Precios y salarios. Para los economistas, la propuesta de Fernández tiene efectividad limitada

Alberto Fernández considera que un acuerdo social es una herramienta clave para enfrentar la crisis en el inicio del próximo mandato
Alberto Fernández considera que un acuerdo social es una herramienta clave para enfrentar la crisis en el inicio del próximo mandato Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
María Julieta Rumi
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16 de septiembre de 2019  • 09:40

Conocida la iniciativa del candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, que busca realizar un acuerdo de precios y salarios por 180 días si asume la presidencia, economistas consultados por LA NACION coincidieron en que esta medida por sí sola resulta ineficiente para luchar contra la inflación, aunque alguno consideró que puede funcionar en el corto plazo y ayudar a alinear expectativas de empresarios y trabajadores.

De acuerdo con el exsecretario de Programación Económica y exministro de Educación, Juan Llach, no hubo casos de éxito duradero de este tipo de acuerdos en el país, aunque listó una serie de factores que pueden ayudar a que funcione. "Se requiere disciplina fiscal, un programa monetario acorde, un contexto de reactivación o crecimiento y metas de inflación realistas. Para países como la Argentina, de inflación alta y crónica y economía bimonetaria, los veo imprescindibles. También hace falta suerte con la economía global o que, al menos, no sea tan mala como en 1975 o en 1998-2001", dijo.

Y agregó que, más allá de un acuerdo de precios y salarios, se debe incluir un acuerdo fiscal amplio, una buena ley de responsabilidad fiscal y un fondo anti-cíclico. También debe haber una política para los precios de los alimentos, sin reprimir las exportaciones, y pueden ser muy útiles las mesas sectoriales.

Sobre casos anteriores en la historia argentina, Llach se refirió a los acuerdos de Perón-Gómez Morales (1952), Onganía-Krieger Vasena (1967) y Perón-Gelbard (1973), "todos ellos con gobiernos fuertes -dos democráticos y uno dictatorial-, lo que posibilitó imponer, más que acordar".

"En 1952 se congelaron salarios por dos años y los almaceneros incumplidores iban presos. El de Onganía -el único con disciplina fiscal- suspendió las convenciones colectivas y fue interrumpido, de hecho, por el Cordobazo. El de 1973 aspiró a inflación cero, imposible e incoherente con el aumento del déficit fiscal y la emisión monetaria para financiarlo, y tuvo el peor final con el Rodrigazo. Cuanto más integral y realista sea el plan, más posibilidades habrá de estabilizar el dólar y la inflación. Pero la experiencia argentina muestra que, con un tipo de cambio fijo, el éxito inicial puede ser mayor y más rápido, pero su final es más explosivo", cerró.

Por otro lado, la directora ejecutiva de Elypsis, Victoria Giarrizzo, también opinó que los acuerdos de precios y salarios pueden funcionar, pero si otras variables de la economía mejoran.

"Si miramos la historia argentina, tenés políticas de acuerdos de precios que funcionaron y muchas otras que no. Ejemplo de casos de éxito pueden remontarse a 1952, cuando Perón crea la Comisión Nacional de Precios y Salarios. Ahora, la misma historia nos muestra que incluso esos supuestos casos de éxito son políticas transitorias, que sirven mientras tanto, y mientras se supone que haces otras cosas para resolver el problema de la inflación. En la primera etapa de Néstor Kirchner también hubo acuerdos de precios, y la inflación estaba contenida. Podemos pensar que esa política de acuerdos fue un éxito, o podemos ser más realistas y en realidad ver que la política funcionaba porque, mientras tanto, tenías otras variables mejorando, tenías ingresos récord de dólares por la soja, una Argentina con bajo endeudamiento, con superávit gemelos, etcétera", explicó.

Martín Vauthier, economista director del estudio Eco Go, también es de la idea de que un acuerdo de precios y salarios puede sumar, pero como un complemento de otra batería de políticas contra la inflación.

"Pueden ser positivos como complemento a un plan anti inflacionario general coordinando y alineando expectativas, pero no pueden ser la base de una política anti inflacionaria. El elemento más importante es un Banco Central creíble y que esté comprometido con la baja de la inflación más allá de que haya meta o no. Tiene que ubicarse en el sendero de una inflación decreciente", señaló.

"Tiene que haber un Banco Central creíble, que no financie el Tesoro, un esquema monetario con tasas de interés positivas para ahorristas y una política fiscal consistente que tienda al equilibrio fiscal. En ese contexto, un acuerdo de precios y salarios como complemento puede funcionar para alinear expectativas de empresarios y trabajadores", agregó.

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En principio, Guido Lorenzo, director de LCG Consultora, dijo que en el escenario actual va a ser difícil conciliar las pretensiones salariales de los sectores que van a estar sentados en la mesa con las restricciones objetivas de la economía (falta de financiamiento externo y déficit fiscal), pero que quizás la iniciativa ayude a evitar un espiral inflacionario de precios y salarios.

"No va a ser la solución contra la inflación, sino que hay que blanquearle a la sociedad cuál es el costo de producir en la Argentina y si podemos tener los salarios que tenemos, pero la mesa de diálogo en los primeros 100 días va a ser vital para evitar una inflación alta o una híper", consideró.

En este sentido, Lorenzo sumó que en esta oportunidad la Argentina tampoco podrá aprovechar un contexto internacional favorable, si existe, porque no va a poder acceder a financiamiento.

"Hay que mirar hacia adentro y ver el costo laboral y la productividad y ver si los salarios son acordes. Se habla mucho del modelo portugués como caso de éxito pero nadie dice que hubo un ajuste de salario. Hubo una caída del salario nominal porque no tienen inflación", apuntó.

Por último, el economista de Econométrica, Ramiro Castiñeira, directamente desestimó el rol de un acuerdo de precios y salarios para frenar la inflación porque para él no surge del sector privado. "Es un error conceptual y grave proponer un acuerdo de precios y salarios porque es pensar que la responsabilidad de la inflación se encuentra entre actores privados. La inflación es responsabilidad exclusiva del Estado. El sector privado solo la sufre. El Estado es el que genera la emisión monetaria. Tenemos 60 años de inflación porque estuvieron todo el día dándole a la maquinita, salvo en la Convertibilidad. Incluso este gobierno lo hizo con los intereses de las Leliq", concluyó.

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