El CCK, de faro kirchnerista a foro de inversión

El centro cultural recibe a partir de hoy, y por tres días, a 1600 CEOs globales
Diego Cabot
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13 de septiembre de 2016  • 11:58

Nadie lo imaginó pero sucedió. El Centro Cultural Kirchner, concebido como un ícono de la simbología kirchnerista se convirtió hoy en el albergue del mundo empresario internacional.

La ballena, ese enorme auditorio ubicado en las entrañas del ex Palacio de las Comunicaciones, estaba a pleno cuando el presidente Mauricio Macri ingresó para dejar inaugurado el Foro de Inversiones.

Quizá Macri tampoco imaginó que después de poco más de una década volvería a ingresar a la vieja sede del Correo Argentino ya no como miembro de la familia que explotaba la empresa estatal cuya concesión rescindió Néstor Kirchner sino como Jefe de Estado.

El CCK pudo ser formalmente inaugurado en mayo del año pasado. La entonces presidenta Cristina Kirchner estuvo rodeada de protagonistas del mundo del espectáculo como Arturo Bonín, Juano Villafañe, Daniel Tognetti , Graciela Dufau, Gerardo Romano, Fernán Mirás, Tristán Bauer, Ricardo Forster , María Seoane, André del Boca, Eduardo Jozami y Estela de Carlotto. En lo que va del año, además de ser la sede de la cena de gala que el Gobierno al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, recibió hoy a 1900 personas de 67 países que representan a 1000 empresas globales.

La corta vida del CCK esconde varias historias. Varias de ellas se relacionan con las sospechas de sobreprecios en el proyecto y muchas más con las complejidad que significó la obra y la mirada cercana de la ex presidenta.

Cuentan que pocos días antes de inaugurar el CCK, la empresa constructora recibió un pedido.

Ya sobre la hora de la apertura, el recado que venía de la cúspide del poder era esculpir en la fachada Centro Cultural Kirchner. La fastuosa obra se debía coronar con el nombre del ex presidente en reemplazo de la leyenda Secretaría de Comunicaciones con la que, en 1928, se inauguró el edificio que sirvió como sede central del Correo Argentino.

Ingenieros y arquitectos le explicaron a los emisarios de la Casa Rosada que el pedido era imposible ya que aquella vieja leyenda estaba esculpida en piedra. Además, el Palacio de las Comunicaciones, proyectado y diseñado por el arquitecto francés Norbert August Maillart, había sido declarado monumento histórico en 1997 por lo tanto, no debía modificarse la fachada.

No hubo caso, el pedido era concreto: sí o sí debía cambiar el nombre. Los constructores, pragmáticos al fin y conocedores de los humores electorales, decidieron capitular. Con un material simil piedra, confeccionaron una pieza que colocaron por sobre aquella leyenda histórica.

Hoy el Presidente pasó por aquel portal que alguna vez fue sede de una de las empresas que creó su padre, Franco. Arriba, sobre la piedra simulada, se leía el nombre del presidente que les rescindió aquella concesión.

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