
Un personaje particular detrás del caso Aquino
Luis Nacucchio, abogado del reclamante contra la ley de ART
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Cuando los fallos de la Corte Suprema se dan a conocer, generalmente suelen quedar relegados detrás de las consecuencias jurídicas y de los postulados doctrinales, las partes litigantes y los abogados que la llevaron adelante y que, como en este caso, llevan varios años acumulando fojas en oficinas judiciales.
Esta vez el fallo esconde un personaje curioso: Luis "Chango" Nacucchio, un abogado de 48 años que, lejos de ser conocido por haber logrado que Isacio Aquino cobre una importante indemnización por accidente de trabajo, ha trascendido por sus hobbies que nada tienen que ver con el derecho.
"Me dedico al derecho de responsabilidad", se autodefine Nacucchio, aunque entre sus colegas se lo conoce por estar consagrado a causas que la mayoría de los abogados considera perdidas. Amante de las travesías a caballo, fiel defensor de las tradiciones, su vida cambió desde que conoció un pueblo que se estaba marchitando: Uribelarrea, un poblado del partido de Cañuelas ubicado a escasos cincuenta minutos de la Capital.
Amante del Dante, admirador y conocedor de la Divina Comedia, a este abogado de a caballo quizás uno de sus versos lo motivó para las tareas difíciles. "Uno de los círculos del infierno es la mediocridad; pero no como falta de brillantez intelectual, sino como una falta de pasión para hacer las cosas", cuenta Nacucchio que una vez le escuchó decir a un amigo parafraseando al Dante.
Quizá esta máxima lo impulsó a luchar por las causas que a priori parecen perdidas.
Respecto del fallo de la Corte, Nacucchio prefiere rescatar a su cliente y por sobre la importante jurisprudencia que sentó la Corte. "Acá lo que importa es que Aquino perdió una mano y desde el accidente, vive de la caridad pública. Ahora va a poder tener una reparación como la merecía", se apresura a decir.
No cree que las consecuencias del fallo puedan derivar en una quiebra de las pymes y en un aumento de los costos laborales. "Este fallo no va a hacer otra cosa más que mejorar el sistema", comenta. Según sus dichos, los trabajadores no fueron debidamente defendidos por los sindicatos.
Defender a los trabajadores
"No sólo que no los defendieron de esta ley, sino que los sindicatos terminaron formando sus propias ART (aseguradoras de riesgos de trabajo)", concluye. Finalmente, como hombre de ilusiones fuertes confía en que "el resultado final va a ser que los empleadores van a tener que cuidar a sus trabajadores, ya sea por convicción o por temor".
Pero más allá de esa suerte de disfraz de abogado, que incluye estricto saco y corbata, su barba rubia y sus bigotes bajos, que no logran esconder su sonrisa, pero por sobre todo su tonada, invitan a preguntarle que hay detrás del mundo del derecho.
"Uribelarrea", contesta sin dudar. "Un pueblo de 900 habitantes del que me enamoré cuando llegué a caballo en el año 1978", se entusiasma Nacucchio, que se propuso "sacar del olvido y hacer que sus habitantes vuelvan a tener orgullo del pueblo".
Cuenta que en 1982 compró su primer chacra en la zona. Ahora es dueño de "tres o cuatro casas" además de tener Macedonio, un lugar al que cuesta definir, pero que atrae sólo por el relato de Nacucchio. "Es un lugar de comidas autóctonas, donde trabajan jóvenes del pueblo, con muebles que son todos de principios de siglo", lo define.
Dice que quiere rescatar las imágenes del país de principios de siglo y se apresura a contestar ante una pregunta de LA NACION que con Uribelarrea no gana plata, sino que "es una fuente de riqueza espiritual".
Entre versos del Dante y recuerdos de la pampa grande, Luis Nacucchio abrió el debate menos pensado: el futuro del derecho procesal.






