La trama de negocios de Trump hace difícil predecir sus conflictos de interés

Donald Trump al llegar a la inauguración oficial de su complejo de golf Trump Turnberry en Ayr, Escocia, en junio de este año.
Donald Trump al llegar a la inauguración oficial de su complejo de golf Trump Turnberry en Ayr, Escocia, en junio de este año. Crédito: Jeff J. Mitchell/Getty Images
Jean Eaglesham
Mark Maremont
Lisa Schwartz
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9 de diciembre de 2016  • 03:20

El presidente electo Donald Trump tiene un helicóptero en Escocia. O mejor dicho, tiene un fideicomiso revocable que es dueño del 99% de una compañía de responsabilidad limitada registrada en el estado de Delaware, Estados Unidos, que a su vez posee el 99% de otra compañía de responsabilidad limitada de Delaware que es dueña de una compañía escocesa de responsabilidad limitada que posee otra compañía escocesa que a su vez es la dueña del helicóptero Sikorsky S-76B que lleva la palabra “TRUMP” estampada en letras rojas sobre su fuselaje.

A través de todo su espectro de negocios, Trump utiliza una red similar de compañías de responsabilidad limitada y otras entidades para cobijar sus activos, desde bienes raíces hasta un carrusel antiguo en el Central Park de Manhattan, según el análisis que The Wall Street Journal realizó de cientos de páginas de sus presentaciones corporativas y declaraciones de finanzas personales. Por ejemplo, sus intereses en dos aviones y tres helicópteros son manejados por 15 entidades.

Cerca de la mitad —por lo menos US$304 millones— de los ingresos que Trump reportó en un formulario de información financiera federal a principios de año provino de activos de 96 compañías de responsabilidad limitada diferentes, según el análisis de este diario. Estos activos incluyen un rascacielos en Wall Street en Manhattan y el Mar-a-Lago Club en Palm Beach, Florida.

Las empresas de responsabilidad limitada con sede en Delaware son ampliamente utilizadas para la propiedad de bienes raíces debido a sus ventajas fiscales. Entre otras cosas, permiten transferir costos e ingresos del propietario para compensar otras ganancias o pérdidas, en lugar de que la propia entidad tenga que pagar impuestos.

A diferencia de las empresas que cotizan en bolsa, las compañías de responsabilidad limitada de Delaware no tienen que publicar ninguna información financiera ni revelar la identidad del dueño. Además, lo máximo que un socio de una de estas empresas puede perder si el negocio fracasa es normalmente sólo la suma invertida en ella, a menos que haya una garantía personal.

Ninguna de las 96 compañías de responsabilidad limitada examinadas por The Wall Street Journal parecen publicar regularmente estados financieros auditados. Esta opacidad —a la que se agrega la decisión de Trump de romper con decenios de precedentes al negarse a publicar sus declaraciones de impuestos— hace imposible evaluar el alcance total de los posibles conflictos de interés entre sus actividades empresariales y su rol presidencial.

El alcance y la complejidad de las tenencias de negocios privados de Trump no tienen precedente en la historia presidencial de EE.UU., dijo Norman Eisen, ex abogado de ética de la Casa Blanca bajo el presidente Barack Obama. “Nunca hemos visto algo como esto”, dijo.

No está claro cuánto se beneficiarían los negocios de Trump de su propuesta de reducir las tasas impositivas de las empresas.

Richard Painter, el abogado jefe de ética de la Casa Blanca durante la presidencia de George W. Bush, indicó que la red de compañías de responsabilidad limitada de Trump también podría ocultar préstamos no revelados públicamente. “Puede o no haber mucho más apalancamiento de lo que sabemos”, dijo.

Los colaboradores de Trump no respondieron a múltiples solicitudes de comentarios.

El Boeing 757-200, de 25 años de edad, conocido como “Trump Force One” por su uso frecuente en la campaña presidencial, ofrece un ejemplo de cómo los negocios del magnate están organizados con el fin de generar importantes ahorros de impuestos u otros beneficios.

El avión es propiedad de DJT Operations I LLC, una compañía de responsabilidad limitada propiedad de Trump. Esa firma, a su vez, arrienda el avión a Tag Air Inc., otra entidad de Trump, que es propiedad de otra sociedad de responsabilidad limitada, DJT Operations II LLC, de acuerdo con los registros de la Administración Federal de Aviación.

El arrendamiento de un avión a la misma entidad propietaria puede reducir el impuesto a la venta que debería pagarse de otra manera al comprar el aparato. “Es una estrategia de planificación de impuestos muy común para aviones de propulsión a chorro”, dijo Keith G. Swirsky, abogado de aviación. En muchos estados de EE.UU., los dueños de aeronaves que se las arriendan a sí mismos para evitar pagar el impuesto a las ventas al momento de comprarlas, pero deben pagar la proporción correspondiente a ese impuesto con cada pago mensual de arrendamiento. De esta manera prorratean el pago total del impuesto por una década o más.

Si esto se aplica al 757—que según los registros Trump se arrendó a sí mismo el mismo día de agosto de 2010 en que se lo compró a Paul Allen, el cofundador de Microsoft Corp.— Trump podría haber evitado pagar de una sola vez el impuesto a las ventas de Nueva York, u 8,875% sobre el monto de la operación. Esto se tradujo en un ahorro de US$3,1 millones cuando el avión fue asegurado en 2011 por unos US$35 millones.

En lugar de pagar US$3,1 millones, el impuesto sobre las ventas habría sido de alrededor de US$170.000 al año, calculado sobre el arrendamiento mensual de US$159.506, según indican los registros de la FAA. El estado de Nueva York cambió sus leyes para dejar de cobrar impuestos sobre la venta de la mayoría de aviones corporativos a partir de septiembre de 2015.

El Central Park de Nueva York tiene un carrusel que se remonta a 1908, con caballos de madera tallados a mano y brillantemente pintados que giran al compás de la música de un órgano Calíope. En 2011, Trump firmó un contrato a 10 años para administrar el carrusel. Durante 17 meses hasta mayo pasado, el carrusel generó ingresos por US$702.961 gracias al cobro de entradas de US$3 cada una, de acuerdo con el formulario de declaración financiera que Trump presentó ante la Comisión Electoral Federal.

Los derechos de concesión son de propiedad de Trump Carousel LLC, una compañía de Delaware de la que Trump posee el 99%; el 1% restante es propiedad de Trump Carousel Member Corp., otra compañía de Delaware de la que Trump es a su vez dueño absoluto.

Trump utilizó una estructura similar en 2013 cuando compró una villa de lujo en la isla de St. Martin, en las Antillas Francesas, de acuerdo con su declaración de estado financiero.

Trump obtuvo ingresos de alquiler de entre US$100.001 y US$1 millón por esta propiedad, que está valorada en entre US$25 millones y US$50 millones, según la declaración. La villa pertenece a una entidad llamada Excel Venture I LLC. Excel Venture I, con sede en Delaware, es propiedad en un 99% de Trump; el 1% restante es de Excel Venture I Corp., otra compañía de Delaware, de la que a su vez Trump es propietario en un 100%.

Es imposible medir con precisión la riqueza de Trump. Su declaración financiera no es auditada externamente y para reportar activos o ingresos, siguiendo reglas del gobierno, a menudo utiliza bandas —por ejemplo, “más de US$50 millones”— en lugar de cifras exactas.

Apenas un puñado de los cientos de entidades que figuran en la declaración financiera de Donald Trump publican estados financieros auditados, pero esas cifras no iluminan necesariamente sus finanzas.

—Andrea Fuller contribuyó a este artículo.

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