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Algo no salió bien

El trágico final del director de cine que pasó a la historia como la última víctima del Titanic

Carlos Manzoni
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17 de mayo de 2019  • 16:31

Herbert Selpin no se ahogó en las frías aguas del Atlántico Norte el 14 de abril de 1912. Ni siquiera estaba a bordo del mayor barco del momento la trágica noche del hundimiento. Sin embargo, pasó a la historia como la última víctima del Titanic , cuando, luego de encumbrarse como el mejor director cinematográfico de Alemania, apareció muerto en la celda en la que había sido confinado por el régimen nazi.

Selpin había nacido el 29 de mayo de 1902, en Berlín , entonces capital del imperio alemán. Aunque poco se sabe de sus orígenes, se supone que pertenecía a una familia acomodada que gozaba de un cierto bienestar en tiempos de lo que se conoció como el II Reich, bajo el gobierno del Kaiser Guillermo II.

Gran lector y curioso por naturaleza, Selpin se convirtió en un hombre polifacético. Después de cursar sus estudios de medicina en la propia Berlín, trabajó como bailarín, boxeador, bibliotecario y vendedor de arte, entre otras cosas, para terminar finalmente volcado por completo a lo que sería su pasión: el cine.

A mediados de los años 20 vivió en Inglaterra, algo que dejaría en él una cierta simpatía pro británica y que le permitiría desarrollarse aún más en la industria cinematográfica. Años después, al regresar a Alemania, fue empleado por la filial europea de la Fox Film Corporation, donde ocupó varios cargos, entre ellos, en 1927, el de asistente dirección del afamado director Walter Ruttmann.

Según Leonardo D'esposito, crítico de cine y autor del libro Todo lo que necesitás saber sobre cine (Ediciones Paidós), más tarde pasó a trabajar para los estudios Excelsior y, finalmente –como todo el mundo a mediados de los años 30 en Alemania–, quedó bajo las órdenes de Joseph Goebbels, el implacable ministro de propaganda de Adolf Hitler, que controlaba a su antojo la Reichsfilmkammer, la oficina estatal del cine.

Dicen quienes lo conocieron que Selpin era espinoso, pero carismático; exigente, pero talentoso. También era ambicioso y oportunista. Pero más allá de eso, era un excelente director, confiable para manejar estrellas rutilantes, como Hans Albers, y grandes presupuestos. "Su estilo se acercaba más al estilo estadounidense que al que querían imponer los nazis, para los que, un poco a regañadientes, tenía que filmar", comenta D´espósito.

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A principios de los años 40, Selpin era considerado el director del momento en su país. Es por eso que Goebbels lo eligió para lo que sería la mayor producción cinematográfica del III Reich: una versión alemana de Titanic, que pasaría a la historia como "El Titanic nazi". El film debería mostrar que toda la culpa del hundimiento lo habían tenido los británicos, que eran ambiciosos y cobardes, y que los únicos que habían actuado con heroísmo en el salvataje habían sido unos alemanes que viajaban en el transatlántico.

Goebbels autorizó un presupuesto de cuatro millones de marcos alemanes (aproximadamente, el equivalente a 180 millones en dólares de hoy), algo que hizo que la película siguiera siendo hasta la década de los 60 el film más caro jamás hecho.

A sus 38 años, Selpin era el director de cine más importante de Alemania , ganaba una fortuna, se daba la gran vida y había sido contratado por el todopoderoso régimen nazi para producir lo que sería la nave insignia de la propaganda nacional socialista en el mundo. El hombre iba por la gloria y estaba tocando el Cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo" que lo arruina todo.

Luego de estar unos días en Berlín para rodar unas escenas en estudio, Selpin volvió al puerto de Gotenhafen (ubicado en lo que hoy es Polonia ), donde había dejado las escenas de exteriores a cargo de su guionista, Walter Zerlett-Olfenius. Apenas llegó vio que el rodaje no había avanzado, porque los oficiales pertenecientes al ejército alemán, que le habían dado para trabajar, se habían dedicado más a la vida nocturna que a la película.

Entonces, lleno de furia, Selpin pronunció las palabras que jamás debió haber dicho: "Yo no puedo dar órdenes a personas que tienen una Cruz de Hierro en el pecho; una condecoración que es más por conquistar mujeres que por sus méritos en el campo de batalla".

En ese mismo momento, se cavó la fosa: Zerlett-Olfenius decidió denunciarlo ante Goebbels y, solo un par de días después, agentes de la Gestapo acudieron al rodaje para llevárselo esposado a Berlín. Tras no conseguir una rectificación por parte del director, Goebbels lo encarceló.

Solo un día después de haber sido puesto tras las rejas, el 1° de agosto de 1942, Selpin apareció ahorcado con sus propios tiradores en la celda. Nunca se supo si fue suicidio o asesinato. Haya sido como haya sido, el afamado director quedó en la historia como "la última víctima del Titanic".

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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