Según The Economist, millones de personas pasarán hambre si el estrecho de Ormuz permanece cerrado
Mientras el foco global se posa sobre el petróleo, otra amenaza silenciosa crece con la guerra: fertilizantes más caros, alimentos en riesgo y economías emergentes expuestas; la Argentina tampoco queda al margen de un conflicto que puede sentirse en la mesa
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En un mundo cada vez más globalizado, las consecuencias de la guerra son de gran alcance y no discriminan a sus víctimas. Especialmente cuando una de las rutas comerciales más importantes del mundo se ve secuestrada.
La mayor parte del debate gira en torno al petróleo. Por supuesto, esto es motivo de gran preocupación: el hecho de que el crudo Brent se cotice a más de US$100 es desastroso para la economía mundial. De hecho, incluso el FMI ha señalado que el escenario más pesimista nos acercaría demasiado a una recesión global. Si bien esto es particularmente significativo, no se pueden descartar los múltiples factores que podrían contribuir a una mayor inseguridad alimentaria a nivel mundial y en la Argentina.
Este fue el argumento esgrimido por The Economist, quien señaló que “los precios de las materias primas están subiendo de nuevo, para consternación no solo de los conductores, sino también de los agricultores, que necesitan fertilizantes para sus campos y diésel para sus tractores. Algunos están sembrando o fertilizando menos, lo que inevitablemente se traducirá en cosechas más escasas a finales de año”. Una visión particularmente realista que podría dar lugar a una eventualidad increíblemente sombría.

De hecho, según el medio británico, el Programa Mundial de Alimentos, una agencia de la ONU, estima que 45 millones de personas más, además de los 300 millones que ya luchan por alimentarse, podrían estar en riesgo si el bloqueo continúa hasta mediados de año. Y si se produce el fenómeno meteorológico de El Niño, un fenómeno que podría causar exceso o falta de lluvias en las zonas más pobres del mundo “como muchos científicos climáticos consideran probable”, esto echará más leña al fuego.
Según Julian Hinz, director del Grupo de Investigación sobre Política Comercial del Instituto de Kiel, un centro de estudios alemán, “la cuestión clave es la reacción en cadena: una crisis energética se convierte rápidamente en una crisis de fertilizantes y, a continuación, en una crisis alimentaria, especialmente en países que dependen de las importaciones en todas las etapas”. Se trata de un argumento clave que nos afecta de cerca: las economías en desarrollo y dependientes del comercio se verán más afectadas que las de los países desarrollados.
Este temor es compartido por los expertos. En una entrevista con LA NACIÓN, Miguel Leon Ledesma, profesor de economía en la Universidad de Exeter y miembro de la Real Sociedad de Economía, subrayó que “si el conflicto es corto, muchas empresas tienen un colchón de inventarios que les permite absorber el choque de precios. Al alargarse, ese colchón se agota”.

Las economías emergentes suelen estar menos diversificadas y su estructura productiva se basa más en sectores que dependen mucho de estos commodities. Al confluir ambas cosas, es probable que economías emergentes sufran más los efectos de la crisis”, concluyó el analista.
El Cono Sur no es una excepción. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió que el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa la Argentina provienen de Oriente Medio, lo que pone de relieve que la Argentina también depende de las importaciones procedentes de esa zona en conflicto.
Cuanto más se prolongue el conflicto, peores y más generalizados serán los efectos, sostuvo el semanario británico. Es decir: “Si el tráfico por el estrecho de Ormuz se ve obstaculizado durante seis meses, Helios AI, un proveedor de datos, calcula que los precios mundiales de los alimentos subirán entre un 12% y un 18% por encima de los niveles previos a la guerra para finales de año”.
El conflicto entre Rusia y Ucrania tuvo un impacto similar en la seguridad alimentaria mundial. Los investigadores sostienen que han muerto más personas como consecuencia de la inseguridad alimentaria provocada por el conflicto que en los campos de batalla de Europa del Este. “A menos que el estrecho se reabra rápidamente y el combustible y los fertilizantes empiecen a fluir, la guerra en Irán podría ser igual de grave, o incluso peor”.







