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En busca de coleccionistas argentinos

Pinceladas de buen gusto
Alicia de Arteaga
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23 de enero de 2019  

No hay milagros en un mercado anémico. Desde hace años, demasiados, el récord del arte argentino sigue siendo el Berni que compraron los empresarios Sielecki y Sigman. En la Argentina de hoy, hay más candidatos para la selfie con el artista de turno o para integrar la lista de invitados VIP de las ferias que compradores de arte... hablar de coleccionistas son palabras mayores.

Cuenta la leyenda que Carlos Pedro Blaquier, el mayor coleccionista que dio nuestro país, supo comprar a puertas cerradas la muestra entera del grupo Madi antes de la inauguración. Amor a primera vista y la convicción de que comprar arte no es ni una inversión ni una cuestión mediática. Es una pasión.

arteBA, la mayor feria local, ingresó en el camino sin retorno de "bienalizarse", con curadores en todos los segmentos. Las bienales juegan otro juego y con otros jugadores, son catalizadoras de lo nuevo y plataforma consagratoria. Una feria se monta para vender. Fórmula que conocen muy bien los mandamases de Art Basel, protagonistas de una alianza con Buenos Aires. La sociedad fue muy costosa para las arcas de la ciudad y no movió el amperímetro del mercado local. Los coleccionistas viajaron, pasaron lindos días en un cinco estrellas, disfrutaron de ágapes y comidas exquisitas sin que se registraran compras importantes ni convenios a futuro.

Los artistas argentinos más cotizados viven e hicieron su carrera en el exterior. Ni hablar de Lucio Fontana, que en los catálogos figura como italiano nacido en Rosario. Le Parc triunfó viviendo en París, desde la Bienal de Venecia al Palais de Tokio; Tomás Saraceno llegó a Venecia de la mano del director Daniel Birnbaum, vive en Berlín y expuso en Buenos Aires diecisiete años después de irse del país. Villar Rojas, enviado a la Bienal de Venecia, expuso en el Jardín de la Tullerías, en París, y en la Serpentine de Londres.

Los dos coleccionistas más notorios de la escena local en el cambio de siglo, Ignacio Liprandi y Alberto Sendrós, cambiaron de rol y en lugar de comprar se dedicaron a vender en sus propias galerías o como marchands. El precio del arte argentino, como en todo mercado, está determinado por la ley de la oferta y la demanda. Hay una oferta fabulosa de muy buenos artistas, hay mucha efervescencia y propuestas de nuevos en formatos de exhibición, pero suena muy poco la campana de ventas. Se suma a este mercado anémico la confusión que representa cotizar al mismo precio, o casi, la obra de un artista consagrado y la de una joven promesa.

Mientras tanto, ARCO Madrid distinguirá en su edición 38 al Mali, de Lima, por su programa de adquisiciones, y Brasil sigue liderando el mercado latinoamericano con los artistas más cotizados de la región, varios de ellos "million dollar": Ernesto Neto, Beatriz Milhazes, Vic Muniz, Adriana Varejao y Cildo Meireles. Brasil es lo que no somos. Hablan en reales (no en dólares) y compran arte. La Bienal de San Pablo puso el arte brasileño en el mapa mundial, pero el primer motor del mercado es y ha sido un coleccionismo nacional. No hay mercado externo sin mercado interno. ¡Elemental, Watson!

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