
Molinos pone en marcha una planta de harina
Invirtió $ 40 millones y producirá 420.000 toneladas por año; es la fábrica de tratamiento más grande de la Argentina
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Molinos Río de la Plata, a pesar de estar en pleno proceso de venta, sigue invirtiendo. El cierre del histórico molino de Puerto Madero, en el dique 3, generó la necesidad de levantar otro polo farináceo para abastecer de harina a sus marcas y a terceros. Para eso, invirtió $ 40 millones en una planta en Pilar, la más grande del país en su rubro y que ya está en marcha. Su capacidad de producción es de 420.000 toneladas de harina al año y cuenta con un estacionamiento para 220 camiones.
El sector farináceo representa para Molinos alrededor del 20 por ciento de sus ingresos, una cifra cercana a los US$ 150 millones.
"Vemos en los derivados de la harina, consumo de pasta, pizza y la línea de bizcochuelos un crecimiento muy importante. Se pueden hacer ampliaciones en la planta para abarcar además el mercado de galletitas y panificado", dijo a La Nación José Costa, gerente de unidad de negocio harina, de Molinos.
En el rubro de pan lactal, la firma alimentaria más grande de la Argentina anduvo merodeando por Fargo, ahora propiedad del Exxel Group. "La fábrica de panificados es un proyecto en carpeta. No descartamos una alianza con otros", puntualizó Molinos cuenta con 5 plantas más que se dedican al tratamiento de harina de trigo pan y candeal. La ubicada en el parque industrial de Pilar es la más grande del país, con 8000 metros cuadrados de superficie, 20 silos de acopio de trigo, una playa de estacionamiento para 220 camiones y una capacidad de producción de 420.000 toneladas por año. Toda la compañía elabora 550.000 toneladas. Esta cantidad de harina se destina a 2000 clientes (panaderías, casas de pastas, Terrabusi y Bagley, entre otros) y las marcas propias de Molinos.
Las exportaciones se ubican en Brasil, Bolivia, sur de Chile y Paraguay.
Mejor, un inversor estratégico
Jorge Castro Volpe, presidente de Molinos Río de la Plata, prefiere que el comprador de Molinos sea un grupo del sector alimentario para potenciar a la empresa. Es optimista a la hora de quedar en la cabeza de la compañía, a pesar del cambio de manos, y cree que Molinos es una oportunidad única para cualquier inversor del exterior que quiera ingresar en la región.
-¿Cambió algo desde que el grupo Bunge & Born anunció la venta de la compañía?
-No. Molinos es una compañía en marcha. Este proceso no frena nada.
-¿Cómo se imaginó el día después de la venta de Molinos?
-El día después dependerá del nuevo dueño. Soy un eterno optimista al respecto y quisiera quedarme como presidente de esta compañía. Molinos tiene una base de talento humano muy fuerte. Cuando un inversor compra otra empresa debe tener en cuenta los activos físicos, los activos intangibles (sus marcas) y su gente, que es lo más importante.
-¿Qué puede potenciar el comprador de Molinos?
-Si pasamos a ser parte de una organización de alimentos, sacaremos ventaja. Se pueden sumar nuevas líneas de productos del comprador y así mejorar la oferta. No estamos en lácteos, enlatados, galletitas. Nuestra logística es única.
-¿Cree que no sería conveniente ser adquiridos por un fondo de inversión?
-Siento que tenemos más valor para inversores estratégicos, a largo plazo. Tal vez sí para un fondo de mediano plazo, pero no para los del corto plazo.
-¿No cree que con el contexto internacional Molinos tendrá un precio de venta inferior? ¿No hubiese sido mejor vender en 1994 cuando los números de la empresa eran mejores?
-Hubiese sido mejor vender en aquella época, pero el nivel de inversión que conseguimos es único. El que compre Molinos, no tiene que poner un peso en las plantas. Para los fondos de inversión a corto plazo, tal vez bajó nuestro precio y buscarían otro momento para comprar. Pero para los inversores estratégicos es una oportunidad que no se pueden perder.
-¿Por qué nunca despegaron con el nivel de marcas de que disponen?
-Desde hace dos años, el ajuste en el sector alimentario es permanente, con una concentración de poder de comercialización en los supermercados que bajó los márgenes de rentabilidad. En los últimos 5 años tuvimos una ganancia promedio de US$ 27 millones, pero nada podemos hacer contra la gran evasión impositiva del sector. Por suerte, nosotros no perdimos dinero en ningún año. De todas formas, debo reconocer que hoy es el peor momento de rentabilidad comparado con los márgenes del exterior.
-¿Cómo reaccionó la demanda a nivel local ante la crisis bursátil internacional?
-Se comporta fría, como desde hace 18 meses. Nuestro crecimiento ronda entre el 1,5 y el 2% anual cuando el sector alimentario crece el 1 por ciento.






