Qué necesitan los sectores más rezagados para empezar a crecer
Recuperación del poder adquisitivo, financiamiento y baja de impuestos forman parte de los planteos de la industria y el comercio; desde la construcción piden acelerar las obras de infraestructura; los desafíos de fondo, según los economistas
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La economía argentina atraviesa una etapa de transición en la que conviven señales de orden macroeconómico con sectores en crecimiento y otros con dificultades. Empresarios y economistas coinciden en que la baja de la inflación y el superávit fiscal constituyen avances relevantes, pero advierten que todavía no alcanzan para impulsar una recuperación generalizada. Insisten en un escenario en el que la reactivación es desigual y donde diferentes rubros productivos -especialmente los vinculados al mercado interno- continúan rezagados. Las diferentes fuentes consultadas por LA NACION no esperan que reaccionen en el mediano plazo.
Entre los factores que explican este fenómeno, repiten algunos ejes como la caída del poder adquisitivo, la falta de financiamiento, el peso de la presión impositiva, la apreciación cambiaria y el alto costo del crédito (el Banco Nación anunció una línea especial para pymes desde abril). A esto se suma un elemento central como es el cambio en el modelo económico que reconfigura incentivos y obliga a muchos rubros a adaptarse, en un proceso que, según advierten, no está exento de tensiones ni de costos en términos de actividad y empleo.
Las distintas voces coinciden en que la clave hacia adelante será cómo se articula la estabilización macro con políticas que permitan recomponer ingresos, reactivar el crédito y mejorar la competitividad. Sin ese puente, advierten, la economía podría consolidar un esquema de crecimiento a dos velocidades.
Desde la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, su presidente Mario Grinman luce optimista y remarca la multiplicidad de factores en juego: “Son muchos los que inciden. Hay que reconocer que los salarios están bajos en algunos sectores, esa recuperación es necesaria pero del lado de los empleadores no resulta factible acceder a las demandas de mejoras”. En paralelo, valora que el Gobierno “tuvo logros interesantes” en la estabilización macro, como mantener el superávit y la baja de la inflación. “Todavía falta, es cierto -agrega respecto a la reducción de la tasa inflacionaria-. A veces nos impacientamos, pero los países que la bajaron les llevó entre seis y diez años”.
Grinman analiza que el problema es estructural y fiscal. “Hay que reducir la presión tributaria, pero no se puede hacerlo y desfinanciar al Estado. Nación hizo los deberes pero no estamos viendo lo mismo en provincias y municipios, se ven subas de cargas puntuales. Las administraciones tienen que ir bajando los gastos improductivos. Esa baja y los incentivos para la inversión como el RIGI y el RIMI apuntalarán la recuperación. Pero el proceso requiere tiempo”, dice. “Algo está cambiando, hace falta paciencia porque es una transformación cultural. Un problema que tenemos es la ansiedad y en un país con problemas estructurales no se puede resolver todo en el corto plazo”, matiza.
“Antes la rentabilidad pasaba por lo financiero -plantea Grinman-. Hoy es más importante un gerente de producción que uno financiero. Los procesos de cambio empiezan destruyendo lo malo. Si la transformación no se detiene en cuatro o cinco años volveremos a estar entre los primeros países del mundo”.
Para el titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, el panorama es mucho más adverso. Describe una caída del 25% en el sector desde mediados del 2023 al 2024, con 120.000 puestos de trabajo perdidos. “Desde entonces nos estabilizamos en niveles muy bajos”, define. El origen es claro: “Ausencia casi total de inversión en infraestructura nacional y ralentización de la construcción de viviendas por la casi total ausencia de créditos hipotecarios. Los que se entregaron fueron unos 40.000, una cifra totalmente insuficiente”.
Precisa que la obra pública representa 33% del total de la industria. De ese global, la nacional está entre 55% y 60%. En los niveles provinciales y municipales “se siguió invirtiendo pero como recaudan menos, muchos trabajos están ralentizados o paralizadas”. Grafica con provincia de Buenos Aires, “se quedó sin plata; con baja de recaudación no hay disponibilidad de fondos”.

