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La venta digital no arrancaba. En el mercado de 2012 no había grandes ofertas para los snacks naturales, por eso desde Zafrán decidieron replicar el modelo de negocio de una compañía inglesa: los usuarios pagaban una suscripción mensual y les llegaba a sus casas una caja llena de barras de cereal caseras. Pero la Argentina no era Inglaterra. Los usuarios no adherían sus tarjetas, el correo no permitía la distribución de comida y entonces el negocio no iba para ningún lado.
Fue entonces cuando Nito Anello salió un 2 de enero con un changuito lleno de sus productos para ofrecérselo a los kiosqueros. El primero que visitó, a dos cuadras de su casa, les compró. Pero ese primer golpe de suerte fue el único que tuvieron en el día. Hoy, casi 10 años después, la venta digital es su cuarto gran cliente, por detrás de los supermercados Día, Carrefour y Mercado Libre. Tienen proyectado cerrar 2021 con una facturación arriba de los $140 millones y esperan que la cifra escale a $230 millones para 2022.
El negocio nació jugando al fútbol. Charlie Rivero Haedo, nieto del fundador de La Campagnola, conocía muy bien la industria alimenticia. Había trabajado en el negocio familiar hasta que Arcor compró la empresa y, tras haber estado unos años, decidió abrirse camino. Anello había pasado por el supermercadismo, aunque tenía como aspiración tener su propio emprendimiento. Compañeros de fútbol, empezaron a conversar sobre estos temas hasta que el proyecto fue cobrando forma. En 2012 salió al ruedo y tres años después se sumó como socio Diego Salmain.
“En los comienzos, íbamos a los supermercados y medíamos el ticket promedio. Con cuántas bolsas entraba la gente, la facturación media. Tres veces por día entrábamos y comprábamos agua, frutos secos y veíamos el número de tickets para estimar cuánto se podía facturar. Conversábamos con nuestros amigos, que decían que en la oficina no podían consumir nada saludable y nos encontramos que se vendían 9 millones de alfajores por día”, contó Rivero Haedo.

Así es como decidieron poner foco en la elaboración de alimentos nutritivos: pocos ingredientes, sin procesar, sin conservantes, colorante, ni saborizantes. Empezaron con barras de cereales y, a medida que fueron creciendo -la tendencia del comer saludable los fue acompañado-, sumaron cereales, galletitas, granola y otros productos, como garbanzos.
“Hace años que veníamos creciendo fuerte, nuestro objetivo era mejorar el consumo. Pero el perfil de Zafrán es alguien que ya se cuida, que es consciente de qué comer. Ahí nos empezamos a preguntar si realmente estábamos mejorando la alimentación y decidimos focalizar en la obesidad infantil, que es la pandemia que existe desde antes que el coronavirus. Es gravísimo y súper injusto, porque ellos no deciden qué comer. Tres de cada cinco chicos que entran a la primaria tiene obesidad. Por eso lanzamos Zafranito, que es una línea infantil”, añadió Anello.
Para sus creadores, cuando arrancaron con el negocio en 2012 fueron pioneros. Hoy, con una línea de productos orgánicos infantiles, vuelven a hacerlo. “Lamentablemente. Porque nos gustaría que no sea un diferencial, sino el estándar de la industria”, agregaron.
En los comienzos, cocinaban en un departamento de Palermo que habían alquilado. Pero, a medida que el negocio fue creciendo, decidieron buscar una manera de expandirse a través de la tercerización de la producción. Ahí fue cuando se toparon con la Asociación Civil Andar, una organización que busca potenciar el desarrollo de las personas con discapacidad a través del trabajo. “Fui a enseñarles a cocinar los productos y desde 2014 nos metimos en la inclusión laboral”, agregó Anello.
En 2019 también armaron vínculos con Fundación Espartanos, un proyecto que busca la reinserción de los presos en la sociedad a través del rugby y el trabajo. Aunque la apuesta por la inclusión también los llevó a tener conversaciones incómodas. Uno de los debates: ¿se contrata a alguien que mató a otra persona? La solución que encontraron fue ir conversándolo con el resto de los empleados y cómo se sentían al respecto quienes iban a ser sus futuros compañeros de trabajo.
“Para mí trabajar es un tema que tiene que ver con el desarrollo espiritual, busco encontrarme con esas situaciones donde realmente revise mis valores, cambie, mejore. Es una decisión que se apoya desde lo económico, no sé si ganaríamos más plata con personas que no se encuentren en situaciones vulnerables, pero como mínimo tendríamos menos ausentismo. A pesar de eso, para nosotros esta es una inversión que tiene todo el sentido”, argumentó Anello.

En total, hoy la nómina de empleados asciende a 20 personas, conformada por mujeres que vivieron situaciones de violencia de género, madres solteras, personas que salieron de la cárcel y personas con discapacidad. Esto, junto a su propuesta alimenticia y ambiental, le valió ser nombrados una empresa B certificada durante el año pasado.




