Por los vaivenes de la economía y las decisiones de los gobernantes puede que el consumidor, sin saberlo, ponga un político en el tanque
Desde el "rodrigazo" hubo que adaptarse y adaptar vehículos a los cambios brutales de las tarifas
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En 1975 el descomunal aumento de precios y tarifas del rodrigazo hizo soñar a muchos con algún cumbustible sustituto de las naftas que resultara mucho más económico. Más cerca de la fantasía que de la realidad, se ofrecían ingenios y líquidos que supuestamente cumplían con la ilusión de hacer andar los motores por un costo mucho más bajo. Las historias incluían hasta la supuesta eficacia de poner querosén y unas bolitas de naftalina en los tanques.
Para finales de la década del 70 aparecieron temerarios que hacían funcionar autos "gastadores" como los Torino con gas licuado de petróleo, es decir, a garrafa. Estaba prohibido por altamente riesgoso, pero tentaba a los ahorrativos.
En la década del 90 la estrella fue el gasoil. En el inicio de la convertibilidad los bajos precios internacionales de los productos agrícolas no podían ser compensados con una devaluación del peso y por eso se apeló a la reducción de los costos.
Se eliminó en el caso del gasoil el impuesto a la transferencia de los combustibles. Para 1996 los precios y la rentabilidad habían mejorado y no sólo productores y transportistas sino también cientos de miles de particulares con vehículos que incluían los de lujo habían optado por el gasoil. Los taxistas preferían al gasolero que al naftero con gas.
El ministro Roque Fernández gravó la venta de vehículos gasoleros livianos con un tributo que compensara el supuesto subsidio que sólo debía regir para el agro y el transporte de cargas y pasajeros.
Con todo, muchos pagaron el costo y optaron por un combustible entonces mucho más difundido que el GNC.
Los motores más sofisticados no sólo consumían un líquido que valía un tercio del precio de las naftas, además, gastaban menos litros por la misma distancia recorrida.
Pero luego de la crisis, la devaluación , el default y la pesificación el gasoil pasó a tener impuestos y precios finales muy parecidos a los de la nafta.
Hoy es difícil encontrar taxis que funcionen con gasoil. Apremiados por la suba del principal insumo y la imposibilidad de subir las tarifas por la caída de la demanda, quienes tenían unidades a gasoil debieron asumir las pérdidas, venderlas y comprar otras nafteras adaptadas al gas.
Cuando se habla de inseguridad jurídica el saber popular parece asumir inmediatamente que se trata de preocupaciones de ricos, pero en realidad, en este caso, adinerados que compraron un Mercedes Benz turbo Diesel y taxistas que adquirieron un Peugeot 504 gasolero fueron víctimas por igual del cambio de las reglas de juego.
El temor es que con el GNC pase lo mismo. Que necesitados para continuar aumentando el gasto público más de lo que crece el PBI -como está ocurriendo- los funcionarios comiencen a decir que hay "distorsiones" en el mercado de los combustibles.
Un Siena con GNC de fábrica puede recorrer 200 km de ruta, con tramos rápidos de 130 km/h, lentos de 60 km/h, algunas detenciones en tramos urbanos por semáforos, terreno mayormente llano, pero también tramos cortos en subida y con curvas y contracurvas. Según la estación donde se cargue GNC el costo es de entre $ 6,30 y $ 7,20. ¿Cuánto falta para que un funcionario diga que es demasiado ahorro?
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