar es cómo incentivar la producción y facilitarle el medioambiente económico a los emprendedores", sugiere Cachanosky.

¿Cómo se logra eso? Con un conjunto de medidas que busquen mejorar la competitividad de la Argentina en términos de equilibrio general. Por ejemplo: 1) la baja de impuestos, 2) el combate a la industria del juicio, 3) la reducción del gasto público y del tamaño del Estado, 4) la reforma laboral.

Ariel Coremberg, director del Centro de Estudios de la ProductividadProfesor UBA, Udesa y Ucema, dice por su parte que, si se va a default, esto no va a ser declarado en el Congreso (como hizo Rodríguez Saa en 2001), pero va a generar una crisis en el corto plazo, porque el país se quedará afuera del mundo por un tiempo largo. ¿Esto qué implica? No solo una profundización de la recesión que se vive en los últimos años, sino una depresión económica.

Esta mala situación comprende mayor caída del PBI, más derrumbe del consumo y corte total de la posibilidad de la llegada de inversiones. Para peor, esto se daría en medio de una merma de las exportaciones derivada del efecto coronavirus. "Además, esta crisis sería más duradera que otras, debido a que la Argentina repetiría un nuevo default en pocos años, algo que no es normal en ningún país del mundo", acota Coremberg.

Si se logra reestructurar la deuda, la crisis obviamente será más moderada. Pero hay que tener cuidado, advierte Coremberg, porque se sigue sin plan de estabilización y crecimiento. "Eso quiere decir que, si bien se habría sorteado la posibilidad de default de los bonos con ley Nueva York, todavía quedaría por resolver la falta de una estrategia clara de pago de los bonos con jurisdicción argentina, entre ellos los bonos en pesos", puntualiza el economista.

Ahí se abre una nueva incógnita para el Gobierno: si se pagaran esos bonos en un contexto de falta de credibilidad y de crisis mundial, se correría el riesgo de que los inversores decidan ir con esos pesos al dólar (con lo que aumenta su cotización y fogonea la inflación), mientras que, si se siguieran reperfilando, aumentaría la incertidumbre entre los acreedores y se estaría técnicamente en un default selectivo.

Panorama difícil el que se le presenta a la Argentina en estos tiempos, mientras la imaginaria pelota de tenis sigue con su recorrido sobre el filo de la red. "Punto por punto", suelen decir los tenistas, algo que bien se puede aplicar a este caso: primero, habrá que evitar el default, para después encarar la reactivación de la economía que, incluso con ese alivio, no resultará tarea sencilla.

Cómo quedarían las variables económicas según cada resultado

La caída en cesación de pagos agudizaría la caída del nivel de actividad, haría subir el dólar, derrumbaría el consumo y alejaría por largo tiempo las inversiones

  • Nivel de actividad sin default: Recibiría un soplo de alivio, pero lejos estaría de experimentar una fuerte recuperación; además, en medio de un escenario de coronavirus, lo que se espera es una caída de 2% del PBI (producto bruto interno).
  • Nivel de actividad con default: Se profundizaría la crisis económica y, por lo tanto, el nivel de actividad caería más de 2,5% del PBI, en un contexto de nulas inversiones, derrumbe del consumo y aumento del dólar.
  • Tipo de cambio sin default: El dólar oficial se situaría en valores cercanos a 80 pesos, dado que el Banco Central podría planchar un poco más el tipo de cambio. Además, habría menos presión sobre la brecha cambiaria.
  • Tipo de cambio con default: La brecha cambiaria se dispararía, porque la gente descartaría sus pesos y correría a refugiarse en los dólares a los que pueda acceder (los permitidos a precio oficial, los paralelos y los vinculados a la bolsa, entre otros). La cotización podría superar los 95 pesos.
  • Inversión sin default: No necesariamente empezarían a llegar las inversiones, porque, si bien estaría resuelta una parte del problema (la deuda), aún restaría asegurar a los inversores reglas claras: qué pasará con la inflación y con el giro de divisas al exterior, entre otras. La inversión caería 3,5%.
  • Inversión con default: Se alejaría la posibilidad de llegada de capitales por un largo tiempo, dado que el nuevo default se sumaría a la triste historia de incumplimientos de pagos que tiene la Argentina y que lo coloca entre los países más riesgosos. La inversión se derrumbaría 5,5%.
  • Inflación sin default: Se espera que se desacelere y que termine el año en valores que se ubicarían levemente por debajo de 40%, algo que daría un respiro al bolsillo de los asalariados y podría incrementar el consumo.
  • Inflación con default: Podría dispararse a valores superiores al 60% anual, en un contexto de agravamiento de las variables que ya están complicadas en la actualidad.
  • Consumo sin default: Esta variable ya viene muy golpeada, por lo que se estima que en un escenario de no default igual caería este año, en el orden de 4%.
  • Consumo con default: El derrumbe puede ser grave si se cae en default, por lo que los analistas estiman que la caída podría ser de entre 6% y 8% al terminar 2020.
  • Acceso al crédito sin default: No estará garantizado que el crédito repunte. Es ahí donde, según los economistas, el plan económico que presente el oficialismo deberá generar la confianza necesaria para cambiar los ánimos en la economía doméstica.
  • Acceso al crédito con default: Se cortaría por completo el crédito externo, al tiempo que el doméstico sería muy difícil de conseguir. Podrían llegar a necesitarse años para que se recupere la confianza de los mercados.

Ecoglosario

  • Qué significa caer en default: es el incumplimiento de las obligaciones legales o de las condiciones de un préstamo; por ejemplo, es lo que ocurre cuando una corporación o un gobierno no es capaz de pagar un bono una vez llegado su vencimiento. Un default "soberano" o "nacional" es la incapacidad o el rechazo de un estado o país de cumplir con su deuda.
  • Reestructuración de deuda: consiste en establecer nuevas condiciones en el pago y/o el tipo de interés de la deuda vigente de un país o de una empresa. Este proceso requiere de una renegociación entre el acreedor y el deudor o los deudores. En ocasiones, se procede a refinanciar la deuda previamente contraida a través de la emisión de nuevos préstamos.
  • Paridad de bonos: es el vínculo que hay entre el valor técnico del bono y su precio de mercado: se divide el precio del bono por el valor técnico del bono (el valor nominal más los intereses corridos). Ese ratio da la paridad y cuando está al 100% es porque el precio de mercado coincide con el valor técnico. La proporción indica si el bono está cotizando en el mercado por encima, por debajo, o a la par de lo que se supone que vale.

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