Medio millón de preservativos por día
La venta de condones representa en el país una facturación anual de $ 290 millones; lejos de Europa, pero por encima de los países de la región
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En la Argentina se venden 473.425 preservativos por día, lo que a lo largo del año representa un volumen de 172.800.000 unidades y un negocio de $ 290 millones de facturación por las ventas al público en quioscos, farmacias, supermercados y expendedoras en baños, bares y restaurantes. Eso, sin contar los que reparte el Ministerio de Salud de la Nación, que suma otros 50 millones por año.
Para la industria, ese número se expresa en 1.200.000 gruesas (unidad de medida formada por 144 unidades), mientras que el comprador entenderá más si se le habla de 57.600.000 cajas de tres preservativos, la forma usual de pedirlos en el punto de venta. Todavía lejos de estándares europeos o estadounidenses, el país es el mayor consumidor en América latina, donde México, por caso, vende sólo 60 millones de unidades.
Sólo tres empresas se reparten el 99% de un mercado que crece a un ritmo lento, pero constante, del 5% anual desde hace una década, según datos de la industria. Prime tiene un 60%; Tulipán, 24%, y Camaleón, 15 por ciento. Tan sólo el 1% queda en manos de otras marcas, como Jäger (en retirada del negocio local) o Silver, presente solo en Mar del Plata.
Prime es producido por la firma Buhl, que juega a nivel nacional y, además de ser líder en ventas, apunta a un segmento premium. Tulipán es fabricado por Kopelco y tiene como principal plaza a la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. En tanto, Camaleón es elaborado por Laflance y tiene gran predicamento en el interior del país, donde también comercializa la marca Punticrem.
Si bien la facturación total se calcula sobre la base de un precio promedio de $ 5, los valores van desde los 4 que puede costar un Camaleón, hasta los $ 6,50 de un Prime, pasando por los $ 5 del Tulipán. Además, el precio varía según el día y la hora de la compra. “El fin de semana se vende el triple que el resto de los días”, confirma el dueño de un quiosco, en avenida Coronel Díaz al 1900.
No lejos de allí, en un local ubicado en la esquina de avenida Pueyrredón y Peña, el empleado, que rehúsa dar su nombre, acota que también el horario es determinante. “Lo que te sale cinco pesos a las cuatro de la tarde te puede costar siete a las tres de la mañana”, dice.
En cuanto a los compradores, un estudio de TGI (Ibope) para la agencia de medios Mindshare, ilustra sobre sus perfiles. “El 72% son hombres y el 28%, mujeres. La mayor afinidad con el producto la tienen los niveles socioeconómicos medios y altos, en una franja de edad que va desde los 20 hasta los 34 años”, detalla el informe. Y agrega: “La mitad de los hombres solteros de ese nivel económico, menores de 35 años, compró preservativos en el último año”.
La Argentina fabrica, pero a medias: lo que aquí se toma como fabricación es sólo un proceso de agregado de lubricantes y espermicidas, control de calidad y envasado, ya que el bulk, el látex moldeado en forma de preservativo, se importa en su totalidad. “Hasta hace un año llegaba el látex líquido desde Brasil y se hacía todo acá, pero por una cuestión de costos y de calidad de la materia prima se decidió importar directamente el bulk”, dice a La Nacion Marcelo Coto, gerente general de Laflance.
Según Aduana, en 2010 se importó bulk por un valor de $ 13.170.000. Un 90% llega desde Tailandia, Indonesia, Malasia y la India, donde está el látex con la mejor calidad del mundo. El resto es de Brasil. Si bien el árbol del caucho, del que se extrae esta resina, es originario de América, los ingleses lo llevaron a sus colonias tropicales en Asia y optimizaron su producción, hasta lograr una excelencia que perdura en la actualidad.
En la Argentina, las firmas Buhl y Kopelco tienen sus plantas en San Martín, provincia de Buenos Aires, mientras que Laflance, que compró Cidal, la tradicional fábrica puntana de preservativos, guantes para lavar, globos y bombachas de goma, tiene su casa central en Córdoba, desde donde comercializa y distribuye. Las tres empresas tienen similar modelo comercial: sólo proveen a distribuidores y mayoristas, que luego colocan el producto en los distintos puntos finales de venta.
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