Un nuevo episodio de “enfermedad holandesa” en 2026
Como en Holanda, en la Argentina el récord de producción primaria y el boom energético generan beneficios y problemas
6 minutos de lectura'


En algún momento de la década de 1960, los holandeses descubrieron yacimientos de gas natural, para ellos un producto exportable. El descubrimiento aumentó la oferta de dólares, redujo el poder adquisitivo interno del tipo de cambio y, por consiguiente, comprometió la producción y venta de otros productos locales dedicados a la exportación o que competían con las importaciones. La literatura especializada denomina a este efecto “enfermedad holandesa”. La cosecha récord y las exportaciones de productos energéticos y mineros sugieren que algo parecido puede estar ocurriendo en la Argentina en 2026. ¿Cuáles son las consecuencias y qué se puede hacer al respecto?
Sobre el particular, conversé con el irlandés James Peter Neary (1950 - 2021), quien estudió en el University College de Dublin, y en la universidad de Oxford; enseñó en el Trinity College, también de Dublin, y en las dos instituciones en las que había estudiado. Me interesó conversar con él por la monografía que en 1982 publicó en colaboración con Warner Max Corden, titulada “Expansión sectorial y desindustrialización en una pequeña economía abierta”.
– Holanda no es el único ejemplo de haber sufrido la enfermedad.
– En el caso de los recursos naturales, también cabe mencionar el petróleo en Arabia Saudita, Canadá, Inglaterra, México y Noruega, el oro en Australia y el cobre en Chile; en el resto de los bienes, el turismo en varios países europeos. Además de la soja y los productos energéticos y mineros en la Argentina.
– ¿Cuál es la esencia del problema?
– Un fuerte aumento en la oferta de algún producto o conjunto de productos exportables, así como un fuerte aumento en la demanda de algún producto o conjunto de productos exportables, consecuencia de un cambio en los gustos o un sustancial aumento de las compras del resto del mundo. Ello disminuye el tipo de cambio real, complicándoles la vida a los productores del resto de los productos exportables y también a quienes elaboran productos importables. El término fue utilizado por primera vez en 1977 en The Economist.
– ¿Qué le ocurre a la producción y a los ingresos del sector manufacturero si de repente se produce un boom en el sector energético?
– Aparecen el efecto movimiento de recursos y el efecto gasto. Según el primero, cuando mejora sustancialmente la rentabilidad del sector energético, todos los recursos productivos que se pueden desplazar abandonan la manufactura y se pasan al sector energético, generando un efecto de desindustrialización directo. Según el segundo, el referido boom aumenta los gastos del sector energético, parte de los cuales se realizan dentro del país -ejemplo: aumenta la demanda de peluquería-, elevando el respectivo precio y por consiguiente también afectando la manufactura, lo cual genera un efecto de desindustrialización indirecto.
– ¿Por qué debería preocupar la enfermedad holandesa?
– Porque compromete buena parte de la producción local frente a la extranjera, metiéndole presión a la eliminación del denominado “costo argentino”. Fácil de recomendar pero nada sencillo de implementar, porque no sólo depende del gobierno nacional, sino también de los subnacionales, gremios, jueces...
– La recuperación de la credibilidad, en la acción de un gobierno, así como el sistema de coparticipación de impuestos también generan enfermedades holandesas. El origen es diferente, pero las consecuencias son similares.
– Vamos por partes. La Argentina es el reino de la exageración. Pasar de la total falta de credibilidad a una parcial recuperación de la misma explica la reversión de la dirección de los movimientos financieros, el aumento de las reservas del Banco Central y la caída del riesgo país. La credibilidad es un fenómeno real, por oposición a financiero, y que por consiguiente no se soluciona con saltos del tipo de cambio, ni qué hablar de esperar que el actual gobierno afloje en materia fiscal.
– Se habla de inflación en dólares, atraso cambiario...
– Terminología que probablemente no ayude a entender lo que está ocurriendo. Atraso alude a desequilibrio, venta de reservas del Banco Central; inflación en dólares es un concepto que está más cerca de la aritmética que de la economía. Podría hablarse del “nuevo equilibrio del tipo de cambio”, sabiendo que hay que tomarlo con pinzas, por la facilidad con la cual los movimientos de capitales financieros cambian de dirección.
– Dentro de los países también existe un fenómeno de enfermedad holandesa, derivada del régimen de coparticipación de impuestos.
– Enfatizado en 2009 por Marcelo José Capello, Alberto José Figueras, Néstor Clever Grion y Pedro Esteban Moncarz. La idea es contundente: tanto el régimen de coparticipación de impuestos, entre el Estado Nacional y las provincias, como las transferencias discrecionales, cuando no arbitrarias, permiten que los estados provinciales abonen salarios públicos que hacen inviable el desarrollo de actividades privadas. Ajustado por esfuerzo y condiciones laborales, la diferencia se acrecienta. Según esta perspectiva, no es que las provincias tienen que generar empleo público, ante la ausencia de la iniciativa privada, sino que esta última no se puede desarrollar porque no puede competir con el empleo público financiado con el referido sistema.
– Los afectados por cualquier variante de la enfermedad holandesa hablan de “maldiciones”. Por ejemplo, la maldición de la pampa húmeda.
– El argumento equivale a protestar porque los inteligentes les complican la vida a los burros, y los lindos le reducen la chance de conseguir pareja a los feos. ¿Se hablará en Arabia Saudita de la “maldición del petróleo”? Pregunto, porque seguramente que su descubrimiento les arruinó la vida a muchos artesanos.
– ¿Cuál de estas variantes se está tornando particularmente relevante en 2026?
– La primera. Un respetable análisis profesional pronostica que en 2026 el superávit comercial podría “triplicarse”, con respecto a los US$11.000 millones de 2025. Por un salto exportador y porque, contrariamente a muchos pronósticos, las importaciones de mercaderías no aumentan.
– ¿Qué debería hacer cada uno de los afectados, y el Estado, a raíz de esta versión de la enfermedad holandesa?
– Atacar el problema en las fuentes. Soñar con un dólar de $1600 es eso, soñar. La transformación productiva que genera una enfermedad holandesa tiene algún componente inevitable, que en la Argentina se suma a todas las dispuestas por la política económica local; pero esto quiere decir aumentar la presión para remover todo aquello que afecta el costo argentino, en particular ajustes en el gasto público subnacional, única forma de lograr la disminución de las alícuotas de los impuestos provinciales y las tasas municipales.
– Don James, muchas gracias.
1H&M se acerca a la Argentina
2Medida: el Banco Central eliminó una penalización al crédito para productores con acopio de granos
- 3
Giro: la Justicia tomó una contundente decisión en la causa del influencer que denunció la desaparición de vacas
4Exportaciones: temen que se cierren mercados en ovinos y subproductos cárnicos por una enfermedad que investiga el Senasa




