Las lecciones de Francisco dirigidas a los empresarios

La encíclica instaló el cuidado del medio ambiente en la agenda
José Urtubey
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28 de junio de 2015  

Como empresario argentino no puedo dejar de destacar la importancia de la última encíclica del papa Francisco Laudato si'. Allí, el Santo Padre analiza distintos aspectos de la actual crisis ecológica y sus causas más profundas, y nos convoca a todos a unirnos en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral.

El documento es sumamente oportuno. En noviembre inicia en París una nueva Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y constituye de por sí un eje de análisis y una invitación para que los líderes de los países focalicen esfuerzos para llegar a acuerdos globales sobre la base de metas claras y bajo un criterio de justicia.

Si bien es la primera encíclica dedicada al medio ambiente, importa una continuidad en las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia en distintas encíclicas como Populorum Progressio (Pablo VI), Sollicitudo Rei Socialis (Juan Pablo II), Caritas in veritate (Benedicto XVI) y Lumen Fidei (Francisco I).

Allí hay principios que profundizan el concepto de desarrollo sostenible acuñado en el informe de Brundland de 1987, en donde se lo define como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer las suyas; noción que atraviesa aspectos sociales, económicos y medioambientales.

Es innegable el derecho de los pueblos a desarrollarse, que debe ser integral y solidario. Para eso es necesario implementar modelos que no se aboquen sólo en índices de crecimiento económico, ya que no reflejan, por ejemplo, la distribución del ingreso de la población o la degradación del capital natural.

Como país en vías de desarrollo debemos entender que cuidar el medio ambiente no significa no desarrollarnos, sino hacerlo en términos de sustentabilidad y bajo la premisa del uso responsable de los recursos naturales.

Es dable mencionar la diferencia de desarrollo entre los países, por lo que no se les pueden exigir a todos similares medidas medioambientales con el mismo rigor y condiciones temporales. El camino hacia la sustentabilidad implica un proceso en el que son necesarias la participación y el compromiso de múltiples actores tanto a nivel global, regional, nacional como local.

Por otro lado, quiero destacar el valor que la encíclica le asigna a la actividad empresarial como potencial instrumento de promoción de la región donde se instalan los emprendimientos.

En la Argentina hay que profundizar el trabajo para fomentar las condiciones que permitan pasar del crecimiento al desarrollo sustentable con inclusión. Hay que estimular las inversiones en infraestructura, transporte, diversificar de la matriz energética, terminar con las asimetrías territoriales y generar igualdad de oportunidades y de trabajo en las distintas regiones del país.

El desafío está planteado. Es clave afianzar la visión estratégica de largo plazo a partir de la búsqueda de acuerdos compartidos que se plasmen en acciones concretas que nos permitan avanzar hacia una sociedad más integrada.

Vicepresidente de la UIA

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