Dujovne, un economista que llegó con bajo perfil y fue empoderado por el FMI

Fuente: Archivo
Francisco Jueguen
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17 de agosto de 2019  • 19:01

Nicolás Dujovne fue hasta el domingo pasado el ministro más poderoso del gabinete de Mauricio Macri. Tras los resultados de las PASO, en cambio, se convirtió en el primer apuntado cuando las interpretaciones políticas de la derrota dentro del oficialismo encontraron finalmente una causa en la apuesta económica que había hecho el Gobierno en el último año y de la cual Dujovne era el compadre junto al equipo técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Hasta la semana pasada, Dujovne fue la cara del marco económico que quedó deslegitimado por la sociedad. Encaró un profundo ajuste fiscal impulsado por el Gobierno y profundizado por el FMI, mantuvo influencia en el Banco Central (BCRA), donde conduce su ex viceministro, Guido Sandleris; y fue parte de todas las decisiones vitales de cada ministerio, ya que las mismas debían pasar por sus manos para la aprobación de los recursos necesarios.

Fuentes cercanas al ministro contaron a LA NACION, que Dujovne había presentado su renuncia el martes y que, finalmente, hoy fue aceptada por el presidente Mauricio Macri. "Dujovne entendió que con el resultado del domingo pasado era necesario un recambio en el equipo económico. Que alguien tenía que asumir la responsabilidad", contaron.

Dujovne, indicaron las fuentes oficiales, estará disponible para encarar la transición con el nuevo ministro de Hacienda, que será Hernán Lacunza, hasta hoy su par en la cartera de Economía en la provincia de Buenos Aires. "Nicolás está tranquilo. Tomó la decisión con calma y entendiendo que era necesario desde la lógica de un equipo económico responsable", dijeron.

Hombre de perfil bajo pese a ser elegido, entre otras virtudes, por tener gran capacidad de comunicación, tras su paso como columnista del programa Odisea Argentina, conducido por Carlos Pagni en LN+. Radical, economista recibido en la UBA con un posgrado en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), llegó al Ministerio de Hacienda a comienzos de 2017 cuando Alfonso Prat-Gay fue despedido por Mauricio Macri. El Presidente buscó justamente un profesional ordenado y obsesivo de la planificación que diera la batalla contra el déficit fiscal y que no tuviera ambiciones políticas.

El exjefe de asesores del viceministro Pablo Guidotti en 1997 y 1998, miembro del directorio del Banco Central (BCRA) en representación del Ministerio de Economía, consultor del Banco Mundial (BM) y ex economista jefe del Banco Galicia, estuvo siempre cerca de la Fundación Pensar, la usina de pensamiento que el macrismo había construido antes de la llegada al poder.

Cuando Dujovne se hizo cargo, el Gobierno tomó la decisión de dividir el Ministerio de Hacienda y Finanzas. Tras la salida de Prat-Gay, Macri buscó diluir la figura de un ministro todopoderoso. El poder quedó encarnado en la tríada compuesta por Gustavo Lopetegui, Mario Quintana y Marcos Peña. Dujovne mantuvo un perfil bajo en Hacienda y un trabajo coordinado, en un primer momento, con el ministro de Finanzas, Luis "Toto" Caputo.

Su primer año fue su mejor año. En 2017, junto a su viceministro Sebastián Galiani, encaró la reforma tributaria, que logró aprobar en el Congreso tras algunos conflictos con sectores industriales por subas de impuestos internos o rebalanceos de contribuciones patronales. La presión fiscal, según sus cálculos, terminará este año casi dos puntos por debajo del que había en 2015. Selló un pacto con las provincias para ordenar fiscalmente sus cuentas y comenzar a bajar los ingresos brutos y el impuesto a los sellos. Una vez ganadas las elecciones, se impulsó un nuevo índice para la actualización de la inflación con intención de bajar más el déficit.

Su primer año terminó con un aumento del producto bruto interno (PBI) de 2,9%, tras un 2016 deslucido por la elevada inflación y la caída de la economía. Esa performance fue clave para que el gobierno de Mauricio Macri ganara las elecciones legislativas de medio término y revalidara su poder.

