Los motivos por los que el FMI demora el giro de fondos a la Argentina

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
La nueva titular del FMI, Kirstalina Georgieva, recibió al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, pero el organismo aún no decidió el giro de US$5400 millones.
La nueva titular del FMI, Kirstalina Georgieva, recibió al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, pero el organismo aún no decidió el giro de US$5400 millones. Crédito: FMI
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27 de septiembre de 2019  • 13:19

WASHINGTON.- El Gobierno insiste en que cumplió con todo lo pactado con el Fondo Monetario Internacional ( FMI ). El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, llegó a decir incluso que la Argentina "merece" recibir un nuevo giro. Pero por ahora el Fondo mantiene el histórico préstamo por US$ 57.000 millones en el limbo. Las razones aparecen en la letra chica del acuerdo.

El FMI mostró una férrea cautela hacia la Argentina desde las primarias presidenciales. Los mensajes encriptados indicaban que el Fondo no le soltaría la mano al país, pero arrojaban dudas sobre la llegada de plata fresca, al menos en los tiempos habituales de un programa como el argentino.

David Lipton lo dejó más claro que nunca esta semana al ratificar el compromiso del FMI con la Argentina, pero, a la vez, reconocer que la relación "puede que tenga que esperar un rato". Kristalina Georgieva, futura directora del Fondo, reforzó ese respaldo con el apretón de manos con el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, el primer funcionario al que recibió tras ser designada. Y el Fondo prometió moverse "lo más rápido posible", aunque sin dar "tiempos" para girar más dólares.

Los motivos de la demora -que el Fondo niega, al señalar que es normal- está en la letra chica del pacto. El acuerdo stand-by de la Argentina es un programa de "acceso excepcional". Ese rasgo le permitió al país acceder al histórico monto de US$ 57.000 millones. Para prestar esa magnitud, y antes de aprobar cualquier giro, el Fondo debe verificar que se cumplan cuatro criterios, llamados "criterios de acceso excepcional".

El primero es el más sencillo: el país debe enfrentar una crisis económica de tal magnitud que el acceso dentro de los "límites normales" que establece la cuota del país es insuficiente. El segundo criterio es que la deuda sea "sustentable, pero no con una alta probabilidad". Requiere que exista "financiación ajena al Fondo que mejore la sostenibilidad de la deuda y asegure garantías suficientes para los recursos del Fondo", es decir, que el país tenga acceso a los mercados, más allá del Fondo. Hasta las primarias, el Gobierno renovaba Letras del Tesoro. Ese financiamiento se secó. Hoy, la Argentina ya no lo tiene.

El tercer criterio es similar. El staff debe juzgar que el país "tiene perspectivas de obtener o recuperar el acceso a los mercados de capitales privados" en un plazo y en una escala que posibilite devolver el préstamo. Hoy, con el riesgo país deambulando en los 2000 puntos y sin un panorama político claro, ese acceso tampoco está, y nadie sabe a ciencia cierta cuándo se recuperará.

Así y todo, el criterio que parece influir con más fuerza es el cuarto. El staff debe juzgar que el programa ofrece "una perspectiva razonablemente fuerte de éxito". En este punto juega el respaldo político e institucional a la propuesta. Y acá es donde interfiere la "incertidumbre política" que dejaron las primarias, a la que suele hacer referencia el Fondo, y la cual, según indicó el vocero Principal, Gerry Rice, dificulta los avances.

"La situación de Argentina en este momento es extremadamente compleja", afirmó Lipton.

La quinta revisión, de la cual depende el giro de US$ 5400 millones, aún está pendiente. Cada vez que hace una auditoría, el Fondo mira hacia atrás y hacia adelante. Verifica, primero, que el país haya cumplido con las metas pactadas. Es la parte en la que hace hincapié el Gobierno. Pero el Fondo mira también que el programa esté encarrilado, y que lo que se acordó a futuro también tenga perspectivas de cumplirse, y que los criterios de "acceso excepcional" se verifiquen. Dos tercios de los argentinos rechazaron la política económica ungida en el programa, y el candidato favorito para convertirse en el próximo presidente electo, Alberto Fernández, ha dejado en claro que quiere renegociar los términos del acuerdo.

Todo eso parece tener una injerencia mayor que el respaldo político que el Gobierno pueda obtener del G-7, crucial en cualquier decisión que adopta el board del FMI. El apoyo político también tiene límites. Antes de llegar a esa instancia, y de que eso pueda jugar en cualquier decisión, el staff debe elevarle al board un informe sobre la Argentina con un panorama creíble respecto del futuro del país. Eso, hoy, depende de las urnas, y no de reuniones técnicas.

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