Vivir con lo nuestro, ¿es una opción o una necesidad?

Juan Carlos de Pablo
Fuente: LA NACION
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29 de septiembre de 2019  

La historia de la deuda externa de la Argentina es la historia de las oportunidades para endeudarse por parte del gobierno de turno. Durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón, la deuda externa no aumentó, porque nadie le prestaba. Las limitaciones constitucionales a aumentar el endeudamiento público generan sonrisas, o terror, por parte de quienes sospechan de otros móviles detrás de la propuesta de reforma constitucional. Porque aquí y ahora la cuestión es qué tendrá que hacer el próximo gobierno, sin financiamiento voluntario ni ulteriores aportes del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Al respecto, conversé con el argentino Aldo Ferrer (1927-2016), de gran trayectoria en la función pública y en el ámbito de las ideas. En el primer plano fue consejero económico de la embajada argentina en Londres; entre 1958 y 1960 fue ministro de economía de la provincia de Buenos Aires; entre 1970 y 1971, ministro de Obras y Servicios Públicos y de Economía de la Nación; entre 1983 y 1987 presidió el Banco de la Provincia de Buenos Aires, y entre 1999 y 2001 estuvo a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Además, fue vicepresidente de Enarsa y entre 2011 y 2013, embajador argentino en Francia.

En el plano de las ideas, en tanto, fue uno de los miembros fundadores de la Asociación Argentina de Economía Política. Y jugó roles protagónicos en el Instituto para el Desarrollo Económico y Social, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y el Plan Fénix. Fue biografiado por Marcelo Rougier.

-Integro la legión de argentinos que se familiarizó con la realidad económica de nuestro país leyendo La economía argentina, que publicaste en 1963. Obra que reeditaste muchas veces a lo largo de décadas. Al respecto, te cuento que estuve presente cuando, en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que entonces funcionaba en la Manzana de las Luces, presentaron tu libro nada menos que Tulio Halperin Donghi, José Luis Romero y Javier Villanueva. Todo un acontecimiento, que viví como estudiante, es decir, más impactado por el evento que entendiendo lo que se dijo.

-[Risas]. Pero supongo que después habrás leído la obra.

-Varias veces, concordando o discrepando, como corresponde. Además, en 1979 participaste del conjunto de entrevistas que les realicé a ex ministros de economía, que hace poco reimprimió la editorial del Consejo Profesional de Ciencias Económicas. Sintetizá lo que dijiste entonces.

-Uno de los puntos que enfaticé mucho durante mi gestión fue la política de argentinización, lo cual significaba la pretensión de que los intereses locales tuvieran un peso preponderante en las industrias de base. "Queremos argentinizar el crecimiento", afirmé. No teníamos ningún interés de estatizar nada. La política que se lanzó en aquel momento estaba muy de moda en América Latina. Fue la misma época de la Resolución 24 del Grupo Andino. En gran parte de América Latina había un planteo, no de hostilidad al capital extranjero, pero sí de replanteo de relaciones con dicho capital.

-Pero a propósito de lo que hoy se está planteando en la Argentina, quiero conversar sobre otro libro tuyo, Vivir con lo nuestro , cuya primera versión se publicó en 1983. Obra más citada de manera peyorativa que por ser leída. ¿Cuál es la tesis central que desarrollaste en esas 150 páginas?

-La actual insolvencia internacional de la Argentina confronta al país con este dilema: ¿cómo conducirse para afirmar la soberanía, vale decir, el derecho de decidir su propio destino? La respuesta está en vivir con lo nuestro; esto es, mientras dure la emergencia, apoyarse en los recursos propios para revolver la crisis, poner en marcha la economía y recuperar la viabilidad internacional. La defensa de la soberanía requiere, antes que nada, poner la casa en orden. El acuerdo económico y social es inviable si no se restablece el orden. En la fase de superación de la crisis hay que vivir "al contado", arreglarse con la capacidad de pagos externos generada por las exportaciones. Podrá hacerlo siempre y cuando persiga una estricta política selectiva de importaciones. Dado el desequilibrio existente en el sector público, la reactivación de la demanda depende del aumento del gasto privado y del comercio exterior.

-Esto lo dijiste hace más de tres décadas. ¿Sigue vigente?

-Contestá vos y todos los economistas que hoy se ocupan de la realidad. Todo estudio empírico requiere actualización. A propósito: se cumplen 70 años de la publicación de El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas, escrito por Raúl Prebisch. Valioso escrito que para inspirar políticas públicas también requiere su correspondiente actualización.

-Perfecto. Permitime reagrupar tus afirmaciones, buscando consensos sin forzar la conversación. Rescato, primero y principal, la idea de poner "la casa en orden", como prerrequisito de todo lo demás. Junto a ubicar las fuentes de crecimiento en el sector privado. Todo lo cual tiene claras implicancias.

-En efecto. El próximo gobierno verá limitada su posibilidad de endeudamiento no porque lo establezca la legislación, sino porque los mercados financieros internacionales difícilmente se reabran, y al FMI no se le puede volver a pedir otros US$50.000 millones. En cuanto a las implicancias, esto lo tienen que tener en claro los economistas próximos a los candidatos, porque nuevamente en la Argentina las circunstancias tienen más importancia que la ideología.

-Reflejo de tu personalidad, que en lo que voy a decir es muy parecida a la mía, vos planteás que la política económica de un gobierno no se puede limitar a hacer un ajuste.

-Así es. Cuando pensé en Vivir con lo nuestro, no imaginé un planteo de estancamiento económico, sino uno donde poner la casa en orden complementa que se pongan en funcionamiento los motores de crecimiento. Por mis peleas con los liberales en ciertos círculos tengo fama de hiperintervencionista, lo cual es cuanto menos una exageración. Lo que digo es que hay que elaborar un programa económico que primero y principal entusiasme a los argentinos, y luego a los mercados financieros internacionales, al FMI, etc. El caballo tiene que estar delante del carro.

-¿Cómo se logra esto, aquí y ahora?

-Insisto, que respondan los economistas que hoy están al pie del cañón, particularmente aquellos que están cerca de los candidatos presidenciales. Con diagnósticos actualizados, con propuestas específicas, etcétera, que resulten creíbles, las nuevas autoridades tienen que "venderles" el programa económico a la población, a los dirigentes políticos, sindicales, empresarios, etc., y también a la comunidad financiera internacional. El horno no está para bollos para que nos enredemos en debates menores.

-Recordado Aldo, muchas gracias.

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