Ganadores y perdedores en el año de la generación Amazon
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Se fue 2020, el año que nos cambió la vida y canceló para siempre muchos negocios y muchas ilusiones. En el mercado de arte, el precio más alto lo han pagado las galerías, con más de seis meses a puertas cerradas; obligadas a implementar nuevos mecanismos de conexión con el público y ahora con un protocolo necesario y riguroso. El público in situ se achicó. Y todos sabemos que la experiencia presencial sigue siendo intransferible.
Para los analistas la caída de ventas y el parate de operaciones ha sido peor aún que en 2008, cuando el derrumbe de Lehman Brothers provocó una estampida de compradores. La señal más fuerte, todavía presente, es la sensación de incertidumbre. El futuro es un limbo con pocas certezas, no saber aún cuándo termina el estado de riesgo permanente en el que vivimos frena decisiones; posterga compras.
En este panorama, mejor suerte corrieron las grandes casas de remates, caso Christie’s y Sotheby’s, que pudieron capitalizar la experiencia acumulada en ventas online, pero, especialmente, sacaron partido de una cartera de clientes globales, fidelizada durante más de dos siglos con catálogos estupendos y carísimos, que establecieron un modus operandi para elegir y comprar a distancia, sin necesidad de estar en la sala. El cuadro más caro del mundo, Salvator Mundi, de Leonardo da Vinci, fue comprado por teléfono. El gol del año en el mercado de arte internacional resultó el operativo ONE de ventas por streaming, en cuatro ciudades (Hong Kong, París, Londres y Nueva York) montado por Christie’s y timoneado por el franco-argentino André Meyer, arrasando con récords y logrando recaudaciones totales históricas.
Especialmente, y el dato no es menor, en arte contemporáneo. Sentó las bases para lo que viene, (que no será nada fácil), hay una nueva generación de compradores, futuros coleccionistas, acostumbrados a comprar sin moverse del sillón. Generación Amazon. El 32% de los compradores online son millennials (23-38 años); 34% compradores vienen de Asia; 45% de los top prices fueron para obras de artistas vivos, informó Christie’s que registró un volumen de ventas de 4400 millones de dólares.
En medio de esa combinación letal de persianas bajas y cielos cerrados hubo también buenas nuevas en el plano local, como la creación de Rame (Red Argentina Museos) siguiendo el modelo francés de federalizar la escena con la red nacional de museos. Impulsada por Proa, Malba, Bellas Artes y el Moderno acortó distancias y mantuvo la agenda abierta como una necesaria red de contención en la cuarentena "cuareterna". Museos de puertas cerradas con programas a distancia y educación por el arte en alza.
El año del Covid fue de obligado aprendizaje, entrenarse en otros modos de estar cerca (Zoom, Meet, IG etcétera). Plataformas eficientes, pero, por momentos agobiantes. Demasiada oferta en simultáneo. Imposible atender todo. Lo positivo es que este acoso informativo sumó nuevas audiencias, capitalizó el tiempo libre del distanciamiento y profesionalizó los equipos.
Las grandes perdedoras de 2020 han sido las ferias. No va más la seguidilla calendario de una feria por día en algún lugar del planeta, tampoco tiene sentido vanagloriarse de sumar grandes públicos. Menos es más seguro. La cancelación de Art Basel en su tres locaciones (Hong Kong, Basel y Miami Beach) confirmó que el formato feria no resiste una pandemia.
La mudanza obligada a online resultó un paliativo. Las ventas planetarias online crecieron este años más de un 200 por ciento.
En la primera mitad de 2020, las galerías de arte contemporáneo y moderno redujeron las operaciones en un 36 por ciento, dice el informe de Art Economics para UBS. La encuesta entre 795 galerías de 60 países confirma que este segmento fue el más afectado por la pandemia. Los números son graves también para el sector en materia de empleos; porque pueden recuperarse las ventas, pero en la nueva normalidad se habla de estructuras más chicas y de espacios más baratos. El caso argentino es el leading case de lo peor. Pandemia más devaluación formó la tormenta perfecta. El precio lo pagó arteBA con una crisis sin precedente que obligó al cambio de autoridades y a un replanteo de la estructura en el umbral de la celebración de los treinta años.
Buenas y rápidas decisiones más la alianza con Meridiano, asociación de galerías, encarrilaron la feria de Buenos Aires que parecía al borde del abismo. En la realidad local, el tema precios va por cuerda separada. Será resultado de la negociación entre artista, galerista y cliente. Pensar en dólares y ganar en pesos implica un gap complicado de resolver.
A pesar de los números en rojo, 2020 confirmó que el arte es más que nunca objeto de deseo, ha crecido el interés por el arte contemporáneo y en el mercado argentino de los ‘60 sigue siendo un cheque al portador. También hay una franja sub-30 que compra artistas emergentes a precios muy lógicos; en muchos casos en cuotas y con tarjeta asociada a un programa de fidelización.
Según Art Economics, la punta de la pirámide juega otro juego: el 92 por ciento de los grandes compradores adquirió al menos una obra en 2020 y gastó más de 100.000 dólares. Las compras de los museos (como Malba y MoMA) fueron factores dinamizadores del mercado y creció el posicionamiento del arte latinoamericano en las ventas de arte posguerra. Hasta hoy, el panorama de 2021 no cambia demasiado las cosas. ARCO de Madrid corrió la fecha de febrero al verano boreal; Art Dubai aspira a feria presencial en marzo; Art Basel Hong Kong se pospuso para mayo y Art Basel Suiza tiene fecha puesta para el 17 de junio. ArteBA está en tiempos de definiciones. Hace falta algo más que cruzar los dedos para que todo vuelva a ser normal.
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