
Un debate que sigue vigente doscientos años después
En 1815, al terminar las guerras napoleónicas, en el Parlamento inglés tuvo lugar un famoso debate referido a las leyes de granos, como se designaba al conjunto de disposiciones destinadas a obstaculizar la importación de alimentos. ¿Qué se discutió entonces, qué importancia tuvo para la Argentina en ese momento y cuál es su relevancia hoy?
Para responder estos interrogantes entrevisté a Manuel Fernández López (1941-2013), nacido en España, pero que vivió en la Argentina prácticamente toda su vida. Alumno y profesor en la Universidad de Buenos Aires, al decir de Ernesto Gaba, junto a Héctor Luis Diéguez y Miguel Sidrauski integró el trío de ayudantes fundacionales de la economía moderna en la UBA. Fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Buena parte de sus escritos se refieren a la historia del pensamiento económico, general pero particularmente argentina.
-¿A qué se refirió el debate y por qué fue tan importante?
-A sí, para abaratar los costos salariales en términos del precio de los productos industriales, Inglaterra debía importar alimentos para gambetear la ley de los rendimientos marginales decrecientes, posibilitar el crecimiento industrial y retrasar lo más posible la llegada del temido estado estacionario. Dentro del análisis económico, el debate fue famoso porque enfrentó a David Ricardo y a Robert Thomas Malthus, sin afectar su profunda amistad. También como consecuencia del debate, y por insistencia de James Mill, Ricardo escribió Principios de economía política y tributación, una obra que fue publicada en 1817.
-¿Cómo puede ser que gente tan talentosa sostuviera posiciones diferentes?
-En La riqueza de las naciones, Adam Smith explicó que la especialización del trabajo genera beneficios, pero también aumenta los riesgos. Ricardo enfatizó la importancia de los beneficios, Malthus la de los riesgos. Como sabe cualquiera que juega a la ruleta, beneficios y riesgos forman parte indisoluble de cada decisión, punto que enfatizo porque en las épocas buenas la gente ignora o subestima los riesgos, y se acuerda de ellos cuando se produce la crisis.
-El debate ocurrió en 1815, pero las leyes de granos recién fueron derogadas en 1846.
-Porque, además de las ideas, la decisión se basó en otras consideraciones. Por ejemplo, la migración interna de la población inglesa, y la reforma electoral de 1832, que le dio mayor peso a las ciudades, con respecto al campo, en la elección de los integrantes de la Cámara de los Comunes.
-¿Qué impacto tuvo esto en la economía argentina?
-Inicial, ninguno. Ocurre que hasta 1875 la Argentina importaba granos. La transformación que se produjo posteriormente fue tan intensa que a fines del siglo XIX el país se había convertido en "el granero del mundo". Otra vez, riesgos y beneficios. Habernos conectado con la economía inglesa, la locomotora del momento, generó muchos beneficios, pero también hizo que la crisis de la década de 1930 nos afectara fuertemente. El pacto Roca-Runciman de 1933 no se puede analizar en el vacío, puesto que fue la respuesta a las preferencias imperiales, creadas entre los miembros del Commonwealth en 1932.
-¿Qué tiene que ver esto con la realidad?
-Los argentinos esperan que el próximo gobierno desarrolle relaciones más normales con los países del resto del mundo. Al respecto debemos tener en cuenta que nosotros dependemos del mundo, no ellos de nosotros; que, como dije, beneficios y riesgos forman parte de una misma decisión (o sea, no podemos "sojizar" la economía argentina y luego lamentarnos cuando caiga el precio internacional), y que el comercio internacional produce beneficios netos, pero hay ganadores y perdedores y nadie puede esperar que los perdedores acepten pasivamente su nueva situación. Esto último tiene un importante componente geográfico: a fines del siglo XIX Buenos Aires estaba por la apertura económica, el interior del país en contra; hoy el Gran Buenos Aires resiste la apertura, mientras que las economías regionales la apoyan.
-Recordado Manuel, muchas gracias.