A criterio de Weiss, el escenario hacia adelante tampoco ofrece alivio. “No tenemos expectativa de que cambie; el Gobierno nacional ha dicho hasta el cansancio que no va a intervenir y los bancos no tienen el fondeo necesario para dinamizar las líneas hipotecarias. Este año está planchado”. Relativizó el posible impacto de la ley de Inocencia Fiscal en la construcción de viviendas, “siempre algo se deriva a inmuebles, pero no creemos que ocurra en el volumen necesario, son pequeños ahorristas. Algo ayuda, pero no alcanza”.
Esta semana, el Indec informó que la industria cayó en febrero 8,7% interanual y 4% frente a enero, en tanto que la construcción sufrió un retroceso del 0,7% interanual en el segundo mes del año y del 1,3% contra enero.
Consumo y promociones
En el consumo masivo, el límite es el ingreso de los hogares. El presidente de la Cámara Argentina de Supermercados, Víctor Palpacelli, es directo: “El poder adquisitivo necesita recuperarse para que el consumo vuelva. Además, se necesitan herramientas que lo alienten, beneficios que pueda ver el consumidor y que lo ayuden a que su bolsillo resista”. Por ejemplo, mencionó que los planes de pago -muy usados también en la compra de alimentos- “prácticamente han desaparecido en las tarjetas de crédito, igual que las acciones de los bancos para impulsar compras. Hace un año empezaron a limitarse y quedan muy pocas, que son ínfimas. El consumidor se ha hecho en un especialista en economía financiera para poder llegar a fin de mes y, en ese marco, en buscar promociones”.

También apunta al componente tributario y detalla que, en promedio, 50% del precio de un producto de consumo masivo son impuestos con lo que “cuando se continúen las bajas de las cargas, impactará directamente en lo que la gente paga”. Palpacelli relativiza el efecto de las importaciones en las góndolas: “Ayudaron a bajar precios en algunas categorías pero es muy poca la participación en el total; tienen más presencia en rubros de consumo suntuario”.
La industria textil es una de las más golpeadas por la caída del consumo y el crecimiento de las importaciones. Un informe de EconViews, elaborado con datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), indica que entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 puestos registrados, lo que equivale a 15,1% del global. Datos de la Fundación ProTejer para ese mismo período da cuenta de que cerraron 558 establecimientos (9% del total).
Priscilla Makari, directora ejecutiva de ProTejer, define que el modelo económico actual “genera desincentivos al agregado de valor, lo que no solo afecta al sector textil”. Enumera varios factores, además de la caída del poder adquisitivo, como un “tipo de cambio artificialmente apreciado; tasas de interés reales de las más altas del mundo lo que es un problema para financiar la producción y el consumo; baja de aranceles para importar y no de los impuestos a los que producen en el país”.

En ese contexto, subraya que se requiere una estrategia integral para un repunte, “una reforma coordinada en todos los niveles del Estado que incentive el agregado de valor, eso generará más recaudación y se creará un círculo virtuoso”. También reclama mayores controles sobre el crecimiento de las importaciones (el año pasado, 75% en kilos y 52% en valor interanual, cita). “El mundo desarrollado está cargándole impuestos y controlando lo que viene de afuera, acá ingresan textiles a precios muy bajos en relación al histórico, además de ropa usada que puede generar problemas sanitarios. La participación de China pasó de 50% a 70% en dos años”.
Makari suma también los costos de la logística y del financiamiento. Enfatiza que “cuesta más traer un camión de Catamarca a CABA que un contenedor desde China, a la vez que las tasas de interés, las comisiones bancarias y hasta los alquileres en los shoppings son hasta cuatro veces más altos que en Estados Unidos”.

