La receta de US$110.000 millones del gigante indio Reliance para reinventarse
El magnate Mukesh Ambani busca convertir al grupo industrial Reliance en el nuevo líder de la inteligencia artificial en su país, con una apuesta multimillonaria para desarrollar centros de datos
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En los próximos meses, Reliance Industries, un coloso corporativo indio, escindirá Jio Platforms, su brazo de telecomunicaciones, en lo que se perfila como la mayor oferta pública inicial de la historia de su país. La salida a bolsa, que se espera valore a Jio entre US$130.000 millones y US$150.000 millones y recaude alrededor de US$3500 millones, llega después de una década de apuestas gigantescas e intensivas en capital que transformaron a Reliance de una compañía de petróleo y químicos en un imperio empresarial entrelazado con gran parte de la vida cotidiana en India.
Incluso para los estándares de los enormes conglomerados indios, su tamaño es descomunal. Solo el Tata Group, compuesto por una red de 26 empresas cotizantes, vale más. Reliance, valuada en unos US$200.000 millones, opera la refinería de petróleo más grande del mundo, con cerca del 1,5% de la capacidad global de procesamiento. También representa aproximadamente un tercio de la producción de gas natural de India. Jio, en la que mantendrá una participación mayoritaria, es el segundo operador móvil más grande del mundo medido por cantidad de usuarios y también administra la segunda mayor plataforma de streaming. El negocio minorista de Reliance, que abarca desde pequeños almacenes de barrio hasta grandes tiendas de ropa y electrónica, está entre los cinco más grandes del mundo por cantidad de locales y es el mayor de India.
Pero Ambani todavía no terminó. Ya está embarcado en su próxima gran apuesta, esta vez en inteligencia artificial, con enormes inversiones previstas tanto en infraestructura como en software. Mientras tanto, los inversores empiezan a preguntarse qué ocurrirá después de que Ambani, de 69 años, dé un paso al costado. Que logre o no concretar la próxima transformación de Reliance será importante no solo para los accionistas de la compañía, sino también para la economía india.
No sería la primera reinvención de Reliance. Fundada en Mumbai en la década de 1950 por Dhirubhai Ambani, padre de Mukesh, comenzó como una pequeña comercializadora de commodities, primero de especias y luego de hilo de poliéster, antes de abrir una fábrica textil. En las décadas siguientes se expandió hacia petroquímica, refinación y producción de petróleo y gas.
Ambani, que tomó el control en 2002 tras la repentina muerte de su padre, desarrolló su propio método distintivo para entrar en nuevos mercados: gastar agresivamente para construir infraestructura de primer nivel, subsidiar costos para captar clientes y soportar pérdidas mientras los rivales se desgastan. Cuando lanzó Jio en 2016, la industria móvil india estaba fragmentada, con más de diez operadores. Los smartphones todavía no eran masivos, los datos móviles eran caros y la mayoría de los usuarios dependía de servicios de voz. Jio revolucionó el mercado ofreciendo datos gratis durante meses y luego tarifas muy inferiores a las existentes. También sumó televisión en vivo, películas, música y almacenamiento en la nube con poco o ningún costo adicional.
El resultado fue brutal. La firma de análisis Bernstein estima que los precios de los datos móviles en India cayeron un 95% entre 2016 y 2019. Para entonces, la industria se había reducido a tres grandes proveedores y la base de usuarios de Jio había pasado de cero a más de 370 millones. Desde el lanzamiento de Jio, Reliance invirtió más de US$50.000 millones en infraestructura de telecomunicaciones. Hoy controla más del 45% del mercado.
Ambani aplicó una estrategia similar en retail. Aunque el conglomerado comenzó a incursionar en el sector en 2006, el verdadero impulso llegó tras su entrada en telecomunicaciones. Desde marzo de 2017, Reliance gastó más de US$21.000 millones construyendo una red nacional de tiendas y multiplicó por seis la cantidad de locales, superando los 19.000. En 2020 vendió una participación de la división minorista a inversores como General Atlantic y el fondo soberano saudita Public Investment Fund.

Desde 2021 Reliance también viene desarrollando un negocio de energías renovables. En Jamnagar, una ciudad del estado occidental de Gujarat, el grupo construye “gigafábricas” para producir paneles solares, baterías y equipos de hidrógeno verde, entre otros productos. La producción abastecerá un parque solar en una zona árida al norte de Jamnagar que se extiende sobre más de 550.000 acres, unas tres veces el tamaño de Singapur. Reliance ya comprometió inversiones por alrededor de US$10.000 millones en energía limpia. Y eso podría ser solo el comienzo: India sigue necesitando enormes cantidades de energía y continúa dependiendo de combustibles fósiles.
