Hablando en serio, ¿cuántos mueren de hambre en el país?

Juan Carlos de Pablo
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21 de noviembre de 2019  

La ley 23.056, del 15 de marzo de 1984, creó el Programa Alimentario Nacional (PAN) "para enfrentar la crítica situación de deficiencia alimentaria aguda de la población más vulnerable y de pobreza extrema". El correspondiente decreto reglamentario dispuso que serían beneficiarios del programa las familias, los grupos convivientes o personas físicas que se encontraran en estado de necesidad extrema por carencia alimentaria, que significaran un grave riesgo de enfermar o morir por desnutrición, especialmente para los menores de 6 meses y las mujeres embarazadas.

¿Cuántas personas cumplían requisitos tan exigentes? Pocos miles, muy probablemente. Pues bien, se terminaron distribuyendo cientos de miles, quizá millones, de las llamadas "cajas PAN".

El antecedente, que ilustra de manera dramática la dinámica de "la lógica de la ayuda", debería ser tenido en cuenta por quienes están diseñando la distribución de dos millones de tarjetas para dar ayuda alimentaria.

No estamos en campaña electoral, estamos en período de gestión. De manera que la cuestión no es si Carolina Stanley tiene menos sensibilidad social que Daniel Arroyo, sino de cómo se encarará la solución efectiva de un problema, más allá de la retórica.

Algunas preguntas que, a través de los mecanismos que se pondrán en práctica, tienen que contestar los funcionarios del futuro gobierno.

¿Cuántas personas se están muriendo de hambre? Dos millones parece una exageración.

Nadie se muere de hambre para pagar la factura de la luz, lo que gastó en celular o en comprar alguno de mis libros. Quiere decir que si le regalo alimentos, podrá comprar algo más. Pero si esto es así, la tarjeta alimentaria -por sustitución- financiará otras compras.

¿Tarjeta para comprar determinados alimentos o que se recibirán de manera gratuita? En este último caso, ¿con algún límite físico de compra, o todo un barrio podrá recibir alimentos utilizando una sola tarjeta?

¿Reemplazará otros planes sociales o se agregará a todos los que existen? En otros términos, ¿se busca aumentar la ayuda social o canalizarla mejor, según determinado criterio?

¿Cómo harán las tarjetas para llegar a quienes hoy están pasando hambre? ¿En qué establecimientos la podrán utilizar aquellos beneficiarios que viven lejos de los comercios y los supermercados establecidos?

Podría seguir, pero el punto es claro. Quienes a partir del 10 de diciembre ejerzan altos cargos ejecutivos tienen que pasar de la grandilocuencia a resolver cuestiones operativas. Tarea pedestre, alejada de la exposición pública, pero esencial para solucionar problemas, pero en serio.

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