“El problema de la falta de pesos es que no haya financiamiento a una tasa menor -dice Daniel Rosato, presidente de IpaPymes (Industriales Pymes Argentinos)-. Es inviable tomar crédito con los niveles de tasas que hay. Estamos viendo que crece la cantidad de cheques rechazados y que la cadena de pagos es más prolongada o se corta. Hemos presentado una iniciativa en el Congreso para frenar embargos, para dar más plazo para que las empresas puedan pagar. Debería usarse parte de las colocaciones de bonos para tener una tasa preferencial para la producción”.
Según la consultora Analytica, al analizar el estado de la cartera de crédito de las empresas, la irregularidad en las líneas de documentos y adelantos (las más relevantes), pasó del 0,8% en enero 2025 al 2,7% en enero último. Entre las pymes la mora sube al 4%. Por sector, la industria manufacturera registra una tasa de 3,6% (destacan con 7,7% confección de prendas de vestir; 7,9% fabricantes de muebles y colchones y molinería y curtido de cuero y marroquinería, con ratios de irregularidad del 43,3% y 40,7% respectivamente). Uno de los casos sectoriales más extremos es el de la construcción con 6,1%.
Rosato subraya que, “si no hay medidas que alivien la situación, habrá pymes que pasan a la informalidad, se recaudará cada vez menos. Los trabajadores pierden poder de compra, crece la morosidad. No estamos pidiendo nada que sea inflacionario, sino algo que ayuda a mejorar a un sector clave en la economía”.
Palabra de economistas
Más allá de que el presidente Javier Milei critica a los que apuntan al crecimiento heterogéneo que registra la economía, los especialistas advierten que sectores que son el “corazón” de la actividad son los que más problemas tienen. “El modelo económico actual no es para muchos sectores de un crecimiento dinámico -opina Martín Kalos desde EPyCA Consultores-. Los que perdieron hasta acá pueden esperar una mejora moderada pero el eje para ese grupo es la demanda interna. La clave es que los ingresos de las familias crecen lento y en las encuestas de Indec se refleja que más de la mitad de las industrias y supermercados responden ‘falta demanda’ al consultárseles sobre sus problemas”.

El economista vuelve sobre el tipo de cambio: “Al actual, el mejor negocio para muchos es importar; es un desincentivo a la producción nacional. La expectativa es que seguirá”. Sobre el sistema financiero sostiene que puede que el aumento de la mora “lleve a los bancos a retraerse más que a incrementar el crédito; van a prestarle solo a los mejores clientes. El proceso inverso al que se necesita”.
Para Kalos, se puede hacer una política monetaria “más laxa; hoy hay margen para emitir sin que impacte en más inflación pero sí en más actividad. Mantener el encaje en 50% es un spread muy alto, debería bajar al 20% como es el promedio histórico”. Entiende que el programa económico tiene un problema de enfoque, es “ un ajuste muy duro sin una mirada productiva. Hoy no se sabe bien dónde está el negocio a futuro”.

Hace unos días el Central anunció una baja de encajes desde abril: en cuentas a la vista quedarán en 45% (desde el 50% actual), 31,5% en efectivo y el resto en bonos.
Desde Abeceb, Dante Sica suma una mirada de más largo plazo: “Estamos cambiando de régimen económico, vamos hacia una economía más estable, desregulada y con mayor integración al mundo. Este modelo va a crecer por exportación y recalificación de recursos humanos; cambia la renta intersectorial. El gran desafío como política productiva, no industrial, es que los sectores más abocados al mercado interno y que se han sostenido con anabólicos, se orienten a las nuevas cadenas de valor”.
Califica de “mito” el enunciado de que se va hacia un país para 10 millones de habitantes, pero advierte que, “en una economía sana”, los dos ingredientes clave que necesitan los sectores más rezagados son ingreso y crédito. Sobre el primero, indica que está “en proceso de reacomodamiento, con un mercado laboral altamente fragmentado, en el que los informales ganan 20% menos que los formales”.
Respecto del financiamiento, Sica es terminante: “La Argentina es un país sin sistema financiero; hace dos años representaba 10% del PBI y 70% se lo llevaba el Estado. En el 2025, con el shock negativo, se frenó. De a poco se empieza a recuperarse. El mercado espera señales más concretas de la política monetaria, porque ha cambiado muchas veces. El Gobierno tiene una posibilidad de asumir un mayor costo político en términos de actividad porque no es un año electoral. Hay sectores en los habrá concentración; habrá empresas que desaparezcan, otras que asuman grandes transformaciones. Sin financiamiento todo es más doloroso ya que la velocidad del cambio debe hacerse con riqueza propia o con la caja”.
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