Tras la crisis que comenzó en abril de 2018 -año que cerró con estanflación- todo cambió. Dujovne buscó maneras devolver la confianza tomando como ancla el equilibrio fiscal, pero nada funcionó hasta la llegada del FMI, una idea que le atribuyen a Caputo. Sin embargo, la relación con Christine Lagarde, ex directora gerente fue potestad exclusiva de Dujovne, y la base de una pelea con el ministro de Finanzas y luego presidente del BCRA.

El restablecimiento de las retenciones a mediados de julio fue un duro golpe para el equipo económico que sostenía que la mejora del equilibrio fiscal debía darse por una baja del gasto (algo que eventualmente logró) y no por la suba de ingresos (que terminó impulsando). Sin embargo, fue la moneda de cambio para poder sellar luego un Presupuesto 2019 con la oposición. Ese presupuesto aletargó además algunas mejoras de la reforma tributaria de 2017.

Con la salida de Juan José Aranguren y Francisco Cabrera un mes antes, y en medio de la turbulencia, el Gobierno había buscado una oxigenación del gabinete que ponía en duda la permanencia de Dujovne (se mencionó a Carlos Melconian como su sucesor). A contramano, esa incertidumbre lo impulsó a un nuevo lugar: ministro coordinador.

Fue clave en ese salto el fuerte vínculo con Washington, particularmente, con Steven Mnuchin, secretario del Tesoro y hombre de confianza de Donald Trump, con los equipos políticos y técnicos del FMI, y con los ministros de Finanzas y Economía del G-20 (Dujovne actuó como coordinador en 2018, cuando la Argentina fue por primera vez el país anfitrión). El cierre del G-20 en Buenos Aires fue quizás el momento de más cercanía entre Macri y Dujovne.

Antes, la llegada de Caputo al BCRA había comenzado a tensar la relación entre el ex secretario de Finanzas y Dujovne. Se montaron entonces dos líneas paralelas con Washington y con la Casa Rosada. Caputo siempre fue un hombre con llegada directa a Macri. La pulseada la ganó Dujovne, luego de que Caputo rompiera las normas que imponía el FMI para intervenir en el mercado cambiario. El pataleo del Fondo dio más poder a la prudencia que exhibía el ministro de Hacienda a la hora de coordinar las acciones económicas con el organismo. Caputo debió renunciar. El BCRA quedó en manos de Sandleris, ex viceministro de Hacienda. Fue un ascenso en el poder de Dujovne dentro del equipo económico de Macri.

Sin embargo, tras lograr un histórico acuerdo -por el significativo desembolso-, una ampliación del mismo y una aceleración de los desembolsos, el Gobierno no logró provocar tranquilidad sustentable en los mercados financieros y cambiarios, hasta abril de este año, cuando finalmente el FMI liberó las manos al BCRA para intervenir si el dólar se disparaba.

"En el día de hoy he decidido presentar mi renuncia al cargo de Ministro de Hacienda de la Nación, que he ejercido desde enero de 2017. Lo hago convencido de que, en virtud de las circunstancias, la gestión que liderás necesita una renovación significativa en el área económica. Considero asimismo que mi renuncia es coherente con la pertenencia a un Gobierno y espacio político que escucha la gente, y que actúa en consecuencia", escribió Dujovne en su carta de renuncia que se conoció este sábado.

"Como bien sabés, puse todo de mí, tanto personal como profesionalmente, para contribuir a la construcción de una Argentina distinta, moderna, integrada al mundo, plural y con los equilibrios macroeconómicos necesarios para un desarrollo sustentable", señaló el ex ministro. "Hemos tenido logros en la reducción del déficit fiscal y del gasto público, en la reducción de los impuestos distorsivos en las provincias, en recuperar el federalismo. También, sin dudas, hemos cometido errores, que nunca dudamos en reconocer e hicimos todo lo posible por corregir", escribió.

"Para mí, ha sido un honor y un orgullo servir a tu gobierno y a los argentinos. Espero que nuestro querido país pueda finalmente torcer un rumbo de décadas de fracasos y alcanzar el objetivo del desarrollo económico y de la eliminación de la pobreza", señaló y agregó: "No tengo más que palabras de respeto y agradecimiento hacia vos, tanto en lo personal, como en tu función de líder político. Un fuerte abrazo". La carta cerró con la firma del ex ministro.

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