
Un esloveno con experiencia argentina
Educado en la Universidad Nacional de Cuyo, dice que adquirió "una dosis importante de calma para tomar decisiones"
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La historia podía denominarse "De cómo un esloveno criado y educado en la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial, regresó a su país natal tras 52 años de ausencia y se convirtió en un primer ministro efímero y luego en el hombre que condujo a esta pujante nación balcánica a la integración plena con Europa como ministro de Finanzas".
Pero también puede resumirse en el nombre de su protagonista, Andrés Bajuk, nacido en Liubliana en octubre de 1943, cuando en la Argentina se formaba el GOU que llevaría a Perón al poder. Bajuk le dijo a LA NACION que su experiencia en la volátil Argentina le ha permitido tener una dosis importante de calma para tomar decisiones en un país también complejo, aunque pujante.
Luego de la rendición alemana, los Bajuk pasaron tres años en campos de refugiados en Austria hasta que pudieron embarcarse hacia la prometedora Argentina, como fruto del esfuerzo que realizaba un sacerdote esloveno llegado 12 años antes, Juan Hladnik, que gracias a sus contactos con el gobierno peronista pudo abrir las puertas a sus sufridos compatriotas. Como muchos otros eslovenos, apenas pisaron Buenos Aires, lo primero que buscaron los Bajuk fueron las montañas que les recordaran su país de origen.
Sin dudarlo, el primer gobierno peronista los envió a Mendoza en tren para que se sintieran más a gusto. Andrej tenía entonces cinco años y parecía sentirse a gusto con su nueva tierra. Allí cursó la escuela primaria, la secundaria, y en 1964 se graduó como economista en la Universidad Nacional de Cuyo. Ambicioso, decidió realizar un doctorado en la Universidad de Berkeley, California, aunque con el deseo de retornar como profesor universitario a su país adoptivo, al que llegó en una época crítica: fines de abril de 1973, cuando el "Tío", Héctor Cámpora, era elegido como el hombre que conduciría al país por pocos meses, hasta la llegada tardía y trágica de Perón a su última presidencia. Mendoza no escapaba a la violencia general del país y en 1975, poco después de que Antonio Cafiero asumió la intervención de la provincia con los denominados "jóvenes turcos" a los que Bajuk conocía muy bien, este esloveno-argentino partió por 18 meses con una beca para trabajar en el Banco Mundial (BM) en Washington.
Viaje a Washington
Cuando se vencía su contrato, la dictadura se instaló y Bajuk recibió la noticia de que había sido cesanteado en la Universidad de Cuyo; desesperado porque tenía una familia con tres hijos y pocas perspectivas laborales, comenzó a buscar trabajo en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde pasó de economista encargado de proyectos industriales en 1977 a jefe de gabinete de la presidencia que ocupó Enrique Iglesias 12 años más tarde.
Bajuk conocía cada rincón del BID y se sentía muy a gusto en Washington, pero una sensación interna lo movía a volver a su lugar de origen. Así, en 1994 fue nombrado representante especial en la Delegación Europea del BID en París, donde comenzó a tejer relaciones políticas con Eslovenia, que en 1989 se había independizado con Croacia de la Yugoslavia dominada por el sanguinario régimen de Slobodan Milosevic.
En el 2000, mientras en la Argentina la esperanza del gobierno de la Alianza comenzaba a esfumarse, Bajuk retornó finalmente a su tierra.
El 8 de abril se produjo la dimisión del gobierno de coalición presidido desde 1992 por Janez Drnovsek, del partido Democracia Liberal de Eslovenia, y el Parlamento ungió a Bajuk al frente de un gobierno de transición liderado por el Partido Popular Esloveno. Sin embargo, ocho meses más tarde, este sector perdía las elecciones y el esloveno-argentino pasaba a un cargo de legislador por la oposición.
Cuando parecía terminada su carrera política, en 2004 fue designado ministro de Finanzas por un nuevo gobierno, con la "brasa" de tener que ordenar la economía para que ingresara dos años después al área del euro. Ese objetivo deberá concretarse en junio de este año y hacia allí se dirige el hombre que jamás perdió su tonada mendocina.