La disposición de Ambani a realizar apuestas intensivas en capital redefinió al grupo. Hace una década, el petróleo, el gas, la refinación y la petroquímica representaban casi toda la ganancia operativa de Reliance; hoy explican menos de la mitad. Las enormes inversiones implican que el retorno sobre capital del grupo sea modesto, inferior al 8% anual durante la última década, bastante por debajo de su costo de capital. Aun así, los inversores fueron indulgentes. Como resume un gestor de fondos, la mayoría prefiere que Ambani reinvierta el efectivo antes que devolverlo a los accionistas.
Inteligencia Ambani
Esa confianza ahora está siendo puesta a prueba con la mayor apuesta de Reliance hasta el momento: la inteligencia artificial. El grupo viene acercándose al sector desde hace algunos años; en septiembre de 2023, por ejemplo, anunció una alianza con Nvidia para desarrollar un modelo de IA entrenado en idiomas indios. El proyecto se aceleró desde agosto pasado, con el lanzamiento de Reliance Intelligence, una filial enfocada en IA. Meta tomó cerca de un tercio de participación en el negocio en diciembre.
En febrero, Reliance anunció que invertirá US$110.000 millones en centros de datos durante los próximos siete años. En Jamnagar ya construye uno que, según afirma, tendrá capacidad de varios gigawatts; 120 megawatts deberían entrar en funcionamiento antes de fin de año.
La ambición de Reliance es hacer que la IA sea barata y accesible para las masas indias, del mismo modo que Jio lo hizo con los datos móviles. Una alianza con Google ofrece a determinados usuarios de Jio 18 meses gratuitos del plan premium de IA del gigante estadounidense. Reliance también espera vender herramientas de IA a empresas indias. Como antes, apuesta primero a la escala y después a las ganancias.
Sin embargo, esta vez podría ser más difícil. Uno de los motivos es el contexto. El aumento de los precios del petróleo provocado por la guerra en Irán representa un problema para los negocios de refinación y petroquímica de Reliance, que dependen de importaciones de combustible y siguen siendo una fuente clave de caja para el grupo.
La pregunta de fondo es si el conglomerado puede convertirse en algo más que un proveedor de infraestructura dentro del negocio de IA. El retail ofrece una advertencia. El grupo tuvo mucho más éxito construyendo rápidamente una red de tiendas que desarrollando aplicaciones de compras capaces de competir con rivales, incluida la pujante industria india de comercio ultrarrápido. El éxito de Jio también descansó principalmente en la capacidad de Reliance para desplegar infraestructura de telecomunicaciones a gran velocidad. (Su negocio de streaming ganó escala gracias a una fusión con Hotstar, previamente propiedad de Disney).
Ambani habla de transformar su conglomerado en una empresa tecnológica. Pero todavía está lejos de eso. Un inversor de venture capital de Bangalore considera que Reliance tendrá dificultades para atraer a los mejores desarrolladores a su proyecto de IA. La estructura jerárquica de gestión que funciona en refinerías, cadenas minoristas y operaciones de telecomunicaciones podría no ser adecuada para actividades que dependen de talento escaso y tolerancia al fracaso.
La preocupación de más largo plazo es qué ocurrirá cuando Ambani se retire. La muerte de su padre derivó en una disputa pública entre Mukesh y su hermano, Anil Ambani, que dividió el imperio en dos. La mitad de Anil —incluyendo una empresa eléctrica, un negocio de servicios financieros y una antigua operadora de telecomunicaciones— tuvo un desempeño decepcionante. Esta vez Mukesh Ambani fue más cuidadoso. En 2023 asignó un área de negocios a cada uno de sus hijos: Akash quedó a cargo de las telecomunicaciones, Isha del retail y Anant de las energías renovables. Sougata Ray, académico del Indian School of Business, sostiene que, aunque existe una estructura clara, la verdadera prueba llegará cuando los hijos tengan que operar de manera independiente, sin la guía de su padre.
A pesar de su tamaño, quienes conocen el grupo aseguran que las grandes decisiones todavía pasan por Ambani. No está claro si sus hijos comparten su capacidad para ejecutar apuestas gigantescas. Ambani también cultivó fuertes vínculos con los políticos indios, un activo fundamental que quizás no se transfiera a la próxima generación. Por ahora, sin embargo, sigue al mando. Y mientras eso continúe, los inversores parecen dispuestos a creer que una apuesta gigantesca más volverá a dar resultado.
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