Cómo el Fondo cedió ante el Gobierno y dio luz verde para frenar al dólar

Fuente: LA NACION
Rafael Mathus Ruiz
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29 de abril de 2019  • 10:59

WASHINGTON.- Tras los últimos azotes de los mercados a la Argentina, el Fondo Monetario Internacional ( FMI ) cedió y respaldó un nuevo retoque en la política del Banco Central , que ahora gozará de libertad para intervenir en el mercado cambiario y controlar la volatilidad del dólar, una preocupación del oficialismo que había devenido en el principal objetivo de política económica del Gobierno para este año.

En la Casa Rosada veían a los saltos del dólar como una de las principales amenazas para el proyecto de reelección del presidente, Mauricio Macri , quien, junto al aval para controlar el valor de la divisa, obtuvo también un otro claro apoyo por parte del organismo multilateral de crédito que dirige Christine Lagarde .

"El Banco Central de la Argentina introdujo importantes medidas para abordar la reciente volatilidad del mercado financiero y del tipo de cambio. Apoyamos estas medidas, que están adecuadamente calibradas para los desafíos que enfrenta la Argentina", dijo el director de Comunicaciones del Fondo, Gerry Rice, en un escueto mensaje difundido en Twitter.

El mensaje de Rice llegó apenas unos minutos después del anuncio del Banco Central sobre la venta de dólares en la banda cambiaria, dentro de la cual, hasta hoy, el tipo de cambio flotaba libremente. Las intervenciones "dependerán de la dinámica del mercado", indicó el Central en un comunicado, un margen de discrecionalidad que era buscado por la Casa Rosada para poder planchar al dólar durante la campaña presidencial.

La nueva política del Banco Central significa, en los hechos, el acta de defunción de la llamada "zona de no intervención" dentro de las bandas cambiarias vigentes.

Es el quinto cambio que sufre la política monetaria y cambiaria del Banco Central en menos de un año de vida del programa argentino con el Fondo. Hace apenas unas semanas, el director del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, y el jefe de misión para la Argentina, Roberto Cardarelli, defendieron el esquema de bandas y abogaron por mantener las reglas. Así y todo, dejaron la puerta abierta a cambios, al afirmar que sería "irresponsable" descartar modificaciones. El esquema, finalmente, fue retocado.

La volatilidad de los mercados, sumada a la presión del Gobierno por una mayor libertad para que el Banco Central pudiera mantener al dólar en calma terminaron por imponerse. El nuevo giro en el programa reafirmó, hasta cierto punto, la potestad argentina del plan económico.

El Gobierno y el Banco Central siempre negaron en público negociaciones puntuales con el Fondo para modificar la política cambiaria, optando, en cambio, por recurrir a un eufemismo: destacar que existe un "diálogo permanente" entre el staff del organismo y el equipo económico de Macri. La presión para alterar el programa -otra vez- había crecido a la par de la volatilidad financiera. No sólo era una queja oficial. Era, también, un reclamo de varios economistas, que también se escuchaba entre inversores y analistas en Wall Street.

El staff del Fondo siempre abogó por un esquema de tipo de cambio flexible, debido, en gran medida, a que en el organismo quieren evitar que sus préstamos se utilicen para enfrentar una eventual fuga de capitales, o para alentar la especulación financiera.

En el Fondo creen que se pierde al intentar torcerle el brazo al mercado en una corrida. De hecho, algo de eso se vio ya en 2018, cuando una parte de los primeros 15.000 millones de dólares que recibió el Banco Central se fueron durante la breve gestión de Luis Caputo, criticada públicamente por Lagarde, antes de que el dólar se fuera a $40. O, antes, con el "muro" de 5000 millones de dólares de Federico Sturzennegger. En octubre último, el informe del staff del Fondo dijo que el Central carecía de "un objetivo claro" para el dólar, y eso provocó "una pérdida excesiva de reservas e hizo poco para abordar las condiciones desordenadas del mercado".

Al final, las necesidades del oficialismo y el riesgo de que la volatilidad financiera fogoneada por la incertidumbre electoral terminara por llevarse puesto todo el programa de estabilización con el Fondo terminaron por imponerse a los manuales del staff. Los cambios se pulieron hasta horas antes del anuncio.

Una vez difundidos los cambios al plan, Cardarelli y David Lipton, número dos del organismo, informaron al Directorio Ejecutivo sobre la "recalibración" de la política cambiaria, algo frecuente cuando se hacen modificaciones en un programa como el argentino.

"La Argentina está enfrentando una situación desafiante en los mercados financieros", dijo Lipton, luego, en un comunicado.

Con su aval, el Fondo también brindó otra señal de flexibilidad y pragmatismo en el manejo del programa más grande de su historia. Pero hubo quienes vieron también un nuevo y contundente respaldo a Macri.

"A esta altura, las manos del Fondo están básicamente atadas", apuntó Monica DeBolle, del Instituto de Economía Internacional Peterson. "Hicieron una fuerte apuesta a la capacidad de Macri para cumplir, y ahora deben seguirla. De lo contrario, serán culpados de haber lanzado a la Argentina a una crisis, independientemente de si esos son los hechos reales", agregó.

DeBolle recordó que el programa argentino siempre tuvo un "motivo político" muy fuerte, aun cuando el staff no lo reconozca, y, por lo tanto, el Fondo no tiene otra opción más que apoyar a Macri. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya había brindado un espaldarazo decisivo para que el Gobierno obtuviera el rescate del organismo el año anterior.

Eventualmente, la nueva política monetaria deberá pasar por un voto formal del Directorio Ejecutivo del FMI, que a principios de abril aprobó un giro por US$10.800 millones, el más alto de este año, y el segundo más elevado de todo el programa. La Carta de Intención que se envió al board, firmada por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, datada el 25 de marzo, reafirmaba el compromiso con el tipo de cambio flotante.

"Seguimos comprometidos con un tipo de cambio flotante, donde el nivel del peso estará determinado por las fuerzas del mercado, sin intervención del Banco Central", indicaba. Esa promesa, hoy, ya quedó en el pasado.